CAPÍTULO 21 MÍA
Ese fin de semana era especial. A pesar de mi reposo y de los sustos con la tensión, necesitaba ver a mi “familia elegida”.
James, que se había convertido en el anfitrión perfecto, organizó todo para que cenáramos en casa.
Liam, Eric, Enzo, Cami y Adri vendrían a llenar nuestro salón de vida y, sobre todo, de ese ruido que tanto echaba de menos.
Cami, Adri y Liam llegaron los primeros.
Nos sentamos en el sofá, con mi panza presidiendo la reunión, mientras James iba y venía de la cocina sacando todos esos tentempiés que habíamos preparado con tanto mimo por la tarde.
El ambiente era relajado, pero Cami tenía una luz distinta en los ojos.
De repente, se puso seria y nos miró a Liam, Adri y a mí.
—Os quiero contar quién es la persona a la que estoy conociendo —dijo con un hilo de voz—. Parece que vamos en serio y no quiero ocultároslo más.
Yo ya tenía la frase de “¡Lo sabía!” en la punta de la lengua. En mi mente, el nombre de Joselu estaba escrito en letras de neón. Estaba a punto de celebrar mi victoria cuando mi amiga soltó la bomba:
—Eric.
En ese preciso instante, el timbre de la puerta sonó, pero mi cerebro se quedó congelado. No podía reaccionar. ¿Eric? ¿Cómo que Eric?
—¿Cómo? —gritó Liam.
—¡No puede ser! —exclamé, saliendo del shock—. ¿No es a Joselu al que estabas conociendo?
—¿Qué? ¡No! —respondió Cami, igual de confundida que yo.
En ese momento, James entró en el salón seguido de Eric y Enzo.
Mi mirada se clavó en Eric como un dardo envenenado.
Todo el estrés acumulado del embarazo, las hormonas y mi instinto de protección por Cami estallaron en un segundo.
Sin pensarlo, me levanté, alargué la mano, cogí un vaso de agua lleno de la mesa y se lo estampé directamente en la cara a Eric.
—¡¿Cómo te atreves?! —grité.
—¡¿Pero qué he hecho?! —balbuceó Eric, chorreando agua por el pelo y la ropa.
—¿Estás engañando a mi amiga? —le recriminé señalándolo—. ¡No voy a permitir que juegues con ella!
—¿De qué hablas, Mía? —preguntó Eric, totalmente descolocado.
—¡Mía, para! —gritó Cami, poniéndose en medio.
—¡Me acabas de decir que estáis juntos! —le solté a ella sin apartar la vista del “culpable”—. ¡Pero Eric está saliendo con una tal Susana! No voy a permitir que te engañe, ¿entiendes?
Se hizo un silencio sepulcral. Eric se limpió la cara con la mano, suspirando.
—Lo sé... ya me ha quedado claro con este baño de agua —dijo Eric, mirándome con una mezcla de fastidio y resignación.
—Mía, tranquilízate —repitió Adri, que hasta ese momento también estaba en guardia—. Ya me encargo yo de rematar a este tipo...
—¡Chicas, parad! —gritó Cami, desesperada—. Susana soy yo.
Me quedé con la boca abierta. El brazo que todavía señalaba a Eric se me cayó al costado. ¿Susana?
—Usamos ese nombre para hablar de nosotros sin que supierais quién era —explicó Cami avergonzada—. No quisimos decir nada por si no funcionaba; no queríamos crear mal ambiente en el grupo si lo nuestro salía mal.
James, que había asistido al espectáculo desde la puerta con una mezcla de horror y diversión, dio un paso adelante.
—¿Y ha funcionado? —preguntó con esa voz pausada suya.
Eric no respondió con palabras. Se acercó a Camila despacio, con ese aire seductor que le sobra, la agarró firmemente de la cintura y la atrajo hacia él.
—A las mil maravillas —sentenció, y le estampó un beso de película delante de todos nosotros.
Todos respiramos aliviados. Yo sentía que me ardían las mejillas de la vergüenza.
—Perdóname, Eric... de verdad —murmuré, volviendo a sentarme en el sofá porque las piernas me temblaban.
—Tranquila, fiera —rio él, quitándose la americana empapada—. Ya sé que nos proteges a todos. Eres como nuestra “mamá loba”, siempre con los colmillos fuera.
—Vale, yo le doy una toalla para que se seque y tú, James, tráele una camisa limpia de las tuyas —ordenó Liam—. Pero en cuanto volvamos, quiero toda la historia —dijo señalando con el dedo a Eric y Cami—. Y la quiero al completo.
Cuando por fin se sentaron, nos contaron todo.
Resulta que cuando Cami se fue sola de vacaciones hace meses para desconectar de todo el lío que tenía con Eric, éste la siguió.
Pasaron un momento precioso a solas, lejos de Madrid.
Luego llegó la rutina y se distanciaron un poco, pero Eric no se rindió y terminó conquistándola de nuevo.
—Yo estaba deseando que lo contara —admitió Eric, ya seco y con una camisa de James que le quedaba un poco grande—.
No me gusta mentir, se me pilla fácilmente.
De hecho... ¿os acordáis del juego en Málaga?
