Lo que se rompió en aquel verano 93Genevieve
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Genevieve

Su madre ya ha tomado la decisión de ir a Paia y no puede estar más emocionada.

Son vacaciones de verano. Por lo general, suele viajar junto a sus padres a algún sitio nuevo dentro del país o incluso al viejo continente.

Pero en esta ocasión no podría haber un mejor destino que el pequeño pueblo al que su hermana mayor se mudó hace poco tiempo.

De modo que aunque esta vez faltará su padre por motivos de trabajo, su madre y ella llegarán a Paia el próximo lunes a modo de sorpresa por unos cuantos días.

Ahora mismo, mientras el intenso sol de julio baña el cuidado césped de la casa de los abuelos, se encuentra descansando en un cómodo sofá del jardín bajo la sombra del toldo.

Ha leído tanto que ha avanzado demasiado dentro del diario, aunque ya se ha percatado de que no queda mucho para llegar al final.

Imagina que Lizzy dejó de escribir en algún momento. Pronto lo descubrirá.

Se aparta el cabello de la cara y sigue leyendo:

25 de junio de 2017

Querida Holly:

A Luca se le ocurrió la idea de hacer un pequeño road trip a modo de estrenar su nuevo vehículo, una bonita combi Volkswagen de un naranja desvalido que su padre le obsequió como regalo tardío de cumpleaños.

Ahora él es casi un adulto y yo sigo siendo una adolescente de dieciocho años, pero nuestra cercanía y confianza siguen siendo las mismas que en la infancia.

Él sigue siendo el chico atractivo, animado y sencillo con esa sonrisa ladeada de siempre, y yo la chica distraída, soñadora y enamoradísima de él en secreto.

Aún seguimos siendo los mismos. Aún escuchamos las mismas canciones.

Por fortuna, nada ha cambiado demasiado.

Al menos este verano ha seguido sin hacerlo.

Excepto esto: en verdad creí que ya no podría enamorarme más de Luca West, que ya lo había vuelto platónico por completo, pero creo que lo que siento por él nunca dejará de crecer y sentirse vivo en la piel.

No te lo puedo explicar. Aunque supongo que mis poemas sí que pueden hacerlo.

Luca no lo sabe, pero durante el viaje escribí una serie de poemas sobre todo lo que él despierta en mí.

Son palabras que nadie leerá jamás. Mucho menos él.

04 de julio de 2017

Querida Holly:

Estoy en Lahaina escribiendo esto. Es muy de noche, pero necesito hacerlo.

Antes de empezar con las festividades al final del atardecer, el grupo de siempre quiso hacer esnórquel en Kahekili.

Luego de entretenernos con el arrecife que empieza apenas a dos metros de la orilla durante un par de horas, volvimos al pabellón para preparar las hamburguesas y las botanas.

La música isleña, las risas y los juegos llenaban el ambiente hasta que vi a Luca escabullirse de nuevo hacia la playa.

No le dije a nadie y solo lo seguí.

Bajo el sol de la tarde, lo vi caminar sobre la arena dorada con las manos en los bolsillos del bañador. La tranquilidad que se respiraba era enorme. Hasta que de algún modo, sintió mi presencia. Luca volteó y yo me detuve.

—Lizzy, ¿qué haces aquí?

Sus ojos verdes lucían abatidos.

Poco antes estaba aparentemente contento, compartiendo con los chicos y encajando en el molde de cualquier convivencia con su sencillez y espontaneidad, pero en ese momento supe que solo estaba fingiendo. ¿También lo haría conmigo?

—Eso te pregunto a ti. —Intenté no sonar preocupada, pero fue imposible—. ¿Pasa algo? Te conozco, Luca. Sabes que siempre puedes hablar conmigo.

Entonces él caminó y se detuvo a un metro de distancia.

La agitación del mar nos abrazaba.

—Es que… esto es diferente, Lizzy —dijo con desazón. Apartó la mirada y la concentró en las aguas durante largos segundos antes de volverla hacia mí—. No puedo explicártelo o lo echaría todo a perder y no quiero eso.

Me miró como si le doliera hacerlo.

—¿Ya no me consideras tu mejor amiga?

—Eso es precisamente lo que…

De pronto Oliver y Miley aparecieron junto a nosotros.

—Oigan, ¿qué hacen aquí? —Oliver hizo un gesto con la mano en el aire, confuso, pero Miley apenas nos prestó atención porque no dejaba de buscar algo en la arena—. Ya están las hamburguesas, pero Miley ha perdido un anillo por esta área…

Miley alzó la mirada hacia nosotros, afligida.

—Es fino y plateado, fue un regalo reciente de mi padre —se lamentó, aunque apenas pude prestarle atención porque mi mente seguía tratando de encontrar aquello que Luca ya no dijo—. Por eso estoy haciendo el intento.

Luca, a mi lado, dio un paso atrás.

Esbozó una sonrisa que apenas duró un segundo.

—Bueno, yo vuelvo con los demás. Me muero de hambre.

Se fue y hasta ahora no hemos vuelto a hablar.

