56Luca
Luca
Respiro aliviado luego de colgar la llamada.
Guardo el celular y sigo comiendo mi hamburguesa.
He hablado con Manu y me ha asegurado que está bien, que está saliendo con una chica de la universidad con la que pretende iniciar una relación formal y que por ahora no ha sentido las ansias de beber.
Cada vez se siente más libre y seguro de sí mismo.
Sin embargo, solo hasta que hablé con Elikai y él me lo confirmó, pude despreocuparme.
—¡Tío, tío! —Escucho a Malea a lo lejos—. ¿Me puedes comprar un helado?
Acaba de entrar al restaurante junto a sus padres y, nada más verme, corre directamente hacia mí.
Cada vez que Malea me demuestra su cariño mi corazón crece un poco.
El amor por los sobrinos debe ser muy parecido a lo que puedes sentir por un hijo.
Es intenso, natural, como si siempre hubiera estado allí.
El primer día que la vi, en los brazos de mi hermano, el mundo se llenó de nuevos colores y no tuve que esperar a conocerla para empezar a quererla.
Es uno de esos amores que no te permiten elección.
—Pues vamos, pero deja que levante esto, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —acepta con un brinquito.
Luego de que llevo mi plato a la barra y saludo a Kai y a mi futura cuñada, sin previo aviso, Lizzy y los chicos —a excepción de Oliver— aparecen en la entrada.
Kai ahora mismo me está diciendo algo, pero dejo de escucharlo y el ruido de todo el local se apaga de manera abrupta.
Mis sentidos se agudizan en ella. Solo me concentro en su figura.
Lleva un bañador negro por debajo de un kimono gris.
Tiene el cabello oscuro y húmedo recogido en una coleta y una sonrisa espontánea en los labios que es solo para mí.
Porque a la distancia nuestros ojos se encuentran y es como si pudiéramos abrazarnos con la mirada, como si solo nosotros percibiéramos la frecuencia de la energía que nos une.
Ya no importa cómo quiera llamarle: amistad, amor, conexión.
No importa en absoluto. Es real y lo siento.
Cuando el letargo se acaba y los estímulos externos vuelven como una cachetada, trago saliva y solo me fijo en cómo Anela se acerca a saludar a Lizzy y a los demás. Malea hace lo mismo y se convierte en el centro de atención.
—Vaya, vaya, ¿qué ha sido eso?
Parpadeo y miro a Kai. Olvidé que estaba cerca.
—¿A qué te refieres?
—No quiero resultar entrometido, pero te daré un consejo. —Posa una mano firme sobre mi hombro y se inclina cerca de mi oído antes de añadir—: haz lo que debas hacer y no esperes a lastimar a otra persona. No es correcto, Luca. Y lo sabes.
No hago ningún gesto. Él no lo sabe, pero estoy tranquilo al respecto, pues decidí ser sincero con Lizzy.
No pude mentirle de nuevo. No cuando, tras habernos recuperado de las risas en el césped y haberlo meditado mejor, me preguntó si Blair estaría bien con aquello que le propuse.
Porque aunque repitió con énfasis que somos amigos, es cierto que ya somos adultos.
Y las perspectivas cambian. Fue cuando le dije la verdad.
Por supuesto, me cuestionó la mentira de los primeros días y lo único que pude responder para mantener las debilidades protegidas fue: «No te lo dije porque la ruptura aún es un tema difícil para mí y no quería entrar en detalles en ese preciso momento.
Así que toma esto como un intento de recuperarme.
Los dos tenemos un motivo: tú encuentras inspiración y yo me olvido un poco de que me han roto el corazón». Solo así, Lizzy aceptó.
Kai me suelta del hombro y yo solo niego.
—No es así. Blair terminó conmigo.
—¿Cómo dices?
—Te lo contaré más tarde.