Lo que se rompió en aquel verano 88Luca
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Luca

Pierdo la mirada en la ventanilla del avión, en los jirones de nubes y la calma absoluta de las alturas.

La vista es bella, nostálgica, profunda.

Ahora mismo podría estar preparando el desayuno en casa y trabajando en mi computadora los avances de los últimos encargos de la oficina, para luego esperar a Lizzy y salir juntos a dar un paseo para hablar de la conversación pendiente que tenemos y hemos postergado —aquella que tiene que ver con los planes a futuro y cómo lo miramos, nuestras esperanzas y sobre todo, nuestros propios miedos; y es que he sentido algo en Lizzy que se me escapa, que estuvo ahí tras la noche más magnífica de toda mi existencia y no pude interpretarlo—.

Pero estoy aquí, dentro de un avión que se dirige a Honolulu.

Por supuesto, ahora mismo mis asuntos con Lizzy son algo menor y por eso he tratado de desplazarlo y dejarlo en un rincón, hasta que ella y yo lo disolvamos absolutamente todo.

Estoy seguro de que no hemos llegado al final, sino tan solo al comienzo.

Y sí, el pesimismo no se ha extinguido del todo y es probable que siempre cargue con ese peso en los hombros, pero el temor de no estar aprovechando lo que la vida misma me está regalando es aún mayor.

Solo estoy seguro de mi amor por Lizzy y eso me basta para hacerme más fuerte, y no solo el que siento por ella, también por el que nace por mi familia y los amigos que aún me quedan por recuperar.

Ya no importan tanto los agujeros, sino quién soy a pesar de ellos.

Dejo de mirar y cierro la ventanilla. Me ha tocado compartir asiento con una mujer joven y su pequeña hija de unos cinco años, quien juega con una tableta y le habla a su madre cada cinco minutos por cualquier cosa que se le venga a la mente.

La chica tiene una paciencia infinita. Eso es amor, supongo.

Echo la cabeza hacia atrás y pienso en Manu.

Si me he montado en este avión un lunes de julio por la mañana, ha sido porque Elikai me ha informado la noche anterior que llevaba más de veinte horas sin saber nada de mi hermano y, cuando finalmente lo encontró, fue en condiciones muy lamentables.

Manu estuvo con amigos en un bar, pero aunque no bebió ni una gota de alcohol, se hizo de palabras con un tipo por un tema en relación con la chica con la que está saliendo y prácticamente lo han molido a golpes.

Incluso fue detenido por las autoridades junto al otro agresor, pero mi tío utilizó sus influencias para que lo liberaran lo antes posible.

También necesitó asistencia médica. Ahora mismo está en resguardo con Elikai.

Por supuesto, Kai también fue informado al mismo tiempo que yo y se preocupó de la misma forma; de hecho, quería venir por su propia cuenta, pero acordamos que sería mejor que yo me adelantara, pues él aún tiene asuntos que resolver en Paia hasta este martes.

El viernes es la boda en Honolulu y ya no queda más tiempo, de modo que por la cercanía de días para la celebración, acordé con Lizzy que nos veremos hasta el jueves por la tarde, cuando los reciba a ella y a los demás en el aeropuerto.

Las habitaciones en el hotel de Elikai y Freya ya están asignadas y todo está casi preparado.

El capitán anuncia el aterrizaje.

Abro la ventanilla —como lo pide el protocolo— y contemplo la gran extensión de tierra y azul turquesa, las manchas de los edificios, el rastro de las nubes y todos los retazos de recuerdos de los años que he vivido en esta ciudad.

Pero aunque no lo parezca, no es como siempre. Hay algo distinto en mí. Algo más vivo.

Poco después, cuando lo indican, las personas empiezan a abandonar sus lugares en orden.

No he traído más equipaje que una mochila en donde llevo la computadora y las pertenencias más importantes, así que no tardo en descender por las escalerillas y en sentir la brisa cálida y el abrazo de este día soleado en la capital de Hawái.

De pronto el celular vibra en mi bolsillo. Sigo caminando por donde es lo indicado hasta que al leer la notificación, mis pasos se ralentizan un poco. Es un mensaje de Blair:

Luca, sé que no esperabas mi mensaje y que quizás sigas en Paia, pero voy a llegar este sábado a Honolulu y necesito verte. No me preguntes más, solo dime si es posible vernos a eso de las seis. ¿Te parece en la cafetería en donde nos conocimos?

No logro pensar en nada.

Solo tecleo en automático:

De acuerdo .