Lo que se rompió en aquel verano 42Genevieve #2
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42Genevieve #2

Henry me aconsejó que no me apresure con la escritura ni trate de buscar la perfección, que solo lo disfrute.

Dijo que para que algo funcione el proceso tiene que ser entretenido.

Y tiene razón. Siguiendo su consejo, logré escribir tres capítulos de una sentada.

Además, Henry está leyendo otra novela de Agatha Christie y yo estoy releyendo El principito por décima —tal vez más— ocasión.

18 de julio de 2014

Querida Holly:

No he hablado mucho con Luca. Tampoco hemos hecho muchas cosas juntos. Creo que ha pasado más tiempo con Oliver y Manu. No lo sé… Creo que me siento un poco desplazada. Rachel está con Luca todo el tiempo y él tampoco se despega de ella.

Hoy por la tarde, cuando fui a casa de los West para pedir un poco de mantequilla de maní —a nosotros se nos acabó y Henry tenía pereza de ir a comprar—, Manu me abrió la puerta.

Me invitó a pasar y en la sala me encontré a Luca y a Rachel.

Estaban acurrucados en el sofá viendo una película, pero yo no me fijé en la cinta que se reproducía en la pantalla, sino en cómo Rachel tenía apoyada la cabeza en su hombro mientras él la rodeaba con el brazo.

Sentí una punzada agria en el pecho. Fue un dolor agudo, como el de una espina.

Cuando anuncié mi presencia y voltearon a verme, Rachel me mostró una sonrisa lánguida y Luca apenas me mantuvo la mirada antes de apartarla.

Sentí cierta incomodidad, y por eso fui directo a la cocina sin decir mucho más.

Por fortuna, allí me encontré a Martha, quien me dio justo lo que necesitaba. Luego salí casi corriendo de esa casa.

Ahora ya ha anochecido y no he querido salir de mi habitación.

Sin embargo, no he podido evitarlo. Hace una hora, mientras Henry se duchaba, fui a la cocina y allí me quedé durante veinte minutos, esperando ver a través de las persianas de la ventana algún movimiento de Luca y Rachel.

Y como dicen: si buscas, encuentras. Eso pasó.

Los vi salir tomados de la mano. Se detuvieron en la acera y, antes de encaminarse calle abajo, Rachel rodeó el cuello de su novio con los brazos, se alzó de puntillas y… le dio un beso. Luca le correspondió.

27 de julio de 2014

Querida Holly:

Luca no es el mismo conmigo. Me ha estado evitando.

Cada vez que nos encontramos solos o reunidos en cualquier lugar, de la nada, busca alguna excusa para marcharse.

Cuando estoy presente procura no acercarse demasiado a mí.

Podemos estar comiendo en la misma mesa —como suele ser en el restaurante de sus padres—, pero últimamente siempre busca sentarse en la silla más alejada.

Creo que lo está haciendo a propósito, es muy evidente, pero no he querido reclamarle.

Y es que he empezado a pensar en las posibilidades.

¿Y si Rachel le ha pedido que se aleje de mí?

Es cierto que ella nunca se ha portado mal conmigo, pero siempre ha sabido lo cercana que soy con Luca.

Y ella es su novia desde hace casi un año. Sería algo lógico.

28 de julio de 2014

Querida Holly:

Ya no lo he soportado más. Le exigí a Luca que me explicara lo que está ocurriendo.

Hoy por la mañana me planté delante de él cuando estaba a punto de salir de su casa.

Apenas lo vi lo llamé a lo lejos y crucé la calle.

Le llego a la altura de los hombros, así que mantuve una distancia de un metro para mirarlo directamente a los ojos.

—Luca, ¿qué es lo que estás haciendo?

Sentí el labio inferior temblar.

—Lizzy, ¿qué pasa?

Sus ojos verdes, profundos, fueron dos piedras.

—Pasa que me estás evitando.

—¿Cómo? Por supuesto que no —replicó con tono confuso, la voz precipitada, pero con un matiz de culpabilidad que sí pude advertir—. No te estoy evitando, Lizzy. Sí, es cierto, no hemos pasado mucho tiempo juntos, pero es porque…

—¿Porque Rachel te lo pidió?

—No, claro que no. Ella jamás me pediría algo así —dijo con firmeza y luego desvió la mirada—. Ella sabe que eres mi mejor amiga y, aunque lo hiciera, jamás lo aceptaría. Sabes que sería incapaz de hacerlo. Me conoces, Lizzy.

Inhalé una bocanada de aire. Empecé a sentirme furiosa.

—Porque te conozco, sé que no estás siendo sincero —contrarresté con una octava más alta de voz—. Luca, mírame a los ojos y dime que no estás intentando evitarme.

Entonces él atrapó mi mirada. Sus ojos verdes me traspasaron.

—No lo estoy haciendo.

Luego se marchó.

30 de julio de 2014

Querida Holly:

Luca me pidió disculpas. Dijo que ha estado un poco abatido por el tema de estar a tan solo un año de entrar a la universidad y tener que tomar una decisión tan importante sobre su futuro.

Por eso según él, estuvo actuando de manera indiferente sin darse cuenta.

Me aseguró que nunca ha querido lastimarme con sus acciones y que nada de lo ocurrido ha tenido que ver conmigo.

—Entonces, ¿podemos comenzar de nuevo?

—Para comenzar habría que terminar, ¿no lo crees?

Él me atrajo hacia su pecho y me abrazó. En ese calor me sentí feliz.

—Te quiero, Lizzy.

¿Unas palabras cálidas pueden doler? Sí.

—Yo también, Luca.

«Pero no de la misma manera que tú», pensé.