Lo que se rompió en aquel verano 27Genevieve
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Genevieve

Es casi medianoche. No debería estar despierta.

Sus padres siempre se aseguran de que duerma temprano, y por eso ha fingido estar dormida cuando su madre fue a verificar.

Sin embargo, la historia que su hermana cuenta en sus diarios se ha puesto más interesante y su curiosidad es algo que no puede combatir; así que mientras Lola duerme extendida debajo de la cama —como siempre, la gata ignora su propia camita—, se acomoda en su sillón favorito y se pone a leer:

Querida Holly:

Estoy empezando a escribir mi primera novela. Llevo apenas diez capítulos e incluso ya sueño con varias escenas que sucederán más adelante. No sé cómo explicarlo: es como si los personajes tuvieran vida propia. Ellos me cuentan la historia.

Grace ya la está leyendo y le encanta.

Luca ha dicho que suena interesante. Me pidió que le mandara los capítulos, pero le dije que lo haré cuando esté terminada.

La verdad es que me da miedo que le parezca ridículo.

Lo único que me anima es lo que Henry me dijo el otro día: «Lizzy, tienes que saber que los primeros trabajos de cualquier escritor o artista siempre serán malos, pero son necesarios para que puedan surgir las mejores obras.

Y para llegar a eso tienes que comenzar».

19 de mayo de 2013

Querida Holly:

El mes pasado cumplí catorce años. Pero me miro al espejo y aún me veo como una niña, solo un poco más alta. En cambio, casi todas las chicas de mi salón parecen mucho mayores. Sé que no todas nos desarrollamos igual y lo entiendo, pero siento algo de inseguridad.

En la escuela hay un par de rubias lindísimas que se burlan cada vez que paso cerca.

Las he escuchado murmurar que tengo cuerpo de niño y que me creo superior solo porque me gustan los libros.

Henry dice que sea más astuta que ellas y no les haga caso.

Grace, en cambio, asegura que me tienen envidia porque soy bonita.

En realidad, no estoy segura. Grace es igual de linda que ellas, incluso un poco más.

25 de mayo de 2013

Querida Holly:

Por primera vez no quiero que llegue el verano.

Genevieve acaba de cumplir un año y está más unida que nunca a mí.

Sí, la voy a extrañar muchísimo, pero sé que el no querer separarme de ella no es la verdadera razón por la que no quiero ir a Paia.

La verdad es que me preocupa lo que Luca pueda pensar sobre mi aspecto.

He crecido y adelgazado, pero sigo siendo como un fideo.

En comparación con Grace y otras chicas, mi cuerpo apenas ha cambiado.

Sé por qué murmuran esas cosas hirientes cuando paso cerca.

Tengo un poco de miedo. ¿Y si Luca piensa lo mismo?

15 de junio de 2013

Querida Holly:

Luca ha crecido, si es posible, un poco más.

Ya tiene dieciséis años y eso empieza a notarse.

Incluso su voz tiene un tono más grave. El nuevo estirón lo ha hecho tan alto que ahora tengo que alzar la barbilla para mirarlo directamente a los ojos.

Ya había sobrepasado a Kai —su hermano mayor mide lo mismo que Oliver y Dylan, y un poco por debajo está Cameron—, pero ahora también ha pasado a Henry y a Benjamín.

Solo Keanu sigue siendo el más alto de todos, pero él mide dos metros, así que es normal.

No creo que Luca lo supere nunca. Aunque esto no es lo que quiero contarte.

¿Recuerdas que dije que tenía miedo? Pues mi pesadilla se hizo real.

Luca no lo dijo de la misma manera que las chicas del instituto, no con palabras hirientes, pero lo dio a entender. Y lo peor de todo es que quizá no se dio cuenta; no supo que en cuestión de cinco minutos hizo añicos mi corazón.

Ayer por la noche, cerca de las ocho y media, estaba sentada en los pequeños escalones del porche cuando lo vi salir de casa.

Ya había cenado con Henry —y él se estaba duchando—, así que sin nada más que hacer, salí un rato a respirar la tranquilidad de la calle.

También lo hice para ver si Luca aparecía.

No lo había visto desde la tarde, cuando fui con Oliver y Cameron a comer unos tacos de pescado en el restaurante de los West, después de una rodada en bicicleta.

Y sí, allí estaba. Luca me vio a lo lejos y se acercó.

Sin decir nada, se sentó a mi lado, su hombro tocando el mío.

Apenas fue un roce, pero no pude ignorar el cosquilleo que subió por el estómago y se perdió en el cuello.

Una vez más me atraparon las sensaciones que he estado tratando de ignorar desde veranos anteriores.

Y fue justo en ese momento cuando con toda la claridad del mundo lo supe: estoy enamorada de mi mejor amigo.

Ya lo sabía, pero ahora que escribo esto soy capaz de admitirlo.

Y me duele tanto escribirlo como saberlo.

—¿Ahora sí me dejarás leer tu primera novela?

De reojo, lo vi sonreír y voltear hacia mí.

Me concentré en las puntas de mis tenis, incapaz de girar el rostro y mirarlo.

Mantuve las manos en el regazo con una tensión diferente.

También me percaté de que Luca estaba recién duchado y se había puesto más colonia de lo usual.

Iba con vaqueros y una camisa blanca arremangada hasta los codos. Se veía bastante guapo.

