61Genevieve
Genevieve
La llamada con Lizzy ha terminado. Como cada vez que habla con ella por teléfono, la atraviesa cierto grado de culpa al saber que le está ocultando algo importante.
Sin embargo, es cierto que algunas preguntas que tenía en mente antes de leer el diario de Lizzy están empezando a aclararse y ahora tiene otra perspectiva.
Por eso sigue leyéndolo. Por otro lado, nunca ha estado muy relacionada con Henry, Luca, Miley y toda la gente de Paia, así que aunque nunca ha pisado ese pintoresco pueblo de Hawái, se siente cerca de ellos.
De esas personas. ¿Eso es lo que dice Lizzy que hacen los libros?
Te transportan a otras realidades y las vives…
Lola está hecha bolita cerca de sus pies.
Su pelaje claro en las patas y oscuro en el resto del cuerpo, con un contraste perfecto, brilla bajo la cálida luz de la lámpara del buró.
Ya ha terminado de cenar junto a sus padres.
Tumbada en su cama, acomoda una almohada bajo la nuca y abre el diario de Lizzy para seguir leyendo:
Querida Holly:
Luca ya decidió qué va a estudiar: diseño gráfico.
Ha dicho que aunque lleva mucho tiempo surfeando tiene claro que no quiere convertirse en profesional.
Tampoco ha elegido ser fotógrafo porque aunque le gusta y tiene muy buen ojo, se siente un poco inseguro.
En cuanto a la profesión de sus padres —aquella a la que se dedicaron sus abuelos—, cree que Kai ya ocupa ese lugar y sin duda no ama la cocina como su hermano mayor.
Lo que le ha quedado al final es el dibujo. Disfruta crear trazos con el lápiz.
No lo sé. Siento que aunque sea la opción que más le ha convencido, en realidad no está muy emocionado con la idea.
Aunque así ha sido desde siempre. Es como si todo lo disfrutara a medias.
O tal vez él mismo lo dicta así. Luca se empeña en encontrar una sola cosa que destaque sobre las demás y al mismo tiempo, no le da suficiente valor a todo lo que le gusta hacer.
Dibuja paisajes hermosos y crea postales de ensueño, pero insiste en que solo es una imitación. A veces me cuesta entenderlo.
Pero bueno, estudiará en una universidad de Honolulu y, por consecuencia, tendrá que mudarse a la capital del estado.
Su tío Elikai, el hermano mayor de Keanu, lo recibirá en su hotel, La Isla Maravilla.
Nunca lo he visitado, pero sé que lo inauguraron hace años.
Solo lo he visto en fotografías que Luca me ha enseñado y en páginas de internet; aunque no es el más lujoso de la ciudad, debe costar una fortuna.
En fin, la vida de Luca pronto tomará un nuevo giro y de alguna manera, muchas cosas van a cambiar.
Estoy contenta por él porque está creciendo y convirtiéndose en un adulto, pero…
siento una gran melancolía. Sé que Luca seguirá pasando los veranos en Paia, aunque dudo que sea igual que siempre.
La vida universitaria lo absorberá y conocerá nuevas personas, nuevos amigos, nuevo todo.
Y si ahora todo esto me hace pensar, no quiero imaginar cuando yo tenga que dar el mismo paso y todo sea más complicado.
Bueno, la verdad es que aún no quiero pensar en eso.
Solo quiero seguir disfrutando de este verano, aunque esté siendo más triste que otros por el mal estado de salud de la señora Fisher.
No lo sé. Supongo que de todo corazón, deseo que las cosas nunca cambien demasiado.
20 de julio de 2015
Querida Holly:
Elikai, Freya y los cuates han llegado. No los veía desde hace varios veranos.
Los tíos de Luca conservan prácticamente la misma apariencia, pero no me sorprende que Theo y Eva hayan cambiado.
Theo se ha hecho más alto, casi tanto como Luca, y sus rasgos también se han afilado.
Eva, por su parte, no es más alta que yo, pero sus facciones se han vuelto menos suaves y ha embarnecido un poco más.
Sobre todo, se ha puesto más guapa. Tanto que al saludarla, he sentido una inexplicable sensación de inseguridad y vergüenza.
¿Por qué le doy tanta importancia a la apariencia?
Supongo que es porque soy adolescente y todos dicen que a esta edad quisiéramos ser perfectos.
