Lo que se rompió en aquel verano 30Lizzy
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Lizzy

Las guirnaldas de luces amarillas brillan en cada esquina.

Después de la sesión de surf en Baldwin, hemos venido a la cafetería-bar del centro de Paia en la que Oliver se presenta constantemente.

Todos hemos terminado agotados, así que nada mejor que recargar energías con cerveza de barril y ceviche de camarones, tal cual nos recomendó Oliver.

Él, como siempre, estuvo espectacular con el ukelele.

—Sigues pensando en él, ¿cierto?

Volteo hacia Miley y me encojo de hombros.

—No, no es eso. Solo se me hizo extraño que no se haya acercado a nosotros, porque es obvio que sí nos vio —murmuro en voz baja.

En la tarima, otro cantante está a punto de empezar a tocar con su guitarra—.

Creo que todos sabemos que Luca no es así.

Es decir, él nunca ha sido tan antipático con nadie.

Tomo un sorbo de limonada de lavanda. No me ha apetecido tomar cerveza.

—Sí, a mí también se me hizo extraño —concuerda Miley a mi lado mientras se estira para tomar otra porción de ceviche del platón—.

Pero toma en cuenta que ya ha pasado un buen tiempo desde las últimas veces que convivimos y quizás ha dejado de ser el Luca que todos recordamos.

Aunque si fuera tú, no me resignaría. Intentaría volver a hablar con él y entender por qué demonios pasó lo que pasó.

—No creo que todavía le importe.

Intento desvanecer la sensación amarga.

—¿Pero a ti aún te importa?

—No lo sé —admito.

No estoy segura de que Miley me haya escuchado. Y solo porque no quiero seguir rebuscando en el terreno de lo innombrable, decido ignorar el tema y me involucro en la conversación que mantienen los demás. Miley, aunque se da cuenta, no dice nada y lo deja pasar.

Cuando Miley, Havika y Nadia regresan a su hotel, Oliver se ofrece a llevarme a casa en su auto.

La residencia de los Fisher está pasando la calle Kupono, a unos cinco minutos caminando, así que nuestro rumbo es el mismo.

Como es una distancia corta, el trayecto dura un suspiro antes de que Oliver se estacione frente a la casa de Henry.

Mientras me quito el cinturón de seguridad, no puedo evitar echar un vistazo a la casa de enfrente. Tomo mi bolsa de tela y luego me vuelvo hacia Oliver. Pero para mi sorpresa, lo encuentro mirando hacia la misma dirección.

—¿Contigo también ha sido evasivo? —Sigo la mirada de Oliver y me muerdo el labio, insegura—. Oh, cierto, olvidé que ya no son tan cercanos.

Las luces del interior de la casa de los West están encendidas.

El garaje está cerrado, pero es evidente que han regado el césped que cubre todo el patio delantero.

A los costados del porche, algunos arbustos y las plantas en macetas colgantes se notan frescos.

La casa ya no está apagada. Ahora hay vida.

Dejo de mirar en aquella dirección.

—¿Has intentado hablar con él? —susurro—. ¿Sabes por qué ha tomado la decisión de regresar a Paia? Solo sé la versión que todos conocen: que ha querido darse un pequeño descanso de Honolulu. Pero conociendo a Luca, sé que hay más detrás de eso.

—No, aún no he hablado con él. Pero es cierto que Luca cada vez se encierra más en sí mismo. —Oliver lanza un suspiro tendido—. Creo que necesita su propio espacio. De todos modos, sé que él sabe que aún nos tiene a nosotros. Bueno, espero que lo sepa. Me pregunto si deberíamos recordárselo.

Un silencio distinto se instala en la cabina.

—Luca perdió a sus padres. Fue algo devastador —reflexiono con cierta picazón en la garganta—. Creo que aunque él pudo seguir con su vida, esa pérdida lo cambió más de lo que podríamos imaginar.

—Yo lo entiendo mejor que nadie —dice Oliver.

Me limito a asentir. Además de lo ocurrido con sus abuelos, Oliver ha convivido con la pérdida de un ser querido prácticamente desde que nació, pues su madre, Olivia, falleció cuando lo dio a luz. Nunca la conoció, pero la lleva en el propio nombre.

—En fin, supongo que mañana verás a Miley y a los demás —continúa con un tono más abierto, ligero—.

Pero si no tienes nada que hacer, me gustaría invitarte a comer a la casa.

Mi padre invitó a Henry. Molly se ha terminado de instalar en la habitación de visitas y, bueno, ahora sí quiere presentarse con todos en el pueblo.

Todas las evidencias por ahora indican que será mi tía favorita.

Aunque de cualquier manera, mi padre y Molly han acordado hacerse una prueba de ADN en un laboratorio de Kahului en los próximos días.

Intento sonreír, pero apenas lo logro.

—¿Lo dices porque Molly es muy rica?

—No, claro que no. —Oliver se ríe entre dientes antes de acomodarse los rizos castaños que nunca pierden su volumen—.

Pero es una mujer que promete hacer más divertidos los días en casa, ya sabes, desde la muerte de mis abuelos nuestra atmósfera no se sentía así.

Y bueno, si el parentesco existe, los planes de Molly son quedarse en Paia.

—Es una historia de película.

—Lo sé. Es increíble.

—Molly me parece agradable, auténtica —añado.

Oliver lanza un suspiro.

—Sí, yo también lo pienso —concuerda con más ánimo—. Entonces, ¿me llamas si es que puedes venir mañana? Mi padre preparará loco moco .

—Pues por la mañana intentaré escribir un poco y luego iré a la boutique . Ya sabes que he quedado con Henry para ayudarle en mis tiempos libres. Con los chicos me reuniré hasta la noche, así que… sí, ahí estaré. Henry también, ya lo dijiste.

—Perfecto. Entonces… descansa, Lizzy.

—Tú también, Oliver. Gracias por traerme.

Salgo del auto. La humedad del exterior me abraza el cuerpo. Oliver se despide de mí con la mano. Le devuelvo el gesto.

Luego, justo cuando el auto se da la vuelta y se pone en marcha, alzo la mirada hacia la casa de enfrente y vislumbro la silueta de alguien detrás de las persianas abiertas en la ventana del segundo piso.

La habitación de Luca. Sin embargo, desaparece enseguida y por eso no puedo asegurar del todo que haya sido algo real.

Quizá solo son las sombras de la noche. Los resquicios de un recuerdo.