Lo que se rompió en aquel verano 16Luca
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Luca

Esta es una de esas noches que suelo disfrutar.

Es lunes. No hay tanta gente como en el fin de semana, aunque hay casi el mismo bullicio, pues dentro de un cuarto de hora empezará uno de esos partidos de fútbol americano que a todo el mundo le encanta mirar por televisión.

Con Elijah, Callum y Archie he venido al mismo bar de siempre de Waikiki, la zona más animada de la costa sur por sus playas para practicar surf y experimentar la vida nocturna.

En este sitio, un poco alejado del mar, solemos quedar al menos una vez por semana para tomar algunos tragos y ponernos al día.

Los cuatro hemos estudiado en la misma facultad, aunque Callum y Archie no terminaron la carrera.

El primero se hizo modelo, y el segundo se quedó trabajando con su padre en su pequeño negocio de servicios turísticos.

Elijah, por su parte, es el administrador actual del restaurante de sus padres —aunque odia la cocina, tuvo que aceptarlo como parte de su vida al ser hijo único— y también trabaja en línea para varias editoriales de renombre, lo que no sorprendió a nadie, pues el diseño es su gran pasión.

En suma, todos están satisfechos con sus propios caminos. Supongo que yo soy el único que no.

Sí, es cierto. Tengo un trabajo estable y hago suficientes de las cosas que me gustan, como el surf, el dibujo y la fotografía.

No he dejado atrás mi afición por la música de U2 y Michael Jackson, y mi vena cinéfila por las películas de acción sigue viva.

Incluso, de vez en cuando, sigo viendo cualquier tipo de material sobre Batman.

Aunque nunca hallé una verdadera pasión por algo, esto debería ser suficiente, pero no lo es. Ese es mi gran problema.

Luego está el miedo que no traduzco: la sensación de no encontrar lo que se busca. Podría englobar todo esto en una sombra gris que como un centro de gravedad orbita mi propia existencia. No tiene nombre ni forma, pero existe.

El ruido de la transmisión en vivo en las múltiples pantallas, las voces entremezcladas de los clientes y el aroma a licores y comida variada impregnan el lugar.

Quiero dejar de pensar en las cosas que me afligen en vano, así que trato de concentrarme en el partido, que ya ha comenzado, y en el sabor amargo de la cerveza de barril que estoy tomando en la barra.

A mi costado derecho están Elijah y Archie, encapsulados en lo que se muestra en la pantalla, mientras que Callum, por lo visto, ha entablado una conversación con una hermosa rubia a pocos metros de nosotros. Emplea bien sus dotes y lo disfruta.

—Así como van las cosas, Luca, creo que tú serás el primero en casarte —bromea Archie, mirándome de reojo mientras se inclina hacia adelante, ya que Elijah, quien esboza una sonrisa ancha al escucharlo, se interpone entre los dos—.

Estoy seguro de que la noticia llegará este mismo año.

Por eso disfruta más de estas noches de soltería. Mira a Callum. No pierde el tiempo.

Niego y suelto una risotada seca.

—Blair aún está lejos de pensar en el matrimonio.

—Pero supongo que ya lo han hablado.

—En absoluto, Archie.

Tuerzo una mueca y tomo un gran trago de cerveza.

Elijah finge no prestarnos atención.

—Espera, ¿te he molestado?

—No, no exactamente.

—Lo siento, amigo.

Le pido otra cerveza a la barista. Los minutos pasan y el tema se olvida rápido, ya que hay suficientes estímulos alrededor para hacerlo.

Callum vuelve y decide pedir una porción de pollo Maui como aperitivo para todos, además de una orden de nachos con queso.

La atención del grupo se centra en el partido, pero cuando Callum y Archie entran en un pequeño debate sobre equipos —ellos son los más obsesivos y apasionados al respecto—, Elijah, quien es más sereno y sensato que los demás, incluyéndome, me empuja el brazo con el codo para llamar mi atención.

Casi sé por dónde me abordará.

—Lo anterior debería decirte algo, ¿no crees?

La piel blanca de su cuello contrasta con su cabello castaño, que está casi al ras de la nuca y nunca deja crecer más allá de dos centímetros.

Elijah es de complexión ancha, también es el más alto de todos —yo estoy cerca del metro noventa, pero él alcanza casi los dos metros—, así que podría intimidar a cualquiera con su robusto cuerpo.

Al menos, en primera instancia, porque la contradicción de su aspecto está en los rasgos suaves de su rostro aniñado.

—¿A qué te refieres?

Él se encoge de hombros.

—Sinceramente, no te veo muy convencido con Blair, ya lo sabes —opina con mesura y cierta inquietud, como un amigo que se preocupa por la situación del otro—.

¿De verdad estás con ella porque la amas o solo aceptas lo que crees que es conveniente?

Respeto tu vida, amigo, pero no puedo mentirte sobre lo que veo.

Mira, yo estoy soltero y disfruto de lo que esa libertad me permite, pero solo me atrevería a cambiar mi soltería por algo que sea tan real que no tenga ni una sola duda al respecto.

—Elijah Ferreira siempre sabe cómo dejarme sin palabras, sobre todo porