Lo que se rompió en aquel verano 89Lizzy
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Lizzy

Los días pasan rápido. La rutina es la misma.

Aunque en el fondo hay redes sin estirar del todo —las que siempre han estado allí y de las que ahora me he hecho más consciente desde la última conversación que tuve con Oliver—, me siento como si estuviera surfeando una ola perfecta que nunca se fuera a romper.

Aunque si soy sincera, aún me cuesta creer que esto sea real y no un sueño fantástico.

En la última videollamada con mi madre me pareció que aunque ha sido algo difícil para ella, ha terminado de aceptar que yo siempre he sido la chica que está llena de letras, pasión y sensibilidad.

La que sueña despierta con otras vidas y amores, la que ahora confía lo suficiente en sí misma y ya no se asusta frente a la incertidumbre.

Genevieve, por su parte, pegó de gritos y saltitos en cuanto me escuchó decir que Luca y yo estamos juntos.

Sé que lo conoció una sola vez e interactuó con él durante un tiempo por videollamadas, pero lo cierto es que me sorprendió su reacción.

Me pareció un tanto desproporcionada, aunque supongo que es normal porque solo tiene once años y lo ve todo con más emoción e inocencia.

En cuanto a Henry, al igual que al resto del pueblo, lo nuestro no le ha extrañado en lo más mínimo. Solo me ha dicho que me lo tome con calma y que pase lo que pase, si es verdadero y fuerte, todo saldrá bien.

En cuanto al Proyecto otoño , como ha venido sucediendo, mi inspiración sigue al alza.

Ahora que he terminado la escaleta y he reconocido mi voz, he entrado en ese bucle soñador y creativo al que yo llamo zona palpitante .

Sin embargo, sé que esto no es una consecuencia de cómo han resultado las cosas con Luca, sino de mi propia rendición ante lo que soy por naturaleza.

Cuando llego a este punto —uno que echaba bastante de menos—, todos los acontecimientos de mi vida son relegados a segundo plano, pues cuando me quedo frente a la página en blanco mi propio fuego solo es un combustible más para seguir soñando.

En todo caso, Luca ha sido como una luz que me ha guiado a encontrarme.

Los días con él han abierto las puertas más sensibles que había dejado cerradas con candado.

—Mira, por allá está Luca —dice Henry.

Antes de siquiera encontrarlo entre las corrientes de gente que repletan la terminal del aeropuerto de Honolulu, una sonrisa espontánea se pinta en mis labios al escuchar su nombre y mi padre se ríe entre dientes.

Incluso con Oliver, Molly y Benjamín presenciándolo, no soy capaz de contenerme. Esta vez mi timidez no gana la batalla.

En segundos cruzo la mirada con él. Sus ojos leoninos ocupan toda mi visión.

Para mi gran placer, Luca no espera y, en un instante, acorta la distancia para alzarme en vilo. Luego de girar conmigo entre sus brazos, me planta en el suelo y me deposita un cálido y casto beso en los labios que me deja con los sentidos atolondrados.

—No sé cómo lo he soportado —susurra cerca de mi oído antes de deshacer el abrazo y tomarme de la mano con seguridad.

Me lo quedo mirando con la interrogante en los ojos y él solo me pellizca la punta de la nariz—.

Estos días se han sentido como una eternidad, así que me cuesta creer que fui capaz de estar más de tres años sin verte, y dos sin siquiera escuchar tu voz.

Lo pienso y es como si recordara una pesadilla.

Sonrío con ternura. Él también, pero parece cansado.

—Para mí tampoco fue nada fácil, ya lo sabes.

Me percato, en silencio, de las ojeras azuladas por debajo de sus ojos y la raíz ligeramente alicaída de su rostro. Es evidente que no ha dormido bien, pero me parece algo normal por lo que ha pasado con Manu en los últimos días.

Luca agarra la única maleta que he traído conmigo y luego procede a darle la bienvenida a los demás con una sonrisa afable y cálida, aunque la sutil inquietud que antes advertí en sus pupilas no se desvanece. Ni siquiera cuando vuelve a tomarme de la mano.