Lo que se rompió en aquel verano 24Luca
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Luca

Kai me ha explicado por qué Lizzy regresó a Paia y sigo impactado.

No es cualquier cosa dejar atrás años de estudios en medicina para cambiar por completo el curso de una vida.

No esperaba escuchar algo así, pero a pesar de la confusión lo primero que he sentido ha sido orgullo.

Aunque antes Lizzy eligió un camino alterno y se aferró a él, en el fondo esto no me sorprende tanto, pues me parece un acto propio de una chica como ella, con un fuego especial en el corazón.

Y es que cualquiera que tenga una profunda pasión por algo podría entender la valentía y el amor que se necesitan para saltar al vacío de esa manera. Incluso yo lo hago.

Sin embargo, hay algo más. De repente todo en mi interior se tambalea.

Todo lo que creía entender ahora está cubierto por una neblina difusa.

Es como si algo invisible, algo que ya estaba resignado, hubiera vuelto a latir.

Porque esto… lo cambia todo; su presencia en el pueblo representa una rendija, una marea y un rugido en medio del silencio.

Todavía intento recuperarme de haberla visto después de más de tres años.

Un tiempo que se ha sentido como una jodida eternidad y, aun así, ahora parece haberse pulverizado.

Me he vuelto consciente de golpe de la herida que su ausencia dejó en cada parte de mí.

Pero si soy honesto conmigo mismo, debo admitir que a pesar de todo siempre la he llevado en las entrañas.

Porque he ido construyendo mis días a base de fragmentos.

Porque he sido un cobarde. Porque sigo eligiendo la seguridad de no enfrentarme al vacío.

Por eso me he anclado tanto al presente, para no regresar al pasado.

Y sin embargo, ¿qué puede decir un pobre hombre como yo de la hermosa criatura en la que Lizzy se ha transformado?

Ella siempre fue hermosa —era consciente de ello incluso cuando intentaba convencerme de que solo la veía como una amiga—, como un cisne, con su cabello oscuro contrastando con su piel nívea y esos ojos de luna, melancólicos y arropados por un puñado infinito de estrellas.

Pero ahora ya no es la niña de mis recuerdos, ni siquiera es la misma jovencita que vi en aquella última Navidad.

Se ha convertido en una mujer de veinticuatro años que podría inspirar la cumbre de la belleza y la seducción.

La noté más esbelta, un poco más alta, con caderas más anchas… Las curvas de su cuerpo, como olas de mar, las sentí en las puntas de los dedos. Sus rasgos se han delineado más: las cejas pobladas, los labios delgados, el lunar escondido en el centro de el mentón…

—¿Tanto te ha afectado la noticia? —Kai espera, pero no contesto—.

Luca, sé que no te gusta hablar sobre este tema, ha sido evidente para todos y por mi parte lo he respetado.

Nunca te he cuestionado nada, pero creo que necesito saber si ustedes dos están bien.

Me preocupa. Solían ser los mejores amigos del mundo —dice a mi lado mientras, sentados en la barra de la cocina, me tomo una cerveza y él una gaseosa que hemos sacado de la hielera que siempre lleva en su camioneta—.

Mira, no te pido que me cuentes lo que sea que haya pasado entre ustedes, aunque creo que puedo adivinarlo.

Solo me parece triste que un par de amigos de toda la vida como ustedes se hayan alejado tanto.

Los dos se vieron el uno al otro como si hubieran visto a un fantasma.

—¿Y qué es lo que crees adivinar? —lo digo con tono seco. Le doy un trago a la cerveza.

—Sentimientos. Intervinieron los sentimientos, ¿verdad?

—sugiere, y al instante chasqueo la lengua—.

No me vas a decir que Lizzy nunca te gustó ni un poco.

Y tú me lo dirás, pero lo que sí me parece extraño es que nunca lo hayas admitido abiertamente.

De hecho, yo esperaba que entre ustedes sucediera algo parecido a lo mío con Anela.

Pero tú empezaste a salir con esa chica, Rachel, y…

ya sabes, nunca ocurrió la historia que la mayoría nos imaginábamos. Porque sí, hermano, parecía algo obvio.

Inspiro hondo. Dejo pasar largos segundos.

—Tienes razón, Kai. —Dejo la cerveza sobre la barra y fijo la mirada en las vetas de la madera solo para centrarme en algo—.

Supongo que a estas alturas ya no importa admitirlo, así que…

sí, la verdad es que Lizzy me gustaba, y estuve enamorado de ella durante mucho tiempo en silencio, desde antes de lo que podrías imaginarte.

Siempre fue ella, incluso cuando comencé a salir con Rachel.

—¿Y qué pasó? ¿Por qué nunca lo intentaste? ¿Nunca se lo dijiste?

Los recuerdos llegan con fuerza y tambalean las edificaciones que he construido. Las imágenes, como destellos, se pierden en algún punto de mi conciencia.

—Creo que Lizzy nunca me vio de esa manera —explico antes de beber el último trago de cerveza—.

Es cierto, yo nunca le confesé mis sentimientos, aunque varias veces lo intenté, pero las cosas pasaron de tal forma que las respuestas llegaron sin necesidad de formular las preguntas.

Supongo que por eso nunca me atreví a decírselo.

Kai sorbe de su bebida. Hace una mueca de desagrado.

—¿Y esa fue la única causa de que se distanciaran? —pregunta, como si lo que estuviera diciendo fuera absurdo y las piezas no encajaran—. ¿Acaso te alejaste para tratar de olvidarla o una mierda de esas?

—Por supuesto que no. —Apoyo los codos en la barra y me froto la cara.

—Entonces, ¿qué mierda pasó?

—Deja de decir mierda —señalo con el ceño fruncido—. Tú eres el hombre más correcto del planeta y nunca dices mierda tantas veces. Es raro escucharlo.

Kai se ríe entre dientes.

—¿Otra cerveza?

Solo asiento con la cabeza. Enseguida la saca de su hielera, la pone sobre la barra y me la pasa. Yo abro la lata, pero no le doy ningún trago.

—El caso es que no. Esto que te cuento pasó cuando éramos adolescentes y nada de eso hizo que nos alejáramos.

En realidad, me resigné a que lo nuestro no podría existir, y luego…

papá y mamá se fueron. —Le doy un buen trago a la cerveza—.

Supongo que los sentimientos dejaron de ser tan importantes y, con el paso del tiempo, nuestras vidas empezaron a cambiar.

Ella entró a la universidad, yo me adentré en mi vida en Honolulu.

En fin, creo que todo influyó para que las cosas dejaran de ser como eran.

Ni siquiera hubo una ruptura, algo que provocara un disgusto o una despedida. No, solo así pasó.

De reojo, veo a Kai apretar los labios.

—Siempre hay algo que provoca las fracturas.

—Kai, ya no importa. Además, estoy con Blair.

Las palabras, como la cerveza, me saben amargas.

—Si así lo quieres creer…

—Así es.