Lo que se rompió en aquel verano 57Lizzy
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Lizzy

Todo ha vuelto a su cauce.

La brecha se ha desdibujado de golpe, pero también he asumido la imposibilidad una vez más.

Luca me ha contado que Blair —quien se fue a Londres durante una larga temporada— decidió terminar con él hace ya casi un mes y que como todo hombre que aún está enamorado de una mujer, intenta recuperarse.

De hecho, cuando lo explicó pude entender la naturaleza de su propuesta.

Luca quiere olvidarse un poco de su mal de amores.

Comprendí que la estela gris que había notado a su alrededor desde su aparición en Paia no solo se debía a los estragos de la herida, sino también a su ruptura. Blair lo dejó y no al revés.

Sin embargo, aunque lo supe herido y enamorado de alguien más, la verdad es que lo he tomado con más serenidad y tranquilidad de la que imaginaba.

Tal vez porque en realidad lo que siempre hemos sido es suficiente para mí.

Antes y ahora. Quizá toda la vida. En cierto modo, después del arrebatado juego de risas y agua, es como si Luca y yo nos hubiéramos liberado de aquella tensión que la distancia y el silencio formaron.

Tal vez no debería sorprenderme porque se trata de nosotros, hemos crecido juntos, pero me sorprende cómo dos años sin hablarnos pueden pulverizarse y volverse en la memoria un parpadeo de un día para otro, de una sonrisa para otra.

Pero es cierto que si miro por dentro y busco entre esas partes que nunca he desnudado, no voy a encontrarme con un cielo tan despejado.

De modo que la superficie es más cómoda.

Estoy bien de esta manera con Luca. Es como siempre ha sido. Natural y sin complicaciones.

—No sé qué pensar con exactitud —dice Miley después de un momento.

—Supongo que he terminado por regresar al mismo punto de partida.

Y es irónico, pero después de tanto me siento igual que cuando tenía dieciséis años: quería a Luca en secreto e intentaba hacer algo mejor que solo lamentarme por un amor imposible, así que lo convertía en inspiración para escribir…

Creo que ahora eso es todo lo que vuelve a quedarme.

Apoyadas en un costado de la camioneta de Havika, en donde la sombra de un árbol se proyecta, prestamos atención a lo que se muestra al otro lado de los ventanales del hotel y a las personas que pasan caminando. La luz resplandeciente de la tarde baña el resto de la calle.

Es viernes por la tarde y ella y los chicos están por irse de Paia.

—Ya, como yo durante un tiempo con los pasteles, ¿recuerdas?

—Se ríe entre dientes con tono nostálgico y luego, conforme pasan los segundos, se desvanece la emoción—.

Pero hay un pequeño detalle: ningún punto de partida es igual a otro por el simple hecho de que siempre estamos cambiando y a veces sin darnos cuenta.

—Sí, quizás —me limito a decir. Sonrío con desenfado, suelto los brazos y cruzo los pies—.

Pero dime, ¿Bastian vendrá para la boda de Kai y Anela?

Porque ya quiero conocer al chico que te ha robado el corazón y, por supuesto, necesito darle el visto bueno.

Tiene que cumplir mis expectativas —bromeo.

Mi intento por cambiar de tema es evidente y por fortuna, Miley no pone reparos. He dado en el blanco para volcar todo su interés.