Lo que se rompió en aquel verano 104Luca
96%

104Luca

Luca

No puedo arrepentirme. Ni siquiera puedo estar enfadado.

En las últimas horas he hecho lo posible por levantarme, ordenar el caos y seguir mirando hacia el futuro con una nueva perspectiva: más libre y menos cargada de exigencias que me han pesado toda la vida.

Como la obsesión por encontrar un sentido único, una ambición extrema, una órbita que le dé propósito a mi existencia.

Por mucho que me duela el corazón, por mucho que aún no entienda los grilletes de Lizzy.

Porque aun cuando sus palabras tuvieron el poder de destrozarme, no se necesitan traducciones cuando lo que se calla supera lo que se trata de sostener.

Y yo lo vi en sus ojos con la misma claridad que en cada verano.

Y es que allí, en el fondo de todas las capas que se han interpuesto en el camino, siempre ha sobrevolado una convicción que es tan natural como saber que estoy vivo y que puedo morir en cualquier instante: Lizzy y yo nos pertenecemos.

Ni siquiera nos elegimos, porque las cosas del corazón solo te perforan y no te devuelven nunca más ese pequeño trozo.

Y no me refiero al tamaño del amor, sino a la huella imborrable que ya sea en un día o trece veranos se queda grabada en la mirada para siempre.

Su nombre contiene todos mis recuerdos y el mío solo habla sobre dos tiempos: antes y después del día en que la vi por primera vez.