05 de julio de 2017

Querida Holly:

Miley besó a Kai, ¿puedes creerlo? Esta tarde bebió algunas copas de más y no pensó con claridad cuando tuvo el impulso, pero Anela ahora mismo la odia. Miley se ha disculpado con ambos y les ha dicho que no volverá a suceder, que no estaba siendo consciente. Bueno, Kai la ha perdonado. Anela no.

Sé que a Miley aún le gusta Kai. Pero según lo dicho por ella misma, ya no es como antes.

Ha aceptado que Kai jamás se interesará en ella, y ahora con dieciocho años es menos vulnerable que a los quince.

Tal vez solo necesitaba cerrar el ciclo.

Aunque sé que tampoco ha sido la forma correcta de hacerlo.

16 de julio de 2017

Querida Holly:

Luca y yo nos besamos. O yo lo besé. Sí, eso pasó. Aún tengo un remolino de emociones desbordadas al respecto. No he salido de casa durante toda la mañana porque no sé qué hacer, así que solo me queda ponerlo por escrito, al menos para digerirlo.

Miley, Havika y los cuates decidieron quedarse en Paia un par de semanas luego de las fiestas patrias que pasamos en Lahaina.

Así que si sentía que Luca ya me estaba evitando a propósito, con la presencia de los chicos resultó mucho más complicado que tuviéramos tiempo a solas.

Siempre hay alguien más alrededor. Hasta ayer, cuando nos reunimos en casa de Oliver.

Benjamín salió a Kihei por asuntos personales, de modo que decidimos hacer una reunión nocturna: preparamos bebidas, pusimos música pop y nos entretuvimos con juegos de mesa y de cartas.

No estoy muy acostumbrada a beber, nunca me he emborrachado, pero esta vez entré un poco más en el ambiente y me relajé.

Luca y yo estábamos en una habitación de la primera planta jugando a las cartas con Oliver y Miley.

Los demás estaban en la sala, pero entonces Miley salió al baño y Oliver dijo que iría por una bebida.

Yo me quedé a solas con Luca. Sí, había bebido más de lo usual, pero seguía perfectamente lúcida y cuerda, con todos mis sentidos alerta.

Quizá la única alteración recayó en mis emociones. Me sentía muy sensible.

—Luca, me estás evitando —dije en un susurro. Estábamos sentados en el suelo. Yo en cuclillas y él un poco desparramado. Ante su silencio, añadí—: ¿por qué lo haces?

Luca giró el rostro y sonrió. Pero esta vez su sonrisa no me tranquilizó.

—¿Lo dices en serio?

—Sí, lo digo en serio.

—No, por supuesto que no.

—¿No? Ni siquiera te dignas a mirarme —acusé con sentimiento. Estaba enojada, y por eso mi voz salió un poco quebrada. Pero sin verlo venir, Luca se inclinó hacia mí y atrapó mi barbilla con delicadeza. Sus ojos se quedaron fijos en los míos.

—Ahora te estoy mirando.

Temblé como una hoja. Y no sé qué me pasó.

De pronto ante sus ojos verdes que se estaban fundiendo con el oro y creaban una mezcla perfecta, sentí cómo todas mis terminaciones nerviosas explotaron y tomaron el control de mis impulsos.

La habitación medio a oscuras se redujo a miniatura y lo único que pude percibir fue su aliento en mis mejillas, sus labios entreabiertos y curveados por esa sonrisa ladeada con la que he soñado por años. No pude controlarlo en absoluto.

Lo aferré de un brazo y, antes de que él pudiera adivinarlo, rocé mis labios con los suyos.

Noté en sus pupilas la estupefacción cuando me separé con cierta brusquedad, arrepentida.

Pero entonces su mirada nublada e intensa me atravesó.

Luca me sujetó la cara con ambas manos y después ahogó un sonido ronco que nació en su pecho cuando su boca tomó el control de la mía para besarme de verdad.

A merced suyo, le permití la deliciosa invasión de humedad y calor.

Sin pensar en nada más, mis manos reaccionaron y se aferraron al cabello revuelto de su nuca.

La mente se me puso en blanco. Sin soltarme la cara, Luca se puso de rodillas para inclinarse sobre mí y profundizar aún más el beso.

Casi me quedé sin aire. Sus labios se movieron con urgencia contra los míos y sentí cómo jaló mi labio inferior con los dientes.

Entonces él me dio un respiro y pegó su frente con la mía, mientras el ritmo de nuestras respiraciones seguía agitado. Lo vi estremecerse con los ojos cerrados.

—Lizzy…

Luego escuchamos pasos. Miley y Oliver.

Como si me hubieran dado un choque eléctrico, la vergüenza y el temor me invadieron antes de que ellos entraran a la habitación. Me separé de Luca con urgencia, me levanté y salí de la habitación sin mirar atrás. Él tampoco volvió a acercarse a mí.

¿Y qué se supone que debo hacer ahora?

Besé a Luca y él me devolvió el beso, es cierto, pero también es verdad que ambos estábamos bebiendo y quizá él solo se dejó llevar ante mi debilidad.

