Lo que se rompió en aquel verano 31Luca
29%

31Luca

Luca

—¿Me puedes decir por qué has amanecido de tan mal humor?

La voz de mi hermano mayor —que va de aquí para allá en busca de unos documentos que dice haberse dejado en algún sitio—, mientras yo trato de concentrarme en la pantalla de mi portátil, me irrita aún más de lo esperado.

Aunque a decir verdad, Kai solo ha tenido la mala fortuna de haber llegado en un mal momento.

Ahora mismo, cualquier cosa —incluso la mirada ajena de un gato— podría molestarme.

Si las emociones fueran visibles en la piel, mi cuerpo entero estaría coloreado de rojo intenso y azul sombrío.

—Porque estoy trabajando, Kai, y tú evidentemente me estás distrayendo —respondo de mala gana mientras sigo leyendo algunos correos—. ¿Tan importantes son los documentos que estás buscando? Porque pareces un poco desesperado.

Lo escucho respirar hondo.

—Sí, son importantes. La semana pasada los metí en una carpeta y la guardé por aquí, así que no pueden desaparecer —murmura con preocupación.

Frunzo el ceño y dejo de prestarle atención a lo que estoy haciendo en la laptop para voltear y mirar a mi hermano con expectación.

Kai se ha detenido con los brazos en jarra mientras sigue recorriendo con la mirada cada rincón, como si estuviera tratando de recordar paso por paso lo que hizo en aquella ocasión a la que se refiere.

—¿Me lo puedes explicar mejor?

Su gesto cambia y, de la nada, sonríe de par en par.

—Pues bien, aquí va: en los últimos días de julio seré un hombre casado —anuncia de golpe y al instante me quedo de piedra, atónito—. Anela y yo hemos estado preparando nuestra boda en secreto desde hace meses, pero ya estamos a nada de anunciárselo a todos, así que…

—Joder, Kai, ¿hablas en serio? ¿Por qué no me dijiste antes? —lo interrumpo al tiempo que me levanto de la silla para abrazarlo con fuerza—. Felicidades, te lo mereces. Tú y Anela son, cómo decirlo, la pareja perfecta. Pero no entiendo: ¿por qué el secreto?

—Así lo quiso Anela. Pero ahora tendrás que disculparte.

Cuando dejo de abrazarlo, suelto la risa.

—Bien, ahora puedes golpearme lo que quieras.

—Oye, pero si no es mucho pedir, ¿te importaría guardar la noticia durante al menos tres días? Las invitaciones aún no están terminadas y Anela se pondrá nerviosa si se entera de que me he saltado las reglas. Ya la conoces.

Le doy una palmada en el hombro. Su sonrisa es el reflejo de la mía.

—Tranquilo, yo aún no sé nada.

—Gracias, Luca.

Sé que debería apartarme de la ventana. No debería estar tan atento a su llegada.

Pero ¿cómo no? Es imposible ignorar el hecho de saber a Lizzy a pocos metros de distancia, como en cada uno de los veranos que compartimos en el pasado.

Cuando éramos niños, el simple conocimiento de su presencia volvía mis días más emocionantes, intrigantes; como si a su lado las horas contuvieran siempre algo nuevo.

La cotidianidad con Lizzy no era parecida a cualquier otra temporada del año.

Con ella cerca los días se sentían diferentes y memorables. Y eso quizá no ha cambiado.

Porque justo ahora, mientras estoy apoyado en el filo de la ventana de mi habitación y paso las hojas del álbum de fotografías que ya nunca le entregué, comprendo que su existencia nunca me será indiferente.

Que pese a estar construyendo una vida en la que la idea de un nosotros ya no tiene cabida, siempre la sentiré como el eco de mi propio nombre.

Pero al mismo tiempo me digo que las cosas en la vida suelen ser así: la mayoría de las veces no somos lo que queríamos ser y tampoco vivimos la vida que queríamos vivir.

En la oscuridad de mi pieza, las luces de la noche se cuelan tenues por las rendijas de las persianas abiertas e iluminan las puertas del ropero y la cámara negra que permanece sobre la cómoda.

Con sigilo me asomo unos segundos solo para comprobar que Henry y Lizzy han llegado a casa.

Me percato del cambio en el rostro del hombre que fue el mejor amigo de mi padre.

Se nota mucho más feliz ahora que su única hija está a su lado.

Y por supuesto, no resalta menos lo que Lizzy desborda a su alrededor, aquello que siempre he visto en ella y que es como un brillo propio. La escena me hace sonreír.

Una parte de mí siempre supo que Lizzy regresaría a sí misma. Ella siempre fue la más valiente de los dos. La más honesta consigo misma.