Lo que se rompió en aquel verano 17Lizzy
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Lizzy

—En verdad que te he echado de menos, Lizzy.

—Y yo a ti, Miley, ni te imaginas —digo mientras me dejo caer boca arriba sobre la mullida cama.

Ha terminado un día más en Paia en compañía de Oliver por la mañana y con menos de doscientas palabras nuevas en el Proyecto otoño .

En fin, un martes para olvidar—. Ya son más de dos años desde la última vez que nos vimos.

¿En qué momento pasó tanto tiempo? La vida va tan rápido que empieza a asustarme.

—Ni lo menciones. Pero fíjate que aún no puedo regresar a Paia sin recibir las miradas y comentarios mordaces de Anela. Creo que haga lo que haga va a odiarme para siempre.

Hago una mueca al recordarlo. En el último verano que pasé en Paia, Miley bebió lo suficiente como para pararse frente a Kai y besarlo en la boca, para después confesarle que él siempre le había gustado.

Por supuesto, a su novia no le gustó nada.

Anela se molestó con justa razón. Al día siguiente, sin embargo, Miley les juró a ambos que había sido una tontería y que nada de lo que había dicho era verdad.

—Pero bueno, tengo que decirte que al parecer el universo se ha puesto de nuestro lado, porque esto ya lo tenía previsto desde antes, y ahora con tu regreso será muchísimo mejor —continúa Miley con palpable emoción al otro lado de la línea—.

Resulta que con Havika y una amiga, Nadia, planeamos hace un mes unas dos semanas de vacaciones en Paia.

Havika tiene el corazón roto porque su novio rompió con él, así que pensé que distraerse un poco le vendría bien.

Esto significa que llegaremos el próximo sábado.

De hecho, conseguimos una promoción increíble y ya tenemos nuestra reservación en el hotel.

Me incorporo en la cama de golpe.

—¿De verdad? Vaya, no sé qué decir, eso está genial —murmuro, sorprendida, y ella suelta una risita—.

Hay mucho en lo que ponernos al día y hablar.

En verdad tengo muchas ganas de verte. A Havika también.

Los he echado mucho de menos. No tienes idea, pero estoy feliz. Creo que todo se está acomodando.

—Lo sé. Incluso tengo algo bajo el brazo que no te conté la última vez que hablamos porque, bueno, es algo reciente y lo suficientemente importante.

La escucho con atención mientras me levanto de la cama y salgo de mi habitación para ir a la cocina por un vaso de agua.

—En fin. Sobre el tema de Luca… ¿Hay alguna novedad aparte de la ley de hielo que mantienen desde hace una eternidad? ¿Él ya sabe que estás en Paia?

—Ninguna novedad desde ese último mensaje —interrumpo—.

De haber alguna, ya te lo habría contado —sigo con un hilo de voz, sin dejar entrever ninguna emoción—.

Pero no, él aún no sabe que estoy aquí. Dicen que ya no viene mucho desde hace tiempo.

Aun así, bueno, yo… les he pedido a todos, en especial a Kai, que guarden la noticia de mi regreso con la excusa de que quiero que sea sorpresa para los que aún no están enterados.

Pero en realidad es solo porque no quiero que Luca lo sepa.

Aunque ya sé que tarde o temprano volveremos a vernos. Es inevitable.

Escucho el suspiro de Miley. Ella es la única persona con la que aún hablo sobre este tema. Con nadie más lo hago, ni siquiera con mis amigos de San Antonio.

—Sigo sin comprender por completo lo de ustedes, Lizzy.

Fue tan extraño. Aunque eso sí, siempre seguiré diciéndote que lo que ocurrió en ese verano debieron haberlo hablado a fondo, y tú debiste haberle dicho la verdad.

Nunca se lo confesaste. ¿Te has preguntado qué habría pasado?

¿Cuál habría sido su respuesta en tal caso?

Es inevitable que el eco del recuerdo me acaricie.

Apoyo la cadera en el borde de la encimera y fijo la mirada en la casa de enfrente, la cual se perfila a través de la ventana de la cocina.

Sé que la cortina del garaje guarda la combi Volkswagen de Luca.

Lo sé porque él nunca se la llevó a Honolulu, y tampoco se atrevió a venderla al ser un regalo de su padre cuando cumplió dieciocho —Luca tiene una historia similar a la de Henry con el abuelo Alfred—.

Las luces del porche están apagadas y el silencio debe reinar en sus paredes.

Por fuera, parece ser la misma casa de siempre, pero está muy lejos de serlo.

Keanu y Martha no saldrán jamás por la puerta principal.

Esa casa ahora es un cementerio de recuerdos.

—Miley, en realidad ya no tiene importancia tratar de comprender cosas del pasado —determino y cierro las persianas grises con cierta incomodidad—.

Durante un tiempo quise respuestas, pero a estas alturas ya no las necesito.

Algunas cosas pasan y a veces no son como hubiéramos querido, pero eso no cambia nada. Aceptarlo es parte de la vida, supongo.