Lo que se rompió en aquel verano 69Genevieve
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Genevieve

Le ha dado un pequeño resfriado, de modo que ha tenido que quedarse acurrucada en su cama con Lola, bebiendo a sorbos el chocolate caliente que Fiona le ha preparado y con su madre asomándose en su habitación cada media hora para comprobar cómo está.

Aunque por ahora al menos tiene fuerzas para leer, así que no pierde tiempo y luego de acomodarse bien entre las almohadas, abre el diario de Lizzy:

Querida Holly:

Ha sido una despedida distinta. No sé cómo encajarla, pero fue especial.

Aún siento el corazón caliente. Mientras subía las maletas a la batea de la pickup de Henry, ya a punto de salir para el aeropuerto de Kahului, lo vi salir de su casa y cruzar la calle hasta llegar a mí.

Luca, por lo general, suele ser la última persona de la que me despido.

Con todos los demás lo hago el día anterior y, como siempre, él aguarda hasta el último minuto.

—Por favor, termina esa novela, Lizzy —dijo mientras me perdía en el calor de sus brazos, en su colonia cítrica y amaderada—.

Y cuando lo hagas, compártemela. Disfruto mucho leerte, aunque sé que siempre sientes algo de vergüenza.

Pero la verdad es que no deberías. Eres más brillante de lo que crees.

—Lo haré. Lo prometo.

Suspiré y nos alejamos, pero Luca siguió sujetando mi mano.

Ese gesto, tan normal y rutinario entre nosotros, me despertó hasta la última célula.

Y creo que no fui la única que lo sintió.

También él, porque lo vi en sus ojos por un segundo.

Aunque antes de seguirlo comprobando, solté su mano. Él, por su parte, vaciló un poco.

—Pero bueno, tú ya entrarás a la universidad y… apenas puedo creerlo, Luca —continué con un poco de nerviosismo ante su apremiante mirada—. Parece que apenas ayer aún éramos unos niños y jugábamos por ahí, ¿cierto?

Él apenas asintió.

—En una semana estaré instalado en Honolulu. —Quizá lo percibí mal, pero no encontré emoción en su voz, aunque estuviera sonriendo—. Deséame buena suerte, por favor.

De la nada sentí un nudo en la garganta. Inhalé hondo y me crucé de brazos.

—Si soy sincera, tengo que decirte que tengo un poco de miedo por los cambios que se avecinan —confesé con franqueza—.

No lo sé. ¿El próximo verano estarás aquí?

¿Será igual que siempre o conseguirás nuevos amigos y preferirás pasar las vacaciones con ellos?

Digo, sería de lo más normal, incluso que lo pases con Rachel, pero de eso no tengo idea porque has dicho que ella se irá a estudiar a España y…

Me detuve abruptamente. Sentí calientes las mejillas.

—Lizzy…

Bajé la mirada.

Entonces el paso que dio para acercarse a mí me hizo reaccionar, y volví a mirarlo solo para descubrir muchas cosas en sus ojos verdes.

Una mezcla de felicidad, miedo, inseguridad, confusión y tristeza.

Todo a la vez. Pero eso no fue lo que más me impactó.

Fue lo cerca que estuvimos. La manera en la que acarició mi mejilla.

—¿De verdad crees que podría cambiar a mi mejor amiga por cualquier puñado de nuevas personas que pueda conocer en la universidad?

—Sonrió con ternura, y su roce quemó en mi piel, como lo que se quedó atorado en mi garganta—.

Gracias por darme tanta importancia, pero no es necesario que lo hagas.

No importan los cambios, ni lo que pase en nuestras vidas.

Las cosas entre nosotros nunca cambiarán demasiado. De eso estoy seguro.

Solté los brazos a los costados.

—Te quiero, Luca.

Él bajó la mano con cierta pesadez.

—Y yo a ti, Lizzy. —Desvió la mirada para luego dar un paso atrás antes de meter las manos en los bolsillos de sus pantalones desgastados—.

Aunque por cierto, sobre lo último que has dicho…

He terminado con Rachel, así que no pasaré ningún verano en España y por lo que sé, ella no vendrá en mucho tiempo.

Eso fue nuevo, pero no me sorprendió. Me pareció hasta lógico.

—Terminaron por la distancia —afirmé.

Luca apretó los labios. Se encogió de hombros.

—Simplemente acabó.

Asentí y no le di más vueltas. Pero no negaré que me alegró.

—Lizzy, ¿ya tienes todo listo? —Henry salió por el porche y ambos nos volvimos hacia él—. Muchacho, buenos días.

—Buenos días, Henry —Luca alzó la mano.

Mi padre señaló la pickup . Yo capté enseguida su intención.

—¿Me acompañas a dejar a Lizzy al aeropuerto?

Luca sonrió de oreja a oreja.

—Sí, por supuesto.

15 de agosto de 2015

Querida Holly:

Oficialmente terminé mi tercera novela. Nunca había escrito tanto en tan pocos días.

No lo sé. Creo que esto es lo bueno de los amores no correspondidos y las cosas que no me atrevo a confesar.

La escritura actúa como un puerto seguro.

Solo es necesario ser sincera ante las hojas en blanco y no frente a unos ojos en la vida real.

