97Genevieve
Genevieve
Tras una salida al cine con la tía Violet y la prima Phoebe, su madre conduce por una gran avenida de la ciudad con el aire acondicionado prendido. Esta vez ha puesto música clásica. Aún falta bastante para llegar a la casa de los abuelos, de modo que saca el diario de Lizzy y empieza a leer:
Querida Holly:
Hoy llegué a Miami por la tarde. Aún no puedo creer esta tragedia.
Pienso que es irreal, un sueño. Esta noche fue el funeral de los West. Los vi allí, en dos ataúdes de cedro rodeados de flores y lágrimas de familiares y amigos.
Un conductor ebrio los embistió en una avenida muy transitada. Los tres fallecieron. Nadie se salvó.
Era una buena mañana. Estaban en casa de los padres de Martha, pasando unos días de visita, como solían hacerlo cada cierto tiempo.
Solo Manu los había acompañado a Miami, y todo iba normal hasta que él decidió quedarse en casa de sus abuelos en lugar de acompañar a sus padres de compras.
Solo por eso está vivo. Creo que mi letra es un poco ilegible, pero no puedo dejar de llorar.
Nunca imaginé algo como esto. Me duelen mucho sus muertes.
Keanu y Martha eran como otros padres. No sé cómo será la vida de ahora en adelante.
Kai está destrozado. Aunque estuvo firme durante todo el funeral, lo escuché sollozar desgarradoramente en un rincón del pasillo cuando fui al baño.
Solo Anela estaba a su lado. Ninguno se percató de mi presencia, pero escucharlo me hizo añicos el corazón.
Manu aún no lo asimila. Estuvo ausente todo el tiempo. Y Luca… Luca está roto.
El calor de sus ojos se ha extinguido. Permaneció de pie junto a los ataúdes durante más de dos horas, con el gesto meditabundo y las manos apoyadas en la madera tallada.
No apartó la vista del suelo gris e inmaculado, ni siquiera cuando sus abuelos maternos trataron de llevárselo.
Tampoco los esfuerzos de Elikai y Freya sirvieron de mucho.
En un momento, Kai simplemente lo abrazó y le susurró unas palabras —que nadie escuchó— antes de volver a sentarse.
Yo no me acerqué porque entendí que necesitaba estar solo, así que me quedé con Miley y su familia, quienes también llegaron desde lejos…
Sé que mi dolor no se compara al suyo. Pero lo siento en mis venas.
¿Por qué ha tenido que pasar esto? ¿Por qué a personas tan buenas?
No supe en qué momento Luca se separó de los ataúdes, pero justo cuando pensaba en lo difícil que sería la vida de ahora en adelante para él y sus hermanos, sentí que alguien me rozó el hombro.
Levanté la mirada y me encontré con sus ojos verdes, imperturbables.
—Lizzy, ¿puedes acompañarme?
En la terraza del último piso del edificio había un área de cafetería y espacio para fumar. Todo el mobiliario, la decoración y la loseta estaban teñidos de tonos serios y fríos. Solo las luces colgantes aportaban algo de calidez a la atmósfera.
Luca y yo nos sentamos en una banca de madera con una pequeña mesilla al frente y vistas al murete. Solo podíamos ver las luces de los edificios que centelleaban a lo lejos, el cielo oscuro como un pozo y, de vez en cuando, el paso fugaz de un avión.
Estuvimos mucho rato en silencio. Quizá fue una hora entera.
—Nunca volveré a verlos. Se han ido para siempre y no volverán de ninguna forma.
Eso es lo que aún no puedo creer —dijo con voz monótona, como si por dentro sus emociones estuvieran demasiado congeladas para fracturarse—.
De ahora en adelante, solo podré estar con ellos en mi imaginación y en mis recuerdos.
Nunca pensé que algún día diría esto, pero ahora mismo todos los momentos felices que pasamos juntos son como una jodida pesadilla, es decir, casi toda mi vida.
Ni siquiera sabía que era inmensamente feliz.
No lo sabía en absoluto —Luca siguió mirando al frente, absorto—.
¿Acaso valió la pena? —continuó—. ¿Vale la pena ser feliz y luego tener que morirte de dolor?
—Giró el rostro y, cuando sus ojos leoninos me atravesaron, sentí mucho más que una ola de tristeza.
Nunca vi a Luca tan ausente, tan eclipsado—.
Ojalá sí, pero ya veo que no es así. Es un dolor insoportable porque no te mata. Al menos no por completo.
27 de diciembre de 2017
Querida Holly:
Ha sido la Navidad más triste de todas. Ahora mismo estoy escribiendo esto en el avión.
Habría querido quedarme más tiempo, pero solo he podido estar tres días.
Luca y yo nunca habíamos pasado tantas horas en silencio, sin apenas hablar, pero era la compañía lo que él necesitaba.
También necesitaba mi abrazo. Aunque esta vez no sentí mariposas.
Solo la necesidad de reconfortarlo. ¿Sabes cómo es cuando la tristeza lo empaña todo?
Las palabras se vuelven más frágiles. Las sonrisas más espesas.
Los silencios se agudizan y los objetos conservan, casi de manera palpable, el rastro invisible de sus dueños.
La nostalgia se convierte en un huésped más, escurridizo y voraz en cada habitación.
