28Lizzy
Lizzy
Miley y Havika han llegado a Paia. Ya se han instalado en el hotel en el que se hospedarán durante catorce días y, como lo esperaba, una gran emoción me recorrió al reencontrarme con ellos, en especial con Miley, con quien nunca perdí comunicación y a quien vi por última vez hace dos años, cuando viajó a Houston con su entonces novio y logramos reunirnos en San Antonio unos días.
Aún recuerdo esas tardes de mayo en las que Miley conoció a mi familia.
—Creo que Anela me odiará hasta el último día de su vida —dice Miley con una pizca de vieja culpabilidad mientras nos ponemos los trajes de neopreno en los sanitarios públicos de la playa de Baldwin.
Ya en las olas nos están esperando Nadia y Havika—.
En el restaurante intenté saludarla, como a todos, pero lo único que recibí fue una bofetada silenciosa.
Lo admito: lo que hice en aquel verano fue una tontería y una imprudencia, pero pensé que ya lo habría superado. Supongo que nunca me lo perdonará.
Aprieto los labios mientras subo la cremallera del traje, que va desde la altura del ombligo hasta las clavículas. Es de una pieza, de manga larga y deja al descubierto las piernas.
—La verdad, a mí no me sorprende —digo a la vez que frente al espejo del lavabo me recojo el cabello en una coleta—.
Anela Gray puede ser la persona más dulce del mundo, como lo era Sky, pero si te metes con ella de alguna forma…
pasa a ser la más rencorosa. En ese sentido, creo que tiene suerte de tener a un chico como Kai.
Él es tan conciliador que lo más probable es que apenas tengan discusiones.
—Sí, ya lo creo —murmura a mis espaldas mientras me aplico protector solar en el cuerpo.
Siempre he tenido la piel sensible, así que necesito dos capas de crema—.
Pero en fin, creo que cuando me case con Bastian, las asperezas se limarán por completo.
Eso espero, porque Malea me parece tan dulce que es una pena no poder compartir mucho con ella.
Kai solo fue un enamoramiento adolescente, nada más.
Miley trata de ocultarlo, pero sé que esto aún le afecta. Por fuera parece ser una persona de fuego sin temor a nada, atrevida y con pinta de chica mala, pero por dentro siempre ha sido más sensible de lo que admitiría con cualquiera, incluso conmigo.
—Todas las personas cometemos errores, Miley, pero no todos tenemos la capacidad de dar segundas oportunidades.
Y aunque cada uno está en su derecho de hacerlo o no, eso pasa a segundo plano cuando sabemos quiénes somos —aseguro mientras guardo mis cosas en la amplia bolsa de tela con estampados de gatos que he traído conmigo—.
Creo que eso debe ser suficiente para estar en paz, ¿no?
Me volteo hacia ella y sonrío. Miley también ha terminado de alistarse.
Como siempre, solo se ha puesto un par de pasadores en los mechones castaños cerca de la frente para que no le estorben la visión.
Su cabello lacio, corto hasta los hombros, no necesita más sujeción.
Su traje de neopreno de manga larga es idéntico al mío y el piercing en su labio inferior brilla como una perla.
—Mejor concentrémonos en tu prometido, porque aún no me creo que vayas a casarte con ese alemán adinerado que conociste hace tres meses.
Te irás a vivir al otro lado del mundo para siempre —continúo mientras salimos de los sanitarios con nuestras bolsas al hombro.
Miley ya me contó que Bastian proviene de una familia bastante rica, dueña de hoteles y restaurantes turísticos en Múnich—.
Pero bien, te entiendo. Cuando el amor llega, lo reconoces, ¿cierto? Eso es lo que dicen todos.
De reojo, la veo sonreír.
—O, mejor dicho, es lo que sientes.
No tengo que preguntar a quién se refiere.
—Lo que algún día sentí —replico con determinación—.
Miley, ¿te importaría no mencionar a Luca en estas dos semanas?
Solo quiero divertirme y pasarlo bien como en los viejos tiempos.
Además, necesito relajarme. Ya te he dicho que estoy un poco oxidada con la escritura.
Lo último que me preocupa ahora mismo son las cosas del pasado.
—Está bien. Seré chica buena. Lo prometo.
Miley se ríe por lo bajo y al instante la observo con gesto malhumorado. Sus ojos marrones relucen divertidos y luego se serenan. El piercing de su labio inferior destella bajo los rayos del sol. Sacudo la cabeza.