59Lizzy
Lizzy
Café de Kona, pan de plátano y huevos fritos, sin olvidar las galletas con mantequilla de maní.
Podría decir que es el sabor de lo que estamos desayunando lo que hace que esta mañana sea un poco más cálida y luminosa que todas las anteriores desde mi llegada a Paia, pero si no quiero mentirme, tendría que admitir que hay una ligera emoción en el centro de mi pecho y en mis pupilas por los días que se avecinan.
Porque nunca sabes cuánto has echado de menos algo hasta que estás a punto de vivirlo de nuevo, y es que algunas cosas, las que están arraigadas desde la raíz, son irremplazables.
Aunque no he venido para vivir un nuevo verano como los que escribí en mi diario, empieza a sentirse como uno.
Siento que además de estar dirigiendo el rumbo de mi propio destino, también estoy añadiendo las partes indispensables que me permiten vivir con una sonrisa en el corazón.
—Este próximo miércoles, Benjamín y Molly sabrán finalmente si son hermanos o no, aunque dudo que salga negativo —anuncia Henry mientras termina de masticar un pedazo de pan.
Bebe un sorbo de café y se limpia la boca con una servilleta—.
Eso espero, por supuesto. Benjamín y Molly se han hecho cercanos.
Mastico con algo de lentitud. Bebo un poco de café y reprimo una sonrisa.
—Yo diría que tú lo esperas un poco más que ellos —apunto con inocencia y me relamo los labios—.
Sé que aún no quieres hablar del tema, pero me alegra que estés conectando con esa mujer.
Has estado tanto tiempo solo que lo que más quiero en el mundo es que vuelvas a compartir tu vida con alguien. Te lo mereces, papá.
Henry se pasa una mano por el cabello, se lo peina hacia atrás con cierto nerviosismo. Los mechones más largos caen con gracia a los lados.
—Bien, sí, nos estamos conociendo y nos estamos llevando bien —dice con palabras atropelladas, mientras que yo intento distraerme con los últimos restos de mi desayuno—.
La verdad es que no tenemos muchas cosas en común, empezando por nuestra nacionalidad y nuestras vidas.
Pero creo que podemos entendernos y compartimos una visión del mundo bastante parecida.
Y bueno, eso es lo importante. Lo que permite vivir en compañía.
Miro a hurtadillas por debajo de las pestañas. Ha sido una confesión más sincera de lo que esperaba.
—Vaya…
Henry se termina su café de un sorbo. Su camisa a cuadros, de color vino, se estira cuando cruza los brazos y los apoya sobre la mesa, con la atención fija en mí.
En sus labios se dibuja una media sonrisa por encima de la barba y sus ojos grises, rodeados por finas arrugas, transmiten un brillo de alegría que traduzco con facilidad.
¿Mi buen humor es palpable? Supongo que sí.
—Pero aún es muy pronto para pensarlo de esa manera.
Y de todos modos, mis mejores años ya han pasado como para estar hablando de mí como un adolescente.
Mejor cuéntame, ¿qué ha pasado entre ese muchacho y tú?
—cuestiona como quien no quiere la cosa—.
¿Han vuelto a llevarse como siempre? Me habías dicho que se habían alejado un poco por la distancia y todo eso.
Bueno, son amigos desde pequeños. Sé que pueden empezar de nuevo.
Siento el calor en las mejillas. Mi corazón late un poco más deprisa.
Me disgusta que incluso antes de racionalizarlo mi sistema reaccione automáticamente a todo lo que tiene que ver con Luca.
Sin embargo, no puedo evitarlo. Me limito a encogerme de hombros y a sonreír con despreocupación.
Pincho el último pedazo de huevo frito con el tenedor.
—Sí, ha sido un poco extraño al principio, pero creo que hemos vuelto a ser los amigos de siempre —admito con sencillez antes de llevarme la comida a la boca.
Mastico, trago y luego bebo lo último de mi taza de café—.
De hecho, iba a pedirte permiso para faltar unos cuantos días a la boutique porque…
Luca y yo estamos planeando un road trip por la isla en su Volkswagen.
Digamos que yo necesito inspiración para mi novela y Luca necesita olvidarse un poco de su mal de amores.
Su novia inglesa terminó con él hace poco tiempo.
Henry alza las cejas, sorprendido.
—Muy bien, me parece una buena forma de distraerse para ambos.
—Se reincorpora en la silla, aún con los brazos cruzados, aunque su gesto animado se tuerce un poco—.
¿Cuándo planean hacer el road trip ? Sería bueno que lleven un kit de primeros auxilios, bloqueador y mucho repelente.
Sé que ese muchacho maneja bien, pero no estaría de más recordarles que la carretera es de cuidado y…
Bueno, ya son adultos y amigos, sí. Pero ya sabes, Lizzy, algunas cosas podrían surgir de manera diferente y…
—Papá, tranquilízate —lo interrumpo con una risita entre dientes y la cara roja, mientras me dispongo a levantar la mesa.
Henry también se pone de pie y hace lo mismo—.
Luca y yo conocemos muy bien la isla, y además ya somos adultos.
No te preocupes. Te aseguro que solo somos amigos y no pasará nada de lo que te estás imaginando. Estaremos bien.
Lo escucho suspirar. Empieza a lavar los platos en el fregadero mientras que yo guardo los comestibles en la alacena y la nevera.
—Bueno, hoy es sábado. ¿Qué harás? —Henry me encara y se seca las manos con un trapo amarillo antes de dejarlo encima del grifo de agua.
Apoyada en la encimera, me paso algunos mechones de cabello suelto por detrás de las orejas y paseo la mirada por los rincones de la cocina. Procuro, al mismo tiempo, no fijarme en lo que se figura a través de las persianas abiertas de la ventana.
—Pues tengo planeado ir a la boutique y al final de la tarde veré a Luca para planificar el itinerario de nuestro viaje, ya que respondiendo a tu anterior pregunta, saldremos mañana, domingo. ¿Está bien?
Henry lo sopesa durante un instante. Finalmente asiente.
—Perfecto, entonces prepárate y te paso a dejar porque tengo que llevar la camioneta al taller para un cambio de aceite —comenta. Estoy a punto de salir de la cocina, pero me detengo cuando lo escucho carraspear—. ¿Lizzy?
Volteo sobre mi hombro.
—¿Sí?
—¿Crees que estoy siendo un buen padre? —Sus palabras me toman por sorpresa—.
No lo sé… Quizás no estamos pasando mucho tiempo juntos, pero quiero que te sientas cómoda y hagas tu propia rutina, que vayas a tu propio ritmo.
Pero tampoco quiero que te sientas sola.
Sabes que no tengo mucha habilidad para decir lo que siento.
He vivido mucho tiempo solo y puedo ser algo torpe.
Pero sabes que te quiero. Estoy orgulloso de ti, cariño.
—Gracias, papá —susurro con un tono frágil y firme a la vez—. Gracias por sostenerme y apoyar mis sueños. Gracias por todo lo que siempre hiciste y estás haciendo por mí. No solo eres un buen padre. Yo creo que eres el mejor de todos.
Su mirada gris se suaviza y mi corazón también.
—Te quiero, hija.
—Yo también, papá.