Lo que se rompió en aquel verano 103Lizzy
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Lizzy

«Sea lo que sea a lo que le tienes miedo, no elijas algo que no sientes».

Las palabras de Oliver aún rondan mi mente y me atacan como espinas porque aunque son verdaderas, ahora mismo huyo de ellas.

En los últimos días, a través de una fisura, he visto un poco más dentro de mí misma: cosas que ya sabía, pero que estaban tan resguardadas que resultan casi nuevas, y no lo son.

En realidad, siempre lo sabemos todo y lo que aún no es solo porque no queremos mirarlo con la suficiente honestidad, hasta que tienes que tomar una decisión.

Porque yo ya he tomado una. Lo hice en el instante en el que subí al avión.

Le temo a lo desconocido. A todo lo que Luca me hace sentir.

Después de todo, aunque se trata de una pasión que disfruto, escribo para protegerme de mi propia desnudez, porque amar y vivir en los ensueños es más seguro que en cualquier otro sitio.

Por eso no he podido ser sincera con Luca.

Por eso no he podido decirle que lo amo.

He querido a Luca toda la vida. Pero también lo he escrito. Como un amor silencioso y oculto. Un amor platónico. Y quizá siempre lo quise así.

Después de pedir el Uber que me llevaría de regreso al aeropuerto de Honolulu, le llamé a Manu y le pedí por favor que no le contara nada a su hermano. Me dijo que no lo entendía, pero me lo prometió.

Pienso en todo esto como una vorágine mientras Luca y yo observamos el paso recurrente de los autos desde una vieja banca de madera que hemos encontrado bajo la sombra de un árbol a lo largo de la carretera principal.

El cielo está despejado y brillante, tanto que duele como un último abrazo.

Se siente como si hubiera perdido una batalla conmigo misma, pero ni siquiera tengo cómo enfrentarla.

No soy capaz de vivir fuera de una página en blanco porque entonces estoy a la deriva y es insoportable.

Quizá no estoy hecha para todas las cosas hermosas que suceden entre dos personas que se aman.

—Lizzy, ¿qué pasa? —Su voz, aunque trata de conservar la serenidad, se escucha frágil y llena de ansia—. Me estoy preocupando.

—Es que tengo que decirte algo importante.

Él gira el rostro, yo no.

Me concentro solo en respirar. Mantengo las manos sobre mi regazo. De reojo veo que él, con los hombros inclinados hacia mí, alza una mano como en gesto de apartarme el cabello que cae a un lado de mi rostro, pero su movimiento se detiene en el aire.

—Voy a irme de Paia, Luca.

Hay silencio y quietud. Baja la mano con lentitud.

—¿Cómo? No comprendo. ¿Algo ha pasado por allá?

Respiro, pero siento que tiemblo. La humedad del aire se enfría.

—Lo que quiero decir… es que volveré a San Antonio —susurro con firmeza, como si estuviera diagnosticándome una enfermedad incurable—.

No regresaré a la escuela de Medicina, seguiré haciendo lo que estoy haciendo, me convertiré en lo que quiero ser y siempre he sido, pero lejos de aquí.

He disfrutado este tiempo en Paia, tú lo sabes, pero simplemente me he dado cuenta de que no me veo viviendo en este lugar para siempre y que prefiero la ciudad por muchas razones.

Lo he pensado mucho, pero ya está decidido.

Las ramas del árbol se mecen con suavidad.

Las sombras se proyectan difusas en el concreto.

—Pensaba decírtelo hasta este jueves, cuando me iré con mi madre y Gen por la mañana, pero…

no tiene caso fingir y complicar más las cosas —prosigo con la voz tensa, sin fisuras, en perfecto control de un desborde que solo me sacude por dentro—.

Sé que no lo esperabas en absoluto y lo lamento, lo lamento muchísimo, pero no voy a cambiar de opinión.

Es sobre lo que yo quiero y todo eso está muy lejos de aquí.

Yo en realidad no pertenezco a este lugar.

No como pensaba. No como te hice pensar.

—Lizzy, para.

Se escucha pasmado. Pero yo no me detengo.

—Sé que esto interferirá en lo que hay entre nosotros, lo sé, incluso… puede que lo termine para siempre —murmuro y mi voz se quiebra al final—. Y sé lo que esto significa, sé que probablemente te romperé el corazón. También sé que quizás vayas a odiarme.

