85Luca
Luca
La situación es nueva para Lizzy y para mí, pero no se siente así en absoluto. No me parece algo desconocido, sino como el punto de partida al que siempre he pertenecido. Aun así, no tengo idea de qué pasará ahora. Solo sé que me he rendido.
El trayecto de regreso a la cabaña estuvo lleno de miradas desbordantes, caricias torpes y largas explicaciones que ya sabía que vendrían: sobre cada chica que ha estado en mi vida, las cosas tal y como fueron con Blair y cómo terminaron, mis señales de falsa indiferencia.
Y creo que lo necesitaba. Me he liberado de un peso en los hombros.
No sé si es efecto de las emociones o si es que en realidad he dado un paso adelante, pero ahora las ideas que hace poco me atormentaban resultan un poco menos catastróficas.
Al parecer cuando atraviesas las espinas, te das cuenta de que eres más fuerte de lo que creías.
Es posible que el miedo nunca se extinga y que las sombras siempre orbiten los horizontes de cualquier dicha, pero quiero cambiar ese simbolismo de amenaza por el recordatorio de que tengo que apreciar el presente y el hecho de estar vivo, aunque no sienta que mi vida tenga un propósito vital.
Porque esto es mejor que solo estar mirando el lado de los vacíos.
Como una aparición divina, Lizzy sale del dormitorio y se recarga en una pared de la sala que está cubierta por cuadros de madera con fotografías antiguas de la isla y algunas repisas.
Se ha quitado el vestido y ahora lleva puesta solo una camiseta amarilla con estampados de mariposas monarcas que la cubre hasta la mitad de los muslos.
—Luca, no lo sé… ¿Qué es lo que quieres hacer primero?
Me detengo abruptamente. La miro casi desorbitado.
He estado dando vueltas por toda la sala de estar como un león nervioso y enjaulado, tal cual adolescente sin idea de cómo abordar este tipo de situaciones.
Aunque me compadezco. Después de todo, esta vez está ocurriendo con el amor de mi vida. No es algo que haya manejado antes.
—¿A qué te refieres?
Se me seca la garganta. Estudio la manera en la que algunos mechones rebeldes acarician sus mejillas, sus ojos soñadores, su piel blanca y cremosa y la sonrisa divertida que pica en las comisuras de sus labios delgados y suaves. Se ríe y yo me siento como un tonto.
Lizzy cruza los brazos sobre su pecho.
—Me refiero al orden… —se debate un poco con un brillo que nunca le vi en los ojos—. ¿Primero cenamos? ¿Nos duchamos? O quizá…
—Creo que… como lo has dicho, pero al revés —respondo con la voz rasposa—. Supongo que así es más conveniente.
Lizzy se vuelve a reír, nerviosa, y no me contengo.
Saco las manos de los bolsillos, avanzo con largas zancadas y, antes de que ella pueda pronunciar algo más, la elevo sujetándola de la cintura.
Entre un espacio desnudo de la pared, la acorralo contra el muro entre risas y besos desperdigados sobre sus labios, la punta de su nariz y el hueco de su cuello.
Su aroma a lavanda invade mis sentidos y, al sentir sus piernas aferrar mis caderas, tengo que obligarme a no perder los estribos.
—¿Sabes? —susurra cuando le doy un respiro y juntamos nuestras frentes, mientras la sigo sujetando y ella me rodea el cuello con los brazos—.
Todavía me estoy preguntando si acaso no has estado maquinando todo esto solo para acostarte conmigo esta noche…
porque, mírame, solo soy una chica frágil y tú un hombre sumamente atractivo.
Suelto una risa ronca.
—Buena observación —murmuro cerca de sus labios sin desvanecer la sonrisa—.
Porque tampoco es que no lo estuviera deseando.
Quisiera ser un tipo honorable, pero no lo soy en absoluto.
—Sus ojos grises se derriten cálidos—. Lizzy, te amo, de eso puedes estar completamente segura.
Pero ¿de verdad quieres esto? No habrá vuelta atrás.
Ella se pone más seria y, sin dejar de mirarme, libera una mano del cabello de mi nuca y me acaricia el rostro.
Dibuja un delicado trazo que empieza desde la frente, pasa por el pómulo, sigue la curva de la mandíbula y termina en el contorno del labio inferior.
Al final, lanza un suspiro y sonríe. Sus ojos luminosos me observan durante largos segundos.
—Luca, contigo siempre me he sentido la persona más libre, segura y feliz del mundo —confiesa con una certeza tan sólida que despeja cualquier duda—.
Tengo la sensación de que toda mi vida he estado esperando este momento, porque lo he soñado mil veces.
No hay nada que desee más en el mundo. Lo quiero todo si es contigo. Y quiero esto.
Vuelve a rodearme el cuello. Sus piernas me envuelven con más fuerza.
—Te amo, Lizzy. Te amo por completo.
Ella me besa como respuesta, y el sentimiento de rendición es tan potente que tras un instante me olvido de que no pronunció las mismas palabras.
Ya no importa nada, solo que la tengo aferrada entre mis brazos y que la sensación es mucho mejor que cualquiera de mis antiguas ensoñaciones. Es real y está a punto de pasar.