Lo que se rompió en aquel verano 87Lizzy
80%

87Lizzy

Lizzy

Podría ser un sueño. Pero es absurdamente real.

Aún siento el rastro de sus caricias a fuego vivo en la piel, el sabor de sus besos, sus palabras susurrantes de todo aquello que siempre he significado para él mientras encajábamos como una pieza perfecta.

No hubo ningún resquicio de duda o inseguridad.

Luca me hizo suya como si ya lo hubiera hecho incontables veces y yo lo reconocí como si él hubiera sido hecho solo para mí.

El mundo siguió girando, pero se detuvo en el momento exacto en el que caímos rendidos sobre las sábanas y comprendimos que acabábamos de cambiarlo todo.

Ahora mismo me rebosa la felicidad. Sin embargo, no puedo negar que hay cierta ansia en el centro de mi pecho.

No me esperaba que Luca fuera a propulsar algo así y, sin duda, tampoco esperaba que fuera a caer en sus brazos de manera tan precipitada.

Ni siquiera tenemos ningún esquema de cómo funcionarán las cosas en el presente y en el futuro, tan solo nos hemos dejado llevar por los impulsos y la adrenalina.

—Tarde es mucho mejor que nunca, ¿no es así? —Oliver se acerca y se recarga en la barra a mi lado—. En realidad, para nadie ha sido una sorpresa. Todos lo esperábamos.

Media hora después de anunciar nuestra relación a toda la gente de Paia en El Sabor del Mar, me he levantado para pedirle algo a la chica de la barra y él también, aunque quizá ha sido una excusa para poder hablar conmigo.

Las cosas entre nosotros quedaron un poco extrañas desde aquella inesperada confesión en Lahaina, y aún no hemos tenido oportunidad de hablarlo.

—Lo digo en serio. Ni siquiera se siente raro que Luca y tú estén juntos.

La conexión entre ustedes siempre ha sido muy natural.

—A lo lejos hay murmullos y música. Luca habla sonriente con Kai y Anela—.

Ahora comprendo que justo como ustedes se miran, así se ve el amor: como una parte imprescindible, como una mañana cotidiana, como un recuerdo que solo los dos comparten —reflexiona al tiempo que recibe su limonada, antes que yo—.

No solo es un sentido de admiración o fugaz atracción que no tarda en perecer.

Y creo que aunque nunca he experimentado algo similar y créeme que lo he intentado muchas veces, ya comprendo que esos sentimientos son inevitables y jamás los obligas a nacer.

Pero está bien, por eso son especiales. Porque no se compran o se venden por ahí.

Recibo mi bebida y giro el rostro.

—Oliver…

Él me sonríe con ternura.

—Lizzy, todo está bien entre nosotros.

—Me alivia saberlo. —Bebo un sorbo y dirijo la atención hacia el chico que amo con todo mi corazón y que ahora mismo también me está mirando.

No hay recelo en su semblante, solo apoyo y seguridad, confianza—.

Eres importante para mí, Oliver. Sé que las cosas entre Luca y tú han cambiado un poco, pero espero que lo arreglen porque siempre han sido buenos amigos.

Yo misma creí que lo había perdido todo con él, pero he entendido que a veces actuamos de cierta manera por nuestras propias batallas.

Casi nunca se trata tanto del otro, sino de nosotros mismos. He tenido que reconocerlo.

Vuelvo a poner mi atención en él.

—¿Y cuál es la tuya? ¿Cuál es tu batalla?

Sus ojos marrones se suavizan. El eco del sitio queda enmudecido. Oliver siempre ha sido muy perspicaz. Aun así, ni siquiera esperaba que se diera cuenta.

—¿Por qué lo preguntas?

—Porque siento que tienes miedo.