CAPÍTULO 14 JAMES #2
Hicimos el amor con una pasión que quemaba, una mezcla de ternura extrema por lo que crecía en su interior y una necesidad física voraz.
Me encargué de demostrarle, centímetro a centímetro, que aunque ella gobernara mi voluntad durante el día, en la cama yo era el que marcaba el ritmo, el que la hacía perder el control y el que la anclaba a la tierra.
Fue desesperado, ruidoso y profundamente íntimo; un recordatorio de que, antes que padres y antes que socios, éramos dos personas que se devoraban con la misma intensidad que el primer día.
Al final, mientras la estrechaba contra mi pecho y sentía su respiración acompasada, supe que no había nada en el mundo capaz de frenar lo que teníamos.
Habían pasado varios días desde la visita al hospital.
Entre los zumos de naranja y ese equilibrio frágil que habíamos alcanzado entre el trabajo y esta nueva etapa del embarazo sin náuseas, parecía que la calma se instalaba por fin en casa.
Pero yo no podía quitármelo de la cabeza.
Necesitaba hablar con mi hermano sobre lo que vi el otro día: él y Arón en aquel bar, demasiado cerca, demasiado... bien.
Quedamos en una cafetería discreta cerca de su zona. Quería que fuera una conversación de hermanos, sin interferencias.
—¿Qué te pasa, grandullón? ¿A qué viene tanto misterio? —preguntó Liam en cuanto se sentó, mirándome con curiosidad—. No recuerdo la última vez que quedamos los dos solos.
—La ocasión lo merece, Liam —respondí, mirándolo fijamente.
—Venga, suéltalo ya, que mi club de fans me espera y no puedo hacerles aguardar mucho más si quiero mantener mi estatus de “el hermano guapo” de la familia —soltó con su habitual tono guasón, aunque sus ojos buscaban una pista de lo que me pasaba.
—El otro día te vi en un bar con Arón.
La cara de mi hermano cambió por completo. La sonrisa que parecía grabada a fuego en su rostro se esfumó en un segundo, dejando paso a un nerviosismo evidente y a un rastro de... ¿vergüenza? Se removió en la silla, evitando mi mirada.
—¿Dónde... dónde nos viste? —murmuró.
—Eso no importa, Liam. Lo que importa es por qué estabais juntos y, sobre todo, por qué parecía que estabais demasiado bien para mi gusto.
Se hizo un silencio espeso, uno de esos que son raros cuando Liam está presente. Él siempre tiene una respuesta para todo, pero esta vez se quedó mudo, jugueteando con el sobre de azúcar.
—Desembucha, hermanito. ¿Qué está pasando?
—Pues... bueno... Arón quería hablar conmigo —dijo por fin, con la voz apagada.
—¿Sobre qué exactamente? —le espeté—. Creo que ya mostró sus cartas la última vez que apareció en casa de papá y mamá. Ya sabemos de qué pie cojea él y su familia de delincuentes.
—Ya... pero quería hablar de él y de mí, de nosotros.
—No hay un “nosotros”, Liam. No después de lo que pasó, ¿o me equivoco?
—¡Dios, James, no lo sé! —explotó él en un susurro desesperado llevándose las manos a la cabeza—. Es el único hombre al que he amado de verdad. Me casé con él, ¿recuerdas?
—Fue una farsa, Liam. Te usó.
—Lo sé —bajó la cabeza, derrotado—. Pero fui capaz de casarme, aunque fuera falso, con alguien... y eso no entró en mis planes nunca. Me pidió perdón, James. Dice que está arrepentido, que ya no se habla con su padre ni con su hermano, que está solo... que...
—¿Me estás diciendo que le vas a dar una oportunidad? —pregunté sin poder creerlo—. ¿Después de todo lo que te hizo? ¿Después de lo que nos hizo a todos?
—No... No lo sé...
—No puedo creer siquiera que lo estés dudando, Liam. Me parece increíble.
—Yo tampoco puedo creerlo, ¿vale? —se pasó las manos por el pelo, frustrado.
—Mira, tú sabrás lo que haces. Eres mayorcito para saber si quieres tropezar dos veces con el mismo pedrusco, pero luego no digas que no te lo advertí.
Liam me miró suplicante.
—Por favor, no le digas nada a las chicas, ni a mamá, ni a papá.
—Lo último que necesita Mía en su estado y en estos momentos son disgustos, Liam. Así que no te preocupes, no seré yo quien le dé el dolor de cabeza.
—¿Pasa algo con ella? —preguntó, detectando la preocupación en mi tono.
Respiré hondo. Era el momento de soltar mi preocupación con alguien que no fuera Mía.
—El médico nos ha dicho que los análisis no han salido del todo bien. Tiene el hierro por los suelos y estamos pendientes de la semana 20. Ahí nos dirán si la derivan a Alto Riesgo o si conseguimos remontar. Así que, por favor, mantén tus dramas lejos de su radar.
Liam palideció un poco más, si es que eso era posible.
—Mierda.
—Sí, mierda —confirmé.
Finalmente, la decisión estaba tomada y el papeleo listo la nueva sede de Bernard Legal Group estará en La Malagueta.
Me encontraba ya en el avión junto a Enzo, rumbo a Málaga, para la firma de las escrituras del local y perfilando el proyecto de reforma.
Enzo es un genio y me ha prometido una ejecución en tiempo récord; no es que el local necesite grandes obras estructurales, pero ambos estamos empeñados en darle ese sello de sostenibilidad y eficiencia energética que queremos que sea nuestra marca de identidad en el sur.
Mientras volábamos, él no paraba de garabatear ideas para maximizar la luz natural, algo que encaja perfectamente con el aire profesional y sobrio que buscamos para el barrio.
Sin embargo, mi mente no estaba puesta únicamente en los planos de la oficina.
Justo antes de salir del despacho para reunirme con Enzo y poner rumbo al aeropuerto, Almudena me interceptó con las últimas novedades sobre el juicio de Diego Beltrán y Vanessa.
Me entregó el escrito de acusación que acababa de formular y que ya descansa en mi bandeja de entrada, esperando mi revisión final antes de ser presentado.
Es un documento clave y he decidido aprovechar las horas de vuelo para pulir cada palabra, asegurándome de que no haya ni una sola grieta por la que Diego pueda escabullirse.
La estrategia que hemos diseñado es clara y directa.
Hemos optado por rebajar considerablemente la petición de pena para Vanessa, ya que las pruebas apuntan a que actuó bajo la constante amenaza de Diego.
Es fundamental que el tribunal vea que ella fue una pieza más en su tablero, mientras que él fue el autor absoluto y la mente que elaboró meticulosamente todo el plan de extorsión y la denuncia falsa.
Quiero que el foco de la justicia recaiga con toda su fuerza sobre él.
Mientras Mía se concentra en su salud y en nuestro bebé, yo me encargaré de que este escrito de acusación sea el principio del fin para su padre.
No descansaré hasta que Diego Beltrán pague por cada una de sus manipulaciones y mentiras.