Lo que se rompió en aquel verano 78Genevieve
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Genevieve

La noche ha caído, sus padres duermen y ella está acurrucada en su cama junto a Lola, que descansa tumbada a sus pies. El diario de Lizzy sigue muy interesante, de modo que se acomoda como siempre y empieza a leer:

Querida Holly:

Creo que Ruby nunca va a recuperarse. No llora a diario, pero ha perdido la emoción por las cosas que antes le gustaban.

Ya no participa mucho en clase y sus notas han bajado.

Grace, las demás y yo tratamos de distraerla para mejorar su ánimo, pero es evidente que hagamos lo que hagamos no podemos reparar heridas ajenas.

Me pregunto cómo reaccionaría si me tocara vivir algo similar.

Pero lo veo como algo muy lejano, aunque sé que es solo una ilusión.

La vida puede cambiar para siempre en cualquier momento.

11 de abril de 2016

Querida Holly:

Me continúan saliendo granitos. No es un problema tan grave, pero estoy aprendiendo a lidiar con ello.

He ido al dermatólogo y ha sido bueno porque me siento más segura.

Estoy en la edad justa en la que la apariencia lo es todo.

Ya casi tengo diecisiete. ¡Qué rápido! A veces siento que aún tengo trece años.

Pero el tiempo pasa, y la prueba es que Luca ya está en la universidad y a mí me queda poco para terminar el instituto. Tengo un poco de miedo.

Por otro lado, llevo más de la mitad de la novela que estoy escribiendo. Sigo leyendo. Quisiera parar el tiempo, aunque sea solo un día. ¿No podría hacer esto toda la vida? ¿No es lo suficientemente serio?

29 de abril de 2016

Querida Holly:

Ya tengo diecisiete años… Mamá y casi toda mi familia dicen que estoy en una de las mejores etapas de mi vida, pero me siento un poco perdida.

Las interrogantes del futuro me acechan y, aunque aún soy muy joven para estar pensando en ello, no puedo evitarlo.

Tal vez se debe a que no puedo concentrarme en lo básico y sencillo como la gran mayoría.

Leo mucho, escribo y soy más introspectiva.

Ni siquiera puedo fijarme en otros chicos tan naturalmente como lo hace Grace, y tampoco me apasiona lo que sería mejor aceptado por los demás, como Phoebe.

Pero bueno, al menos tuve uno de los mejores cumpleaños de mi vida. Porque sí, Henry no vino solo, trajo a Luca, quien se ha puesto más atractivo que nunca. Lo digo en serio. Casi sufrí un infarto al verlo.

En estos últimos meses —casi un año—, Luca se ha convertido en un hombre que podría arrancar suspiros a cualquiera, con su habitual cabello largo hasta los hombros, su altura intimidante, sus rasgos definidos y esa profunda mirada verde. A su lado parezco una niña todavía.

Estuvo aquí solo dos días. Ya ha regresado a Hawái con Henry. No pudieron quedarse más tiempo, pero para mí ha sido más que suficiente.

Henry me regaló un paquete de libros, varios separadores, una funda nueva para la computadora y unas gafas de sol.

Por su parte, Luca me obsequió un bonito y elegante reloj blanco de pulsera, lo que hubiera sido algo sencillo y trivial si no fuera por la pequeña nota en su interior: «Para que lo lleves contigo y siempre recuerdes que yo sigo esperando cada verano con las mismas ganas que tú».

Sí, mi corazón sufrió de todo, pero he aprendido a separar las palabras de cariño hacia alguien que te gusta de aquellas dirigidas a quienes solo tienes un cariño fraternal.

Sin embargo, al final de la velada en mi casa, en la que invité a mis amigas —quienes pudieron conocer a Luca— y mi familia convivió conmigo, Grace me dijo: «Ahora entiendo por qué te gusta tanto.

Es muy guapo, pero creo que no solo se trata de algo tuyo.

Creo que ese chico te quiere en todos los sentidos posibles, Lizzy».

Admitiré que su especulación me emocionó, pero no por mucho tiempo.

Luca me ve casi como a una hermana. Es obvio que soy importante y especial para él.

Pero Luca tiene citas en Honolulu. Él mismo me lo dijo.

22 de mayo de 2016

Querida Holly:

Genevieve ha empezado a jugar tenis. Tiene cuatro años y Elliot ya la ha llevado a sus primeras clases y a ella le ha encantado.

Es como si hubiera nacido con una raqueta en la mano.

La verdad es que él me ha invitado a mí muchas veces, pero nunca he tenido interés en aprender a jugarlo.

Me gusta un poco más el baloncesto por los recuerdos que me trae de cada verano, andar en bicicleta o jugar con la patineta.

Prefiero encerrarme en mi propio mundo, perderme entre hojas en blanco y olvidarme de la vida.

Ahora que está por terminar el periodo escolar, tendré más tiempo para escribir, terminar mi novela y leer los títulos que me faltan en mi interminable lista de próximas lecturas.

La verdad es que me emociona mucho la llegada del verano, pero también siento una especie de temor.

Cada vez el punto de cambio está más cerca.

Tendré que decidir qué hacer con mi vida.

Aún cierro los ojos y veo lo que me gustaría estar haciendo en el futuro: lo mismo que ahora.

Pero me han repetido tantas veces que esto que hago no es «el mundo real» que empiezo a creer que tienen razón.

Además, es cierto que puedo hacer algo de una cosa sin dejar de lado aquello que me gusta.

Siempre existen alternativas, como dice mamá.

No tengo por qué ser obstinada. No tengo por qué no tomar las buenas opciones que me ofrecen.

27 de mayo de 2016

Querida Holly:

El señor Fisher ha fallecido.

Dicen todos que murió de tristeza.