—Ya te dije que la podrás leer cuando la termine de escribir —murmuré y me detuve un segundo—. Pero para que no te sientas mal, serás el primero en leerla, ¿te parece?

Claro que le mentí. Grace ya la está leyendo.

Entonces, de repente, mi corazón sufrió un pequeño colapso cuando me rodeó los hombros con un brazo y soltó una risita juguetona.

—Lizzy, Lizzy, ¿qué puedo hacer para convencerte? —bromeó—. Ya sé, ¿me dejarías leerla si te invito las veces que quieras nuestro helado favorito? Vamos, sé que no te podrás resistir. Es una propuesta inmejorable.

Él ganó y yo solté la risa. Pero con sutileza, me aparté. Luca no se inmutó y se acomodó el cuello de la camisa, sin percatarse del pequeño caos en mi interior. Tragué saliva y asentí con una media sonrisa, que rápido se desvaneció cuando comencé a encajar las piezas.

—Está bien, acepto tu propuesta —dije como quien no quiere la cosa—. Pero hoy te has arreglado más, ¿no? Quiero decir, te has puesto algo de colonia. ¿Es que me he perdido de un evento importante o algo así?

Luca meneó la cabeza. No quise fijarme en su expresión.

—Eh, no… —hizo una pequeña pausa—. Solo iré a cenar con Rachel.

No tuve que pedir explicación. Sentí cómo algo, por dentro, se derrumbó.

—Oh, ya. Con razón.

—No te lo había contado, pero desde hace poco más de un mes he estado saliendo con ella de una manera diferente —explicó con titubeos y más pausa de la necesaria—. Estamos… experimentando. Solo eso.

Arrugué la nariz y chasqueé la lengua.

—¿Así que ya empezaste a ver atractivas a las chicas?

¿En serio? —pregunté con una diversión que me dolió—.

Sí, por supuesto, ya tienes dieciséis. Pero vaya, suerte que para mí los chicos siguen siendo criaturas desagradables.

Espero que así se mantenga por mucho tiempo, porque sería catastrófico. ¿O me dirás que es bonito?

Luca se rio entre dientes.

—Aún eres una niña, Elizabeth Hall —dijo como si fueran palabras tiernas, y no lo fueron en absoluto—. Pero es mejor así, que no lo entiendas aún. Créeme.

—Sí, vaya que es mejor así.

Tres minutos después, Luca se fue caminando. Y yo tuve que recoger los pedazos que él rompió sin darse cuenta.

21 de junio de 2013

Querida Holly:

He tratado de no pensar demasiado. He tratado de no sentirme triste y olvidarlo. ¿Qué puedo hacer con lo que siento por Luca? Nada, solo escribirlo en estas hojas.

Antier, por la tarde, fui a comer a casa de los West. Estábamos todos en la mesa del comedor cuando, de repente, Luca se levantó y entró a la cocina.

Un minuto después, con disimulo, me disculpé y fui a buscarlo.

Lo había notado un poco callado durante la comida.

Lo encontré sentado en un taburete de la barra, bebiendo un vaso de agua y mirando fijamente las vetas de la madera.

Escuchó cuando entré, porque levantó la barbilla y nuestras miradas se cruzaron.

Su primer gesto fue sonreírme, como siempre. Pero supe que algo no estaba bien.

—Luca, ¿pasa algo? —Me senté a su lado en otro taburete.

—No, nada demasiado importante.

—Entonces sí pasa algo.

Luca dejó de mirarme y apretó los labios.

—Creo que trato de sentir mucho y en realidad no soy capaz de sentir nada —dijo con un matiz sombrío que me incomodó.

No supe qué decir y él lo notó—. Pero vamos, no quiero saturarte con mis cosas.

Mejor, ¿qué te parece si mañana vamos a surfear a Hookipa?

Veré a Rachel al mediodía y luego tendré la tarde libre.

Aunque si es posible, ¿podrías no invitar a nadie? Extraño pasar tiempo a solas contigo.

¿Sabes cómo se siente recibir una bala en el pecho y una explosión de caricias al mismo tiempo? En una sola frase, Luca logró provocarme ambas cosas. Por supuesto, solo pude sonreír como si nada de eso hubiera ocurrido.

—Sí, está bien —susurré y luego me encogí de hombros—. Oye, Luca, ¿qué tanto te gusta Rachel? Están saliendo, ¿no? Supongo que debe gustarte mucho. Solo lo pregunto porque tengo curiosidad de saber cómo se siente.

Luca alzó las cejas y sonrió, divertido. Giró el rostro hacia mí y, en el fondo de sus ojos verdes como el musgo, vi algo que no pude descifrar. Fue tan sutil que quizá lo imaginé.

—Podría explicártelo, pero creo que aún eres algo pequeña para estas cosas, Lizzy —dijo y sentí cómo una raíz de enfado y disgusto creció en mi interior—. Solo puedo decirte que es emocionante y…

—Luca, solo soy dos años menor que tú.

—Sí, pero… eres tú, Lizzy. Tú.

No entendí ese comentario.

—¿A qué te refieres?

Luca suspiró hondo y, de repente, se puso de pie. Se llevó el vaso al fregadero y escuché el agua correr a mis espaldas. Me relamí los labios y volteé sobre mi hombro.