Hice la pregunta de las fantasías para ver si ella se atrevía a soltarlo.
Intenté forzarla para que lo contara de una vez, ¡pero me lo arruinasteis señalando a James!
Nos reímos a carcajadas. El ambiente tenso desapareció por completo y fue una de las mejores cenas que recuerdo. A pesar de mi error de cálculo y de mi “bautismo” forzado a Eric, me sentía inmensamente feliz. Cami estaba en buenas manos y nuestro grupo estaba más unido que nunca.
Una vez que los nuevos tortolitos nos contaron su historia secreta y sus planes, la cena continuó entre risas y esa calidez que solo se siente cuando estas con personas como ellas.
Pero como siempre, Liam, que no puede estar cinco minutos callado, se inclinó hacia James y hacia mí con los ojos brillando. ¡Miedo me daba!
—A ver, después de este drama turco que acabamos de vivir con Eric y Cami...
volvamos a lo importante. ¿Habéis pensado ya un nombre para mi sobrina favorita?
Porque yo tengo varias propuestas. Personalmente, creo que Casiopea tiene una fuerza estelar increíble.
O Gertrudis, si queréis que sea una niña con una sabiduría ancestral prematura.
—¡Ni se te ocurra, Liam! —soltó Eric riendo—. No le arruines la vida a la pobre criatura antes de que nazca.
—No, que se llame Camila, como su tía favorita —intervino Cami, dándole un beso sonoro en la mejilla a su ahora “oficial” novio.
—Oye... que yo también estoy aquí —protestó Adri fingiendo indignación.
James me miró y me apretó la mano por debajo de la mesa. Era el momento de soltarlo.
—Ya hemos decidido el nombre —dijo James con esa seguridad que hace que todo el mundo se calle para escucharle.
—Se llamará Cloe —dije finalmente.
Se hizo un silencio de apenas un segundo y, de repente, el salón se llenó de exclamaciones.
—¡Me encanta! —exclamó Adri, estirándose para darme un abrazo—. Es dulce pero con carácter.
—Sí, y aunque no nos gustase también te diríamos que nos encanta, para qué engañarnos —soltó Eric con su honestidad habitual, ganándose un codazo inmediato de Cami.
—Tú siempre igual, Eric... —rio ella.
—Muy buen nombre, de verdad —intervino Enzo, que siempre analiza las cosas con más calma—. Me gusta mucho. Es corto, internacional y suena... no sé, a alguien que va a saber lo que quiere.
—Pienso igual. ¡Augh! —añadí yo, sintiendo una patadita de Cloe como si estuviera de acuerdo—. Sí, a ella también le encanta su nombre.
—Así me gusta sobrina –dijo Liam acercándose a mi barrigota—. Con carácter desde antes de nacer. Que tu madre aprenda un poco de su propia medicina. Me encanta el nombre, es firme y contundente, pero a la vez muy fresco.
Todos reímos hasta que Enzo, que se nota que es el más práctico del grupo, nos miró con curiosidad.
—Y... ¿qué tal va el nido? ¿Habéis arreglado ya la habitación de la niña?
James y yo nos miramos con una mezcla de culpabilidad y pereza. Entre la apertura de Málaga, mi baja preventiva y el reposo, los muebles habían pasado a un tercer plano.
—La verdad... no —confesé, encogiéndome de hombros—. Lo hemos ido dejando. No hemos pintado, ni hemos montado ningún mueble. De hecho, la habitación ahora mismo es un almacén de libros y cajas de muebles sin abrir.
Liam casi se atraganta con su bebida. Abrió los ojos como platos y soltó el tenedor sobre el plato.
—¡¿Qué?! ¡Pero si os queda un mes y medio! —exclamó, haciendo aspavientos con las manos—. ¡Mía, por favor! Tenéis que tenerlo todo listo para su llegada. No podéis traer a Cloe a un almacén de Amazon.
—Tranquilo, Liam, tenemos tiempo —intentó calmarle James.
—¡¿Tiempo?! —Liam se llevó una mano a la cabeza—. Deja que se lo diga a mi madre... Ella piensa que, con lo organizados que sois los dos, tendríais la cuna montada, la ropa planchada y ordenada por colores y el humidificador funcionando desde hace meses. ¡Vais a vivir al límite, de verdad!
Todos estallamos en carcajadas ante el drama de Liam. Tenía razón, éramos un desastre logístico en casa, pero estar allí, rodeada de ellos, me hacía sentir que, aunque Cloe tuviera que dormir en un cajón los primeros días, no le faltaría ni un gramo de amor.
—Este fin de semana nos ponemos sin falta —prometió James, aunque yo no las tenía mucho conmigo.
—Por supuesto que te pondrás, amigo —dijo Eric con esa seguridad suya, dándole una palmada en el hombro a James.
No me dieron tiempo ni a protestar. En cuestión de segundos, mi salón se convirtió en un centro de mando logístico.
—Mañana me tienes aquí —sentenció Enzo.
—Yo no trabajo, me apunto —añadió Adri.
—Y yo —saltó Liam.
—Y nosotros —remató Cami, agarrando el brazo de Eric con una sonrisa de complicidad. Y yo no sabía si seguir poniendo cara de incredulidad o derretirme ante ellos.