Lo que se rompió en aquel verano 95Lizzy
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Lizzy

—Tú eres Lizzy, ¿verdad?

Un chico blanco, de cabello castaño casi al ras de la nuca, muy alto y con rasgos un poco aniñados que desentonan con su complexión grande y robusta, me observa con cierto titubeo mientras sostiene una copa de champán en una mano.

—Sí, soy Lizzy —respondo con una sonrisa y el ceño levemente fruncido. No lo conozco, pero estoy segura de que se trata de un amigo de Luca—. ¿Y tú eres…?

—Elijah Ferreira, amigo de Luca —dice extendiéndome la mano—. Supongo que él te ha hablado de mí. Somos amigos desde la universidad.

Asiento apenas con cierto titubeo.

—Sí, un poco. —Me aparto el cabello del rostro—. Un gusto conocerte.

Elijah sonríe y alza la copa de champán para chocarla con la mía.

—¿Te apetece un pequeño paseo?

Estaba esperando a Miley, pero no se apresura, de modo que sigo sus pasos relajados hacia la orilla de la playa.

Mientras caminamos por la ribera, Elijah me platica un poco sobre su vida y a qué se dedica.

Yo hago lo mismo. También hace especial énfasis en su amistad con Luca y lo cercanos que son.

Me cuenta varias anécdotas divertidas entre ellos.

—Es cierto que eres una chica interesante —dice Elijah—.

Ahora entiendo por qué Luca nunca pudo olvidarte, aunque lo negara casi todo el tiempo.

No creas que me ha contado toda la historia, pero sé algunos detalles.

Las pocas veces que me habló sobre ti era muy evidente lo importante que eras para él.

No eras cualquier otra chica, sino la chica . Lo entiendes, ¿no?

Observo el ritmo ágil de las olas. Tomo un sorbo de mi bebida y aprieto los labios.

—A decir verdad, diría que soy más bien complicada. —La brisa despeina mi cabello y lo aparto con una mano—. Soy escritora, quizá eso tenga que ver. Aunque soy buena con las palabras me cuesta mucho decir lo que siento. Soy algo así como una contradicción andante.

De reojo, veo que Elijah adopta un gesto reflexivo.

—Yo diría que todos tenemos contradicciones. Pero está bien expresarlo para entendernos mejor —dice dándole un sorbo a su bebida—. Aunque supongo que solo queda atrevernos a vivir las cosas que nos suceden.

Esas palabras se quedan flotando en el viento fresco, pues siempre he tenido la sensación de hacer exactamente lo contrario: me escondo en lo inexistente. De algún modo, me siento más protegida en el terreno de los ensueños.

—Algo sencillo y a la vez complicado —apunto.

Dejo de caminar y él también. Vacilo y me concentro en el horizonte, con un nuevo tema en mente, uno que ha estado allí como una palomilla en mi cabeza.

A nuestras espaldas, la resonancia de la fiesta se hace cada vez más lejana—.

Elijah, no quiero parecer entremetida. Es decir, con Luca he hablado del tema y las cosas están muy claras, sé lo que ellos tuvieron y cómo terminaron, pero quiero conocer tu perspectiva.

Tú conociste bien a Blair, ella… ¿cómo es?

Sé que fue importante para Luca. Tuvo que serlo.

Elijah toma el último sorbo de su bebida.

Los dos contemplamos el mar en silencio, abrazados por la humedad. El atardecer desliza sus últimos colores y ahora el azul sombrío del crepúsculo comienza a cubrirlo todo.

—La verdad es que ella no solía compartir mucho con nosotros.

En términos generales, Luca y Blair tenían una relación bastante íntima.

—Elijah parece relajado, pero siento que elige con cuidado las palabras, lo que me parece normal.

Lo he tomado por sorpresa—. Solo puedo decirte que es una chica amable, noble y apasionada.

Sí, quería a Luca y él a ella. No eran el símbolo más grande del amor, pero creo que ambos se sentían bien juntos.

—Ya veo…

No pienso en nada. En realidad, no me pone triste ni me enfada. Solo tengo ganas de saber más de la parte de la vida que nunca podré conocer de Luca, una parte que contendrá siempre un poco de melancolía y misterio.

—Yo creo que hay diferentes tipos de amor —continúa Elijah—.

Unos son más profundos y largos que otros, pero…

creo que siempre hay uno que reconocemos como el nuestro.

El que no elegimos porque es inevitable como respirar.

Y yo creo en ese tipo de amor, mis padres son un buen ejemplo. Yo espero algún día vivir algo así.

Sonrío un poco. Mi pecho se calienta.

—Tienes razón. Es inevitable como respirar.

—Pero también he aprendido, mirando a mis padres, que se necesita mucha valentía para atreverse a vivir ese tipo de amor.

La mayoría no sabe lo desafiante que puede ser y es que ese tipo de amor te obliga a ser tú mismo.

A vivir sin máscaras. —Algo comienza a quemar en mis párpados—.

Te obliga a abrir el corazón. —La espuma blanca de las aguas y las luces del horizonte contrastan en la noche y danzan ante mi mirada—.

Es como que… saca a relucir todas las partes de nosotros mismos, las más brillantes y también las más grises.

—Elijah gira el rostro hacia mí—. Así es como tú lo sientes, ¿verdad?

Pero no respondo. De pronto ambos percibimos la presencia de alguien más a nuestras espaldas.

Volteo y la imagen de Luca me agita las entrañas.

Sus ojos verdes se enfocan en mí con la misma intensidad que desborda su sonrisa ladeada.