Por eso nunca estamos satisfechos con nuestra imagen, lo que es absurdo —repiten los adultos—, pues nunca seremos tan jóvenes como ahora.
Para colmo, me han empezado a brotar algunos granitos.
Hoy al despertar, los vi allí: en las mejillas y en la frente. Son horribles.
23 de julio de 2015
Querida Holly:
El contraste es evidente. Entre los cuates y nosotros —refiriéndome a Luca, Oliver y a mí— siempre lo es.
Mientras ellos visten elegantes y a la moda, a nosotros nos da igual si nuestro atuendo no resalta o si no traemos algo costoso.
Pero supongo que ellos no tienen la culpa de ser ricos y haber crecido en un entorno tan distinguido como el de su madre.
Pero bien, de ella no puedo decir nada. Aunque podría ponerse tacones hasta para ir a la playa, Freya es un caramelo de persona.
Su estilo es muy diferente al de su esposo, pero ambos conectan.
En el fondo tienen el mismo corazón y se preocupan por las mismas cosas.
Creo que eso es lo importante, ¿no? No cómo nos vemos, sino cómo somos. Cómo sentimos.
28 de julio de 2015
Querida Holly:
La señora Fisher ha sufrido un infarto. Por fortuna, los servicios de emergencia pudieron estabilizarla y ahora se encuentra hospitalizada en una clínica de Kahului.
Sin embargo, su estado es bastante delicado.
Los augurios no son muy buenos. El pobre señor Fisher está destrozado.
Ha vivido con Jennifer toda una vida. No imagino lo que sufriría si a su esposa le llegara a suceder algo. Todos estamos muy preocupados.
03 de agosto de 2015
Querida Holly:
El tiempo pasa rápido. Entre los rostros alicaídos y mi empeño por concluir los últimos capítulos de mi tercera novela, los días de este verano se agotan.
Por cierto, ya tengo el título definido.
En cuanto me convencí de este, por supuesto, se lo compartí a Luca.
A él le ha gustado mucho. Para celebrarlo, fuimos a la heladería.
—¿No quieres probar un sabor distinto?
Apreté los labios, mirando todos los sabores.
—No lo sé, creo que…
Luca, con las manos en los bolsillos del pantalón, me observó divertido.
En esta tarde estuvo especialmente guapo con su camiseta negra y su cabello revuelto sobre los hombros.
Aunque como siempre, cuando lo miré a los ojos oculté muy bien mi arrebatada fascinación y la cambié por una natural indiferencia.
Creo que podría ganarme el premio a la mejor actuación de todas, y es que la he practicado por años.
—El de vainilla está bastante bueno —sugirió.
Arrugué la nariz y negué al instante.
—No me gusta la vainilla desde que se convirtió en el sabor favorito de Genevieve. Estoy un poco harta. Literalmente todo en casa es de ese sabor. Creo que pediré el de siempre.
Él se rio y yo sentí un cosquilleo.
—Pues entonces yo también.
06 de agosto de 2015
Querida Holly:
Ya son mis últimos días en Paia. La señora Fisher sigue delicada.
Oliver está muy triste y Luca está cada vez más distante de Rachel, aunque no he querido preguntarle al respecto.
Intento de todas las maneras posibles, mostrar que ese tema no me interesa en absoluto.
Aunque sí, sí que me interesa. Hoy desayuné con los West. Henry habló sobre temas sensibles con Keanu y Martha.
Más tarde, Luca y yo subimos a su habitación y nos pusimos a escuchar música de Coldplay, U2, Michael Jackson, Lana del Rey y Ed Sheeran.
Nos tumbamos en la cama con los celulares y hablamos de todo y nada.
Lo normal. Pero este tipo de situaciones cada vez me resultan mucho más íntimas y comprometedoras.
Ya tengo dieciséis. Luca dieciocho. Y estoy enamorada de él. Esa pequeña cuestión cambia las cosas.
—¿Sigues pensando en ese chico?
Él interrumpió un largo silencio.
«Sparks» sonaba en su bocina portátil.
—¿Cómo?
Mantuve la atención fija en el techo. No me atreví a girar el rostro.
—Ethan —murmuró.
No lo dije, pero me sorprendió que recordara su nombre, porque solo se lo mencioné una vez. Pensé que lo había olvidado. Y no. Después de largos segundos, contesté:
—Todavía me gusta. —Tragué saliva—. Pero yo a él ya no.
—Ya veo —concluyó.