02 de septiembre de 2015

Querida Holly:

Luca está contento en Honolulu. No me lo dijo como tal, pero es fácil intuirlo.

Me ha enviado fotos y videos del que será su hogar durante un tiempo, y también de su universidad.

Pasará al menos cinco años en esas aulas, pero ha prometido que no dejará de pasar cada verano en Paia.

Y claro, en cuanto mencioné las fiestas, él solo se rio.

Porque sí, en la capital de Hawái la vida nocturna es demasiado divertida como para quedarse en casa.

Luca nunca ha sido un chico de excesos, de mucha gente y ruido; es más de pueblo pequeño, naturaleza y aventuras, de cosas íntimas y sencillas.

Pero dudo que no vaya a disfrutar de todo lo que la vida le ofrece por allá.

Le deseé buena suerte. Con los estudios y las chicas. Sobre todo, con las chicas.

Él solo se rio y dijo algo tan falso como esto: «A decir verdad, esa es la última de mis preocupaciones».

Por supuesto, no le creo. Está en la edad justa en la que esa es justamente la mayor de todas sus preocupaciones.

Creo que debería sentirme triste, pero ya me estoy acostumbrando.

Luca se está volviendo un amor platónico; en realidad, siempre lo ha sido.

05 de septiembre de 2015

Querida Holly:

La señora Fisher ha muerto. Hoy la han sepultado en Paia.

He hablado con Oliver durante dos horas.

Al final me dijo que ya estaba un poco mejor, pero sé que no lo estará en mucho tiempo.

El golpe será enorme para su abuelo y su padre, y él tendrá que ser un pilar.

Me ha sido imposible viajar por el instituto, pero me alivia saber que Luca, Henry y los demás están allí.

La muerte es tan cotidiana como destructiva.

Nunca la esperas, pero siempre está por llegar.

20 de octubre de 2015

Querida Holly:

Estoy empezando una nueva novela. Es de romance con personajes adolescentes.

Unas vacaciones en Canadá y giros inesperados.

También estoy escribiendo algunos poemas y leyendo un poco de todo: la trilogía de The Maze Runner , algunos títulos de John Green y una novela de Agatha Christie que me recomendó Henry hace poco.

También algo de poesía, de escritoras como Sylvia Plath y Virginia Woolf. Las dos me parecen brillantes.

Siempre me ha gustado escribir versos. De hecho, creo que mi prosa es bastante poética, pero nunca me he sentido segura al respecto.

Soy demasiado perfeccionista, y por eso siempre veo el margen de mejora, los errores, lo que no funciona del todo.

Eso me impide notar mis propios avances o esa brillantez de la que Luca habló cuando, hace dos semanas, terminó de leer mi último manuscrito.

Dice que debería enviarlo a una editorial, aunque yo pienso que está exagerando.

Sí, creo que podría llamarme escritora, pero sigo bastante lejos del sitio al que algún día quiero llegar.

Además, ni siquiera sé si haré esto toda la vida.

¿Qué dirán todos si digo que solo quiero escribir y soñar con personas que no existen?

Quizá podría estudiar Literatura o algo relacionado con las letras, pero sé que eso sería una desilusión para mamá y el resto de mi familia.

Incluso han comenzado a imaginarme como una brillante doctora y especialista.

Lo peor es que yo les he seguido la corriente hasta ahora.

No les he dicho con franqueza que eso me da igual.

Que solo quiero crear mundos ficticios. Nada de batas ni hospitales.

22 de noviembre de 2015

Querida Holly:

En general, hay pocas cosas que contarte.

El duelo sigue presente en Paia, sobre todo para el señor Fisher, quien ha sido el más afectado.

Grace, por su parte, sigue yendo a clases de piano todos los días después del instituto.

Está tan enfocada en su desarrollo musical y en su nuevo sueño de entrar a Juilliard que ya no salimos tanto como antes.

Pero seguimos disfrutando el tiempo juntas en la escuela; además, ya nos hemos empezado a juntar más con Kate, Chloe y Ruby, otras compañeras de nuestro grupo.

Y por supuesto, sigo escribiendo mi novela actual con mucha ilusión, pero —tengo que decirlo— es difícil ponerle el empeño que quisiera.

Ahora tengo materias más exigentes y menos tiempo para escribir e incluso para leer.

En cuanto a Luca… él está avanzando, construyéndose.

Me aseguró hace poco que al principio no estaba tan entusiasmado con la carrera, pero ahora sí.

No lo sentí muy sincero que digamos, pero al menos no se arrepiente y disfruta de sus estudios.

También ha hecho amigos y, según él, nada de chicas.

28 de diciembre de 2015

Querida Holly:

Soy afortunada. Tengo a Henry, a Genevieve y a mamá.

A la tía Violet, a Phoebe y a los abuelos.

Tengo a Luca y a Grace. Ayer, la madre de Ruby murió por un golpe en la cabeza en un desafortunado accidente en casa.

Ha sido una desgracia. Tenía cuarenta y dos años.

Esta noche hemos ido a su velorio. Mi amiga estaba destrozada y yo comprendí, entonces, el valor de tener con vida a las personas que amas.

Hay que aprovecharlas. Hay que estar agradecidos siempre.

Supongo que nada es más importante que estar con los tuyos, con esas personas que reconfortan el corazón.