Algo muy triste de la muerte es el hecho de que por más luto que se lleve en las entrañas, el mundo sigue girando tal y como lo hacía antes de que se detuviera un minuto para mutilarte el corazón. Porque Luca, como Kai y Manu, lo intentan. Lo están haciendo a diario.
25 de abril de 2018
Querida Holly:
Hoy cumplí diecinueve años. No ha sido un día muy memorable.
Llevo ya varios meses compartiendo clases con los mismos compañeros desde que entré a estudiar Biología, pero he estado tan centrada en Luca que ni siquiera me he relacionado con nadie nuevo.
Esta mañana apenas terminé de hablar con él por teléfono, abrí los mensajes y me encontré con los saludos de Miley, Grace, Oliver, Manu, Havika…
Todos conocidos. Me dio sentimiento. Siento que llevo mucho tiempo sin sentirme bien del todo.
Ya ni siquiera te escribo tanto. Lo siento.
Pero hay algo más. Mamá me regaló unos pendientes Tiffany.
Sus palabras al darme aquel obsequio tan valioso, aunque cálidas, me dejaron un regusto amargo en el corazón: «Estoy muy orgullosa de ti, Lizzy.
Te convertirás en una gran doctora. Recuerda que como estos diamantes, te espera un futuro igual de brillante».
24 de octubre de 2018
Querida Holly:
La vida ha seguido su curso natural. Aún tengo constante comunicación con Luca, quien cada día parece estar llevando mejor su duelo.
Ha vuelto a salir con amigos y sigue haciendo las cosas que le gustan: la fotografía, el surf, el dibujo.
Sin embargo, sé que gran parte de la herida no está en la superficie, sino en lo profundo, allí en donde nadie puede llegar. Ni siquiera yo.
15 de febrero de 2019
Querida Holly:
Luca cumplió veintidós años. Le envié algo por correo: una cadena de plata con un dije de sol y un pequeño escrito con mi puño y letra. Espero que le guste y, aunque nunca me atreveré a decirlo en voz alta, también espero que pueda leer entre líneas.
25 de abril de 2019
Querida Holly:
Luca dijo que me tiene un obsequio especial, uno que me iba a entregar desde el último verano que pasamos juntos en Paia, pero que al final ya no lo hizo porque se le olvidó y luego pasó lo que pasó…
Le pregunté de qué se trata, pero no me quiso decir.
Por otro lado, me dijo que se siente un poco perdido.
Supongo que es normal. Pronto se graduará y su vida tendrá una serie de cambios, y cuando ya no tienes a tus padres, debe ser peor.
27 de diciembre de 2019
Querida Holly:
Este último verano no lo pasé en Paia, al igual que el año anterior.
Pero estoy aquí. En otra Navidad sin Keanu y Martha.
En Paia los colores y las calles siguen igual, como el sol de las mañanas y la sal del mar.
El tiempo pasa y los nuevos objetos y recuerdos empiezan a camuflar a los viejos, pero Keanu y Martha siguen encontrándose en los rostros de quienes los conocieron y los quisieron.
Incluso en aquellos que nunca lo hicieron, como Malea West. La hija de Kai y Anela ya tiene un año y siete meses y es una mezcla perfecta de sus abuelos paternos.
Tiene los ojos verdes de Keanu y el cabello rubio de Martha, aunque también guarda mucho parecido con Luca, quien se siente orgulloso solo por ese hecho, solo que la tez de ella es más clara. Es una niña preciosa.
Esta Navidad ha sido especial. He convivido con la gente del pueblo como hacía mucho tiempo no lo hacía.
Con Henry he compartido lecturas y reflexiones profundas.
Oliver me enseñó nuevas canciones. Miley y Havika, quienes pudieron venir junto a Elenek, Lilo y Kalam, también se pusieron al día conmigo.
Miley me contó que su enamoramiento con Kai está oficialmente en el pasado.
En cambio, yo no pude mentir. Ella solo me dijo que algún día pasará.
También le confesé que estoy escribiendo un libro para despedirme de él.
Porque sí, ya lo he aceptado. Luca nunca será para mí.
En fin… Luca y sus hermanos parecen estar mejor.
Sin embargo, soy consciente de que a pesar de la aparente normalidad que Luca muestra, en realidad no ha sido él mismo desde el trágico accidente, así haya terminado la licenciatura y haya conseguido un buen trabajo en una agencia de publicidad en Honolulu.
Pero supongo que es normal. ¿Cómo podría alguien ser exactamente el mismo después de la muerte de sus padres?
Solo hay algo que permanece igual: mi amor por él.
Y es que aquí estaré siempre. Siempre que él me quiera cerca.
No puedo sanar su dolor, pero puedo acompañarlo.
Y he querido dárselo a entender al obsequiarle un libro de poemas de Emily Dickinson y un pequeño medallón dorado en forma de óvalo con una fotografía de él y sus padres en su interior.
Al final, cuando nos despedimos en el aeropuerto de Kahului, Luca repitió algo en relación con el tema de la autenticidad y los sueños.
Me pidió que no siguiera convirtiéndome en alguien que no soy y que escuchara a mi corazón con más respeto.
Solo suspiré y asentí. No le dije que la novela que estoy escribiendo es sobre el capítulo que quiero cerrar con él.
No le dije que ya no sé si seguiré escribiendo en el futuro o si terminaré abandonando las letras. Que ya no lo tengo tan claro.
Luego añadió: «Te quiero, Lizzy».
Yo solo respondí con la mirada.