—Lizzy, por favor. Detente.

Entonces giro el rostro. Una lágrima solitaria se me escapa.

Sus ojos leoninos parecen derretirse al tiempo que siento cómo una de sus manos envuelve y aferra una de las mías.

Me tenso al instante. Sin embargo, esta vez su contacto no me produce nada más allá que un pinchazo de dolor.

En su mirada, entremezcladas, puedo leer varias emociones: confusión, angustia, culpa, miedo.

Su cabello rubio se despeina en sus hombros.

Un rayo de sol que se filtra entre las ramas del árbol aterriza en un pómulo de su rostro y crea un reflejo brillante sobre su piel dorada. Incluso sin pretenderlo, y en el momento menos conveniente, me maravillo de su belleza.

—Lizzy, no creo ni una palabra de lo que has dicho, no te creo en absoluto. —No aparta la mirada y yo se la mantengo. Respiro con dificultad, algo en mi pecho se contrae como si lo estuvieran atravesando con una espada—. Te conozco más de lo que te imaginas. Esto es por algo más, ¿verdad?

No quiero decir nada. Pero las palabras salen:

—No lo sé, dímelo tú.

Luca cierra los ojos por un segundo. Sigue sin soltarme la mano.

—Tú… nos viste, ¿cierto? Eso significa que te perdiste el avión —susurra, y la crudeza en su voz es la misma que surca su semblante cuando vuelve a mirarme—.

Pasa que me viste con Blair, en la cafetería.

¿Qué tanto viste? Lizzy, sé que estás pensando que soy un idiota y un miserable, pero puedo explicarlo. No es como tú crees.

Empiezo a negar. Él no sabe que ese no es el problema.

Solo fue el detonante de lo que sí lo es.

—Vi lo suficiente, pero no se trata de eso.

—No, sí se trata de eso. —Respira hondo y desvía la mirada, como si no pudiera mirarme a los ojos a causa de la vergüenza—.

Blair me escribió el lunes cuando llegué a Honolulu para citarme ese mismo sábado, en ese lugar, a esa hora.

No me dijo para qué, solo que necesitaba verme.

Ella regresaba de Londres antes de lo que se suponía, así que comencé a pensar en muchas posibilidades.

Pasé todos esos días atormentándome sobre cada cosa que pudiera involucrarme, pero la única que se me ocurría, la más lógica porque no soy ningún imbécil, era la de que ella podría estar embarazada.

—Traga saliva. Lo ha soltado todo a borbotones—.

Había probabilidades, así que no sabía qué hacer: si decirte lo que estaba ocurriendo o asegurarme primero de que fuera eso y no adelantarme a los hechos.

Pero todo parecía estar muy claro. Por eso aquellas dos noches…

no pude tocarte. Sentí que te ya te había traicionado y encima no tenía el valor para confesártelo.

—Luca…

Sus ojos me atraviesan. Sé que no me va a dar respiro.

—Pero llegué a esa cafetería y no se trataba de eso de lo que ya casi estaba seguro —dice con una urgencia casi tormentosa—.

Blair solo quería despedirse por última vez de mí porque decidió mudarse a Londres para siempre.

Quería cerrar el ciclo conmigo y yo no lo sabía, pero también lo necesitaba.

Solo hablamos y nada más. Luego, cuando nos despedimos afuera…

—se entorpece—, sé lo que viste. Blair me besó, fue un impulso repentino y admito que yo lo permití.

Sé que no hay justificación, pero te juro que no lo pretendía.

Lizzy, jamás podría engañarte. Ni con Blair ni con ninguna otra persona.

Tú lo eres todo para mí, ahora mismo y desde que tengo memoria.

—Bajo la mirada y lucho para contener las lágrimas.

Siento, con pesar, cómo se empaña mi visión—.

Sí, sé que suelo guardarme las cosas importantes.

Sé que muchas veces me da terror enfrentarlas.

Sé que ese es mi problema y no es el único, pero te aseguro que esto…

—Luca, por supuesto que te creo —interrumpo al tiempo que alzo la mirada—.

Sé que no le devolviste el beso a Blair, no me lo tienes que decir, yo lo vi.

Tuve un impulso, cambié de opinión y no quise subir al avión.

Manu me dijo en dónde estabas, por eso llegué a ese lugar.

Luego, ya sabes, aunque solo pude irme y tuve un montón de dudas sabía que existía una explicación.

— Una raíz de cierto alivio cruza su expresión, pero ese gesto me duele como una quemadura porque no lo está viendo venir—.

Y ahora que me lo has explicado lo entiendo por completo.

Pero esto que he decidido sigue sin tratarse de eso en absoluto.

Te lo aseguro. —Supongo que entonces ve tal certeza en mis ojos que el último brillo en sus pupilas se va apagando poco a poco—.

Luca, la sencilla verdad es que esto no es lo que quiero.

No me veo haciendo mi vida aquí. Mi futuro no está aquí.

No sé cómo he dicho eso.

Luca retira su mano de la mía con lentitud.

Apoya los codos en las rodillas y luego deja caer la cabeza al entrelazar las manos alrededor de su nuca. Una brisa ligera nos abraza y yo tiemblo. Dejo de mirarlo y solo me concentro en un punto perdido de la maleza que crece en la acera opuesta.

—Lizzy, por favor, sé sincera —dice en un susurro.

—Lo estoy siendo —insisto con dificultad. Sé que ya no podré contenerlo mucho más, de modo que me pongo de pie y le doy la espalda—. Perdóname. Pero no puedo quedarme.

—Si no es por mi error, entonces es por algo más —repone Luca detrás de mí—.

Supongo que es porque tienes miedo de algo, ¿verdad?

Te ruego que me lo digas. Yo he abierto mi corazón contigo.

Ahora, por favor, ábreme el tuyo porque…

no lo entiendo. —Cierro los ojos y una lágrima se escurre en mi mejilla.

Arde en mi piel como el calor de un cigarro—.

O acaso… ¿es algo que no sientes? —Luca hace una pausa que se hace eterna—.

Hemos estado juntos, sé que me quieres y que soy importante para ti, pero nunca me has dicho que me amas. Nunca has pronunciado las palabras.

Lleno mis pulmones de aire. Me doy la vuelta. Soporto las lágrimas.

—La verdad, Luca, es que no estoy segura de que esto que siento por ti sea el tipo de amor que hemos estado viviendo.

—No aparto la mirada de sus ojos y, segundo a segundo, casi escucho los pedazos de mi corazón caer uno por uno—.

Tú siempre has sido mi mejor amigo, pero esto, nosotros, no lo sé, quizás solo ha sido producto de los vacíos y de la nostalgia.

Quizás solo ha sido consecuencia de lo mucho que echábamos de menos todos nuestros veranos y lo que fuimos desde niños. Tal vez… solo lo hemos confundido.

Sé que lo he lastimado. Pero él no lo demuestra y se pone de pie.

—No estás hablando en serio, Lizzy.

Sonrío, pero es un gesto frío.

—Soy escritora, Luca, creadora de historias…

—contesto con una estocada final que yo también siento físicamente en lo más profundo del pecho—.

A veces puedo profundizar las cosas que en realidad son más sencillas que especiales.

La mayor parte del tiempo vivo entre la realidad y la fantasía, lo sabes.

Y esto, lo nuestro… No estoy segura de que haya sido real.

La vida se ha extinguido de sus ojos. Ahora evocan un silencio espantoso.

—¿Esto es todo? ¿Así es como termina?

Mi cabello corta mis mejillas. Casi no puedo respirar.

—Perdóname, Luca. No debí ser tan débil y dejar que esto comenzara —mi voz se quiebra en la última palabra—. Sé que estoy rompiendo nuestra amistad para siempre, pero jamás quise que esto pasara. Jamás quise que termináramos de esta manera.

Estoy a punto de darme la vuelta. Mis ojos se llenan de lágrimas. Pero él alza una mano y la deja caer con pesadez.

Eso me detiene.

—No me iré de Paia —dice con sencillez, como si no acabara de desbaratar con gran facilidad todos nuestros lazos—.

Ahora mismo estoy en un limbo, pero voy a comenzar de nuevo y voy a tratar de construir un camino.

Pase lo que pase, lo único seguro es que voy a quedarme aquí.

Así que si algún día quieres volver y quieres decirme cuál es el verdadero motivo por el que ahora mismo te vas y te alejas de mí, siempre sabrás en dónde encontrarme.

Yo estaré aquí, como en cada verano. Es una promesa que esta vez no voy a romper.

Después contesto con puro silencio.

Y me voy. Y él no me detiene.