Lo que siempre soñé (Destino 3) CAPÍTULO 27 MÍA
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CAPÍTULO 27 MÍA

No hay arriba ni abajo. No hay frío ni calor.

Lo primero de lo que soy consciente es de que no tengo cuerpo.

Intento mover una mano, un dedo, cambiar de postura...

pero es como si mi mente estuviera flotando en un océano de alquitrán, completamente separada de mis músculos.

No siento nada, absolutamente nada. No hay dolor, hay vacío, y eso me resulta aún más terrorífico.

Todo es una negrura absoluta. No veo nada, no hay luz, no hay formas. Solo una oscuridad densa que me traga por completo. ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo despertar?

De repente, mi cerebro empieza a emitir ráfagas a trompicones. No son recuerdos ordenados; son flashes inconexos que estallan con violencia detrás de mis párpados invisibles y desaparecen antes de que pueda comprenderlos:

“El brillo de un arma bajo una bombilla sucia”

“Un pañuelo en mi boca”

“El sabor metálico y caliente de la sangre saliendo de mi boca”

“El estruendo de un disparo”

“Una sombra delante de mí”

Los fragmentos giran a mi alrededor como cristales rotos. Intento unirlos, desesperada por reconstruir el mapa de lo que ha pasado, pero mi mente está demasiado nublada.

Y entonces, en mitad de este limbo, la angustia se concentra en dos nombres que me queman el alma. James. Cloe.

Mi hija. Mi bebé. Intento buscarla, intento desesperadamente llevarme las manos al vientre para protegerla, para sentir sus pataditas y asegurarme de que su corazón sigue latiendo, pero sigo atrapada en esta parálisis. El pánico me golpea. ¿Sigue ahí?

¿Y James? ¿Dónde está el hombre que me prometió que no podría vivir sin mí?

Necesito su voz, necesito que me saque de este pozo tenebroso.

No sé si está al otro lado de esta negrura, si está herido, si está llorando por mí...

o si el monstruo nos lo arrebató todo. No saber si las dos personas que le dan sentido a mi universo están a salvo me está destrozando por dentro.

¿Esto es real? ¿Estoy pensando esto de verdad o son solo los retazos de una imaginación moribunda?

Lo único que sé es que no puedo distinguir la línea entre la realidad y la ficción de mi cabeza.

No sé si estos pensamientos son reales o simplemente el fruto de mi imaginación intentando luchar contra la muerte.

Quiero gritar, quiero romper esta barrera de silencio absoluto y abrir los ojos, pero la resistencia es inútil.

Una marea pesada, un peso artificial y aplastante comienza a arrastrarme de nuevo hacia el fondo del abismo.

Intento aferrarme al recuerdo del brillo en los ojos de James, a la promesa de ver el pelo de mi niña...

pero las fuerzas se me agotan. El sueño me puede, venciéndome sin piedad, y me hundo otra vez en la nada más profunda, sin saber si alguna vez volveré a abrir los ojos.