El mundo, como suele ser cuando él está cerca, se vuelve más real y menos tambaleante.

Está muy guapo esta noche. Su camisa gris, con las mangas arremangadas a los codos, se ciñe a su torso y los pantalones oscuros le caen deliciosamente de las caderas, mientras que su melena cae ondulada y revuelta sobre los hombros. Tiene las manos en los bolsillos.

—Elijah, estaba a punto de presentarte a Lizzy, pero veo que te has adelantado —bromea y se acerca a su amigo para darle una palmada en el hombro antes de volver su atención hacia mí y reposarla en mi rostro como si yo fuera una especie de fantasmagoría.

La intensidad de su mirada me hace estremecer—.

Pero bueno, ella es Lizzy. El amor de mi vida.

Es como si una lluvia de estrellas inundara la playa.

Me rasco la mejilla y me río entre dientes.

Aún no me acostumbro a todo esto.

—En realidad, le estaba contando de nuestras anécdotas y de lo malo que eras para fingir que no la echabas de menos, pero nada más allá de eso.

—Elijah me guiña un ojo y luego da un paso atrás, señalando con el pulgar hacia las luces amarillas a lo lejos—.

Pero bien, los dejo solos. Iré por más champán.

Elijah se va y Luca se acerca a mí. Busca mi mano y la entrelaza con la suya.

—Lo siento, estaba tratando de despistar a Malea —murmura con esa sonrisa ladeada que me encanta, pero en su alegría distingo un brillo ansioso, ajeno, como si algo más estuviera orbitando en su mente.

No estoy segura si es solo mi imaginación—.

¿Cómo estás? Elijah es un grandulón que puede dar un poco de miedo, pero es un tipo agradable.

Y de que siempre tiene las palabras correctas, ni se diga.

—Sí, ya lo comprobé.

—¿Quieres caminar?

—¿Me arruinaré el vestido si prefiero sentarme?

Luca se ríe y arquea las cejas.

—¿Acaso importa?

Sin más, ambos nos sentamos a la orilla de la pequeña playa, sin soltarnos de la mano. Ninguno dice nada durante prolongados minutos, solo contemplamos el azul oscuro de las aguas y el brillante horizonte. El rumor del mar nos hace compañía.

—Hoy en la mañana, apenas saliste de la cama y yo me alisté, fui a la oficina de la agencia para presentar mi renuncia.

—De inmediato giro el rostro, pero él se mantiene mirando al frente—.

Sé que parece una locura porque claramente me he quedado desempleado, pero me pregunté si era feliz en ese trabajo y si quería seguir dándole más de mí mismo, y la respuesta fue que no.

—Sé que no ha terminado, así que me mantengo callada.

Nuestras manos entrelazadas descansan sobre la arena—.

Lizzy, ya no tengo grandes motivos para seguir en Honolulu y de todos modos, nunca he imaginado mi futuro aquí.

Supongo que siempre ha sido por algo. —Con el pulgar, empieza a acariciarme la muñeca—.

Manu está mejorando, Elikai está cerca de él, así que eso ya no me preocupa tanto...

Estuve casi una hora afuera del edificio, debatiéndome, pero al final he sido sincero conmigo mismo para darme cuenta de que aquí tengo más agujeros que certezas.

Aún no sé cómo, pero quiero hacer de mi vida algo más personal.

Creo que solo quiero comenzar una vida que se sienta honesta para mí.

Una vida en la que no me pregunte cada día cuál es mi propósito.

Trago saliva y entonces él me mira. Hay incertidumbre en sus pupilas. Pero también un fuego abrasador. Aguarda un largo instante hasta que continúa de nuevo:

—Arreglaré los últimos asuntos en Honolulu y luego haré la mudanza completa a Paia.

Nunca compré muebles ni automóvil aquí, así que no tendré que contratar servicios.

—Una sonrisa fugaz se dibuja en una de sus comisuras, pero el sentimiento que refleja dista mucho de lo que pretende transmitir.

En el fondo, hay cierta tensión—. El martes tengo el vuelo de regreso, aprovecharé para llevarme algo de equipaje y luego ya vendré para terminar con todo lo demás.

Quizás para inicios de agosto ya esté completamente instalado en Paia y entonces ya veré lo que haré de ahora en adelante.

Sobre eso, ya tengo varias ideas. —Aprieta los labios y vuelve la atención al mar—. ¿Qué piensas? ¿Te parece una locura?

Me acerco más a él. Apoyo la cabeza en su hombro.

—Me parece bien, Luca. Si eso es lo que en verdad quieres, entonces está perfecto y nadie puede decirte lo contrario —digo con certeza—.

Yo también estoy intentando construir un camino, pero sabes que cuentas con todo mi apoyo.

Todo saldrá bien, y si pasa lo contrario entonces ya lo resolveremos.

Es nuestra vida y no es infinita, así que no importan las veces que necesitemos volver a empezar.

Estamos aquí para eso, para movernos, ¿no es así?

Él aguarda largos segundos.

—¿Lizzy?

Alzo la mirada y me fijo en su perfecta mandíbula. La última luz del crepúsculo nos baña a los dos. Luca contempla absorto el mar.

—Sin importar lo que pase, lo que siempre querré es que tú seas mi punto de partida. —Sus palabras se consumen entre el murmullo del océano, pero se quedan en mi corazón—. Si eso es posible, entonces no importará nada más. Te lo aseguro. Porque ya lo sabes, te amo.

El silencio se abre y nos abraza.