17 de julio de 2017

Querida Holly:

Son las dos de la madrugada. Pero aún no puedo dormir.

Hablé con Luca hace algunas horas, en el porche de mi casa, cuando ya todos dormían.

Él me mandó un mensaje y me pidió que saliera.

Tomé fuerzas y, cuando lo vi de pie, apoyado en el barandal, lo único que pude hacer fue tomar asiento en la banca de madera.

Estaba vestido con una camiseta gris y vaqueros.

El cabello recogido con una liga en la nuca.

Luca ya tiene veinte años, sus facciones se han vuelto más afiladas y menos suaves a comparación del último verano.

El cambio es casi imperceptible, pero supongo que lo puedo notar porque no nos vemos muy seguido.

—Y bueno, aquí estoy. —Apoyé las manos a cada lado de la banca y alcé la barbilla para mirarlo sin titubeos, aunque por dentro solo deseaba abrir un hoyo debajo de mis pies—. Supongo que vienes para hablar de lo que pasó.

—Sí, justo sobre eso. —Su voz fue un susurro.

Sus ojos brillaban cautelosos.

Asentí y bajé la mirada.

No sé por qué dije lo que dije después, pero creo que fui consciente de que estaba a punto de caer en un precipicio y tuve miedo de estrellarme. No lo sé, supongo que tuve terror de desnudar la parte más profunda y sensible de mí y no tener nada para cubrirme después.

—Luca, ya no somos niños, así que no hagamos esto más complicado de lo que es —empecé con la voz bajita.

Alcé de nuevo la mirada y la fijé en las sombras a sus espaldas—.

Sabes que yo no bebo, pero esta vez me pasé un poco y…

estoy muy avergonzada, de verdad. Supongo que me dejé llevar por la situación.

Tú y yo solos en ese cuarto, no lo sé, se sintió como algo emocionante.

Por eso no tienes que disculparte. No pasa nada. Fue el momento.

Entonces lo vi a los ojos. Su gesto fue indescifrable.

—Sí, lo sé, yo también iba a decir lo mismo.

—Intentó sonreír—. Supongo que son… cosas que pasan, ¿cierto?

—murmuró con sorpresiva sencillez tras largos segundos, y supe que había hecho lo correcto.

Pero me dolió, allí donde se guardan las palabras que no puedes decir—.

En fin, yo solo venía para asegurarme de que esto no ha cambiado nada entre nosotros.

Para mí todo seguirá igual que siempre, así que…

—Descuida, para mí también —lo interrumpí.

Y eso fue todo. Ya tengo mi respuesta.

05 de agosto de 2017

Querida Holly:

No puedo olvidar su mirada. La decepción y la tristeza en ella.

—¿De verdad vas a elegir algo tan distinto a lo que tú eres?

—Ya te lo expliqué, Luca. No solo se trata de mí.

Ya me había despedido de Henry en la terminal del aeropuerto de Kahului, así que mi padre se retiró un poco antes para darnos espacio.

Yo cargaba mi equipaje de mano en el hombro y Luca solo estaba allí, reacio a despedirse aún de mí.

Finalmente le dije lo que he elegido para mi futuro.

Lo hice hasta el último momento porque ya me esperaba su reacción.

—No, en lugar de enfrentar a tu familia te estás resignando a ser lo que ellos quieren que seas —alegó con dureza y sentí un pinchazo en el corazón—.

Lizzy, por favor, podrías estudiar algo relacionado con las letras o incluso instruirte de cualquier otra forma, no lo sé.

Si no me importara tu felicidad no te diría nada de esto en absoluto.

Pero muchas veces te he dicho que tienes mucha suerte porque sabes quién eres y qué es lo que quieres hacer, así que no tires a la basura esa claridad.

No seas alguien diferente a ti misma —dijo tomándome de los hombros con ambas manos—.

Mi mejor amiga, la que yo conozco, nunca lo haría.

Sentí un nudo en la garganta. Contuve las lágrimas.

Aún no puedo entenderlo por completo. ¿Por qué le importa tanto la decisión que tome para mi futuro?

Sé que Luca solo quiere lo mejor para mí, pero lo mejor también es entender las decisiones de los demás.

No es fácil enfrentarse a la incertidumbre de un camino que quizá no tenga ningún futuro. Ahora mismo no puedo hacer tal cosa.

—Son mis decisiones, Luca, y también son mis consecuencias.

—Di un paso atrás y sus brazos cayeron a los costados con sequedad—.

Pero sobre todo, es mi lucha personal. No la entiendes porque es solo mía; no sabes lo complicado que es para mí.

Aunque a todo esto, no pienses que dejaré de hacer lo que amo.

La diferencia es que ya no será mi prioridad. Eso es lo único que cambiará.

Luca metió las manos en los bolsillos.

—Sí, tienes razón. Perdóname.

—No dejaré de ser yo misma.

Él ya no dijo nada más.

24 de octubre de 2017

Querida Holly:

Los padres de Luca tuvieron un accidente.

Keanu y Martha West han muerto.

No sé qué demonios escribir.