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Lizzy
Escucho golpes en la puerta. Abro los ojos de manera repentina.
Cuando me incorporo en la cama, descubro a Luca aún dormido a mi lado.
Contemplo su rostro y su cabello regado sobre sus pómulos y una parte de mí anhela volver a acurrucarme con él.
Sin embargo, al ver la hora en el celular, recuerdo que hoy es la boda y que debo estar lista antes de las cuatro de la tarde. Es tardísimo.
Me pongo los zapatos y, como he dormido con el vestido puesto, me apresuro hacia la puerta del recibidor antes de que vuelvan a tocar con la misma insistencia.
Al abrirla me encuentro con Manu, vestido con pijama, con algunos rasguños en el rostro y un ojo visiblemente morado.
Por supuesto, me mira sorprendido. La vergüenza me invade un poco, así que intento arreglarme el cabello.
—¿Lizzy? ¿Qué haces…? —Manu parpadea, pero luego lo pilla—.
Oh, sí, que ahora están juntos —se ríe, aunque parece fuera de lugar—.
Sí, quiero decir, Luca ya me lo había dicho hace unos días, pero aún tenía mis dudas.
En fin, yo… venía porque le iba a pedir una camisa que le presté hace tiempo. Es una de mis favoritas.
Se revuelve el cabello rubio, algo nervioso.
Hace mucho tiempo que no lo veía, así que no me sorprende que su aspecto haya cambiado.
Ahora está más alto y embarnecido, pero sus ojos marrones siguen delatando el niño tierno que recuerdo, con esa misma calidez y nobleza que solía notar en Martha West.
—Sí, es una larga historia que después podré contarte con más calma.
Pero vaya, para haber estado en una riña, te ves genial.
—Alzo el pulgar en gesto de ánimo y me acerco para darle un abrazo fugaz que resulta un poco torpe—.
Me alegro de verte, Manu. Te he echado de menos.
Has crecido demasiado. Ya tienes… ¿cuántos? ¿Veintidós?
—Sí, veintidós, pero tú sigues igual que siempre. Aunque oye, no tienes que decirlo, sé que ahora mismo luzco como un perro abandonado —se queja con gracia antes de soltar una carcajada—. Son las consecuencias de nunca quedarme callado. En fin, ¿Luca está…?
—Entra. No te preocupes. Está vestido.
Manu arquea una ceja, divertido.
—¿Estás segura?
Sacudo la cabeza. Las mejillas me arden.
—Dile que me he ido a duchar, ¿de acuerdo?
Manu reprime la risa y asiente. Estoy a punto de irme, pero él carraspea.
—¿Sabes? Me alegro de que ahora estén juntos. Siempre supe que ese testarudo estaba enamorado de ti. Menos mal que has vuelto por él. Ya era tiempo.
—En realidad, ninguno volvió por el otro —murmuro antes de sonreír—. Luca y yo solo nos encontramos de nuevo. Eso fue lo que pasó.
Luca ya me había hablado un poco sobre el lugar que Kai y Anela reservaron con una agencia de eventos para la ceremonia, pero todo es más hermoso de lo que imaginaba.
Los novios son sencillos, así que nadie esperaba una gran boda.
Aun así, la belleza del océano Pacífico, el horizonte urbano de Honolulu y la montaña Diamond Head crean un telón de lujo a la vista de cualquiera. Una boda en la playa es como un sueño.
Nos encontramos en Magic Island de Oahu, una península artificial con áreas de césped y árboles.
Tiene una pequeña playa protegida por un rompeolas, lo que crea aguas tranquilas de un azul turquesa perfecto que forman parte del paisaje.
En un área más apartada, el sitio ha sido decorado con un altar, un arco de boda, sillas y mesas rústicas, una pérgola con sillones acolchados, sofás de mimbre y un pasillo nupcial sobre el impecable césped cubierto de pétalos de orquídeas moradas.
Los centros de mesa aluden a frutas típicas de Hawái, las luces de cuerda cuelgan delicadamente entre las palmeras y los árboles, velas en frascos de vidrio esperan a ser encendidas y hay abanicos de madera, hojas de palmera y leis por doquier. Todo tiene un estilo tropical.
—Anela se ve bellísima, como un hada —susurró Miley a mi lado mientras iniciaba la ceremonia bajo un cielo despejado con poco sol—.
Kai siempre fue suyo. Lo que sentí por él en la adolescencia ha quedado atrás, pero la niña en mi interior está feliz de verlo casarse con la mujer de sus sueños.
Es un buen hombre, y siempre le tendré cariño.
—Eso sin duda. Anela es afortunada —contesté con una sonrisa.
Después de la oración de apertura hawaiana, llamada pule , han seguido con el intercambio de leis como gesto simbólico de amor, respeto y unión, y ahora realizan la bendición de anillos.
El oficiante utiliza una hoja de ti y un cuenco de madera con agua bendita, donde sumerge los anillos, lo que simboliza la vida, la conexión espiritual y un nuevo comienzo.
Me fijo en los rostros de los novios, pletóricos, conectados.
Reflejan una dicha muy tierna y especial como la que se ve en Malea, quien contempla a sus padres casarse en primera fila junto a sus abuelos maternos y sus tíos, Luca y Manu.
Los padres de la difunta Martha West también han viajado desde Miami.
Por mi parte, he preferido sentarme junto a Miley, su prometido Bastian y Havika, quienes llegaron esta mañana acompañados de Elenek, Lilo y Kalam.
A mi derecha, al otro lado del pasillo nupcial, están Henry y Molly Robinson, sonrientes y unidos por una energía clara que transmite cariño y familiaridad.
Oliver, junto a Benjamín, parece relajado y contento, con su aire simpático y amable de siempre.
Por un segundo, hago contacto visual con él y me sonríe al instante, pero enseguida vuelve su atención al frente.
Elikai y Freya, por otro lado, se ven tan enamorados como siempre.
Cerca de ellos, veo a Theo, quien nunca pierde su porte refinado y elegante.
Eva tampoco se queda atrás: con un vestido color esmeralda, luce como una diosa.
Esta vez está acompañada por un chico altísimo de piel muy oscura.
El resto de los presentes son amistades de los novios.
Reprimo un suspiro.
Estoy muy lejos de mi familia en San Antonio.
Al pensarlo me hago consciente de algo que estaba casi desdibujado hasta ahora: aunque estudiar medicina no me hacía feliz, extraño la cotidianidad de los días con Genevieve, con mi madre, Elliot y los abuelos, incluso las visitas ocasionales de Phoebe y la tía Violet.
Las salidas con Megan y Alfie. Sí, echo de menos todo eso.
Sin embargo, aquí no me siento como una extraña, porque mi familia en Hawái no se reduce solo a Henry.
Es cierto que aún no he planificado muchas cosas sobre mi futuro.
Todo lo que estoy haciendo es seguir trabajando en lo que creo que es lo correcto y lo que me dicta el corazón, pero sé que aún tendré que encontrar un balance. Aunque por ahora, esto es suficiente.