Lo que se rompió en aquel verano 18Genevieve
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Genevieve

Son casi las cuatro de la tarde. Está un poco retrasada para su clase de tenis.

Encima, a su madre aún le tomará al menos veinticinco minutos llegar al club deportivo especializado en tenis de nivel juvenil en el que todos los miembros de su familia tienen membresía, incluidos los abuelos maternos y la familia de la tía Violet.

Cuando su madre o su padre tienen días libres, ellos van a dejarla; y cuando no, lo hace alguno de los abuelos.

Esto es así porque por ahora no tienen chofer y, por otra parte, ni Margo ni Fiona saben conducir.

En los asientos traseros de la Range Rover, con el cinturón puesto y las líneas de «Let It Be» de fondo reproduciéndose en el estéreo, se pone cómoda para leer un poco más:

Querida Holly:

Este verano se siente diferente. No sé qué es lo que ha cambiado, pero siento que hay algo nuevo en los colores de las calles, en los libros que leo, en el cielo y sobre todo, en los ojos de Luca.

Siempre me han parecido muy bonitos, parecidos al tono del musgo —con ese anillo dorado rodeando la pupila debido a la heterocromía—, pero desde el primer día de este verano hay algo en ellos que me intranquiliza.

No puedo describirlo, pero allí está la sensación, como un suspiro invisible cada vez que nuestras miradas chocan.

Ayer salimos a dar un paseo en bicicleta por las calles del pueblo y debido a una piedra que no vi en el camino, sufrí una pequeña caída.

Luca se asustó mucho. Tiró su bicicleta a dos metros de distancia y corrió hacia mí.

Yo me quedé sentada en el asfalto, con la mirada fija en el hilillo de sangre que corría por mi rodilla, conteniendo las lágrimas, hasta que Luca llegó a mi lado.

Suelo llevar en mi mochila algunos artículos de primeros auxilios, de modo que él sacó de allí lo necesario para limpiar mi herida y hacerme un vendaje improvisado.

Cuando terminó, me alzó la barbilla con los dedos y me observó con preocupación:

—Lizzy, si te apoyas en mí, ¿crees que puedas caminar hasta la tienda de la esquina? Ahí podrás descansar hasta que llegue Kai o mi padre. Iré a pedir ayuda para que se lleven las bicicletas. No estamos muy lejos de casa, pero no quiero que hagas ningún esfuerzo.

No entendí muy bien sus palabras. Sus ojos verdes me distrajeron. Me sentí ridícula. ¿Es porque estoy creciendo? Ya tengo doce años y Luca catorce. Estamos dejando de ser niños cada día. Él se ha vuelto mucho más alto. Ahora le llego al hombro.

16 de julio de 2011

Querida Holly:

Esta mañana, Luca, Oliver y Dylan me invitaron a jugar baloncesto en la cancha pública de la bahía de Paia.

Sky y Rachel ya no se reúnen tanto con nosotros porque ahora están un poco más interesadas en otras cosas.

Cameron, por su parte, está de vacaciones con su familia paterna en Honolulu.

No lo he visto desde el verano anterior y, por lo que sé, ya no le gusta Sky.

Aunque no conozco todos los detalles, me enteré de que ella lo rechazó cuando se le declaró hace dos meses.

Y bueno, Oliver no es fan del surf, así que no suele venir cuando vamos a la playa, a menos que el plan sea algo que disfrute, como el baloncesto en este caso.

En fin, yo nunca me niego a ninguna actividad que los involucre a ellos.

Por eso les sorprendió a todos que esta vez lo haya hecho.

Aunque ninguno insistió. Ni siquiera Luca.

20 de julio de 2011

Querida Holly:

Miley ha llegado a Paia. Su padre y ella ya se han instalado en casa.

Se quedarán tres días, así que hemos planeado subir juntas a la cima del Haleakala para ver el amanecer.

Eso será mañana. Hoy preferimos pasear por el pueblo y nos encontramos con Sky y Rachel en una cafetería del centro.

Nos invitaron a pasar la tarde con ellas, pero nos excusamos diciendo que ya teníamos otros planes. Al menos no se molestaron.

Luego nos reunimos con los chicos. Miley se lleva bien con todos ellos, así que nunca tiene problemas para integrarse y es como si a diario conviviera con nosotros. Es un alivio tener a Miley como mi mejor amiga aquí en Maui, porque puedo compartir con ella lo que me está pasando últimamente.

—Lizzy, creo que te estás contagiando como las chicas de mi escuela.

De repente los niños les llaman la atención y se ponen nerviosas.

—Apretó los labios y arrugó la nariz, como si oliera orines de gato; su piel aceitunada brillaba bajo el sol—.

A mí ellos me siguen pareciendo criaturas repugnantes, así que lamento esto.

En serio, ¿qué tiene Luca de diferente? Yo lo veo igual que siempre, solo que más alto, como un fideo.

A menos que él te haya empezado a gustar.

Eso les ha pasado a muchas de mis amigas en Lahaina, pero espero que nunca me suceda.

No podría enamorarme de alguien que eructa y se echa gases todo el tiempo.

¿Luca gustarme a mí? Enrojecí por completo y quise que me tragara la tierra.

—No, Luca no me gusta. Él es mi amigo y los amigos no se gustan —aclaré rápidamente. Recogí mi mochila de la arena y me sacudí los pantalones cortos—. Creo que me estoy desmesurando al respecto.

Miley frunció el ceño y sus ojos marrones se entrecerraron.

—¿Desmesu… qué?

—Olvídalo —le pedí.

03 de agosto de 2011

Querida Holly:

Ayer, Henry y Keanu nos llevaron a la playa de Baldwin.

Allí nunca me pierdo ningún plan: es mi playa favorita, y también la de Luca.

Esta vez solo fuimos Kai, Anela, Luca, Manu y yo.

Hicimos un picnic para pasar la tarde y descansar.

Fue un día caluroso y húmedo, con vientos suaves.

Todos surfeamos. Luca estuvo conmigo casi todo el tiempo.

Y aquí viene la buena noticia: creo que he logrado dejar de lado lo que me inquietaba.

He decidido ignorarlo y parece estar funcionando.

Luca es el mismo de siempre y yo también. Aunque tal vez no tanto…

Cuando salimos del mar, Luca se alejó del grupo y se quedó un rato en cuclillas en la orilla de la playa.

Su padre no le quitaba los ojos de encima —creo que todavía se preocupan desde que casi se ahoga en Hookipa—, pero no se acercó.

Es casi evidente que él está abriendo una pequeña brecha con sus padres, encerrándose en sí mismo como la mayoría de los adolescentes.

Pero bueno, aunque quisiera, no me atrevo a sacar este tema con él, y es que no quiero juzgarlo, pues puede que en unos años yo también lo entienda.

Además, al menos conmigo, Luca no ha cambiado en nada. Supongo que soy afortunada.

En algún momento, cuando ya no pude soportarlo más, caminé sobre la arena y me senté a su lado, en cuclillas al igual que él. No volteó a mirarme; tan solo contemplamos juntos el latido del océano. Pero no me sentí incómoda y también supe que a él no le molestó mi presencia. Estoy segura.

26 de agosto de 2011

Querida Holly:

Mamá está embarazada. ¡Voy a tener una hermanita!