98Lizzy
Lizzy
Sujeto el álbum que Luca hizo para mí. Me ha dado un beso en los labios y se ha marchado.
Él aún se quedará en Honolulu, pues llegará el martes a Paia.
Ayer fue un remolino de emociones, grises y brillantes, pero aunque una parte de mí sigue tratando de escudriñar la sustancia de las defensas de Luca —me refiero a su evidente abstinencia—, he decidido simplemente confiar en que todo está bien.
A veces percibo con más intensidad lo que es sencillo y es que si bien no tuvimos sexo, la última noche fue tan profunda como ninguna otra.
Casi tan especial como nuestra primera vez en la cabaña de Kihei.
Los poemas en sus labios fueron deleitantes.
Su calor y la nube de sensibilidad me envolvieron tanto que no recuerdo en qué momento me quedé dormida.
Cuando desperté por la mañana entre sus brazos y pude contemplar su rostro plácidamente dormido, me di tiempo para estudiar cada detalle de sus labios, sus cejas pobladas, su mentón…
Sentí cómo el corazón creció y creció dentro de mi pecho.
Fue cuando me di cuenta: mi amor por Luca no está congelado como nuestras fotografías, sino que de alguna extraordinaria manera es capaz de viajar a los sitios que le pertenecen al propio futuro.
Porque ahora mismo no tengo cincuenta años y sin embargo ya lo quiero como lo querré entonces.
Eso es lo que me asusta: sentir demasiado.
Mientras seguimos esperando a que anuncien el abordaje de nuestro vuelo, Benjamín y Oliver han aprovechado para ir al baño, mientras que Henry y Molly permanecen sentados a mi lado.
No se muestran cariñosos como lo sería una pareja, pero todos percibimos la energía amorosa que fluye entre ellos y, a decir verdad, me siento emocionada porque es notable que han dado un paso más.
Ella aceptó acompañar a mi padre y eso ya dice mucho.
—Debiste haberme dejado comprar boletos de primera clase para todos y así iríamos más descansados y cómodos —escucho decir a Molly mientras se pasa un labial rojo carmesí por los labios.
El color destaca en su piel morena y hace juego con sus rizos castaños que se revuelven en sus hombros—.
Henry, de verdad, no me supone ningún problema compartir lo que me sobra.
El dinero sirve para eso. No sé por qué Benjamín y tú se empeñan tanto en que no gaste ni un peso.
Henry se ríe entre dientes.
Yo intento desviar la atención y abro el álbum. Lo estoy hojeando de nuevo. Luca, antes de irse, me dijo que había algo aquí dentro que aún no he visto. Supongo que en algún momento lo tomó y lo puso. Ya descubriré lo que es.
—Sí, pero no te hemos invitado para que tú compres nuestros boletos en primera clase y pienses que solo lo hemos hecho por eso —refuta mi padre—. Ni a tu medio hermano ni a mí nos interesa tu dinero. Solo tú, porque… me agradas, Molly.
Ella guarda el labial en su bolso.
—¿En qué sentido te agrado?
Henry se cruza de brazos y sé que ahora mismo está deseando abrir un agujero en el suelo y colarse por allí. Molly, por el contrario, es mucho más directa y al parecer ella es la de la iniciativa, pero asumo que solo lo hace porque está segura de que Henry le corresponde.
Intento no sonreír y sigo pasando las páginas del álbum.
Cada fotografía me habla de Luca en mí. De las veces que yo fui su mejor captura.
Escucho que Henry dice algo más, aunque mi atención se aparta del mundo entero cuando en la última página del álbum, encuentro una nota escrita por Luca de puño y letra:
Ya no le tengo tanto miedo al futuro. Creo que finalmente he aceptado que no puedo controlarlo, así que solo me concentraré en el presente.
Quiero aprovechar cada segundo, cada atardecer; estar seguro de que estoy viviendo de la única forma en la que quiero vivir, incluso cuando aún no tengo muchas cosas claras.
Por eso, aunque aún no me lo has dicho, estoy conforme.
En tus ojos he leído que te asusta y creo que es normal.
Yo también tengo miedo, sobre todo cuando no soy como quisiera ser.
Pero sin importar lo que pase o nos depare el destino, no olvides que te amo.
Te amo, Elizabeth Hall. Esa es mi única y sola verdad.
Cuando guardo el álbum, el nudo se forma en mi garganta y mis latidos se disparan en mi pecho. Ahora mismo, justo ahora, siento el arrebato de abrazar el abismo. Necesito decírselo y abandonar mi paraguas. Necesito decirle a Luca que lo amo. Y cuánto lo amo.
—¿Papá?
No han pasado ni quince minutos desde que Luca se despidió de nosotros, pero quizá ya ha abandonado el aeropuerto.
Están a punto de dar las cinco de la tarde y ya no debe faltar mucho para que anuncien el abordaje.
No debería hacer caso de mis impulsos, pero el amor es algo que te incendia y, precisamente, te provoca este tipo de cosas.
Me levanto de un salto.
—Lizzy, ¿qué pasa?
Trago saliva y me cuelgo la pequeña maleta al hombro. No he traído muchas cosas más allá de lo necesario, por lo que me ha bastado con el equipaje de mano. Henry también se levanta con gesto preocupado y Molly lo imita.
—Yo… creo que no abordaré el avión —sonrío con seguridad para tranquilizarlos—. Lo siento. Sé que parece una locura, pero necesito decirle algo muy importante a Luca y ya no puedo esperar. No puedo decirles qué es, pero les prometo que todo estará bien.
—Lizzy, pero…
Doy un paso atrás.
—No te preocupes, papá. Compraré otro boleto y llegaré a Paia el martes con Luca, ¿de acuerdo?
—No parece convencido, pero asiente con esfuerzo—.
Lo lamento muchísimo, de verdad. ¿Podrían despedirme de Benjamín y Oliver?
Papá, te mandaré mensaje en cuanto esté con Luca. Él no debe estar tan lejos de aquí.
Mi padre me escrudiña con la mirada. Dos líneas surcan su frente.
—Lizzy, no entiendo nada, pero… está bien. Confío en ti y sé que tienes una buena razón para esto. —Se acerca para darme un abrazo fugaz y yo lo estrecho con fuerza—. Solo, por favor, avísame en cuanto estés con él. Ve con cuidado.
—Sí, claro que sí, papá.
Molly también me abraza.
Cuando los dejo atrás, aunque podría hacerlo, no llamo a Luca de inmediato.
No quiero darle una larga explicación por teléfono porque solo lograría confundirlo.
Tan solo necesito verlo y derribar mis propios muros.
Necesito escapar de mis propias rendijas.
Necesito manifestar todo lo que hay en mi corazón, como dirían por ahí, antes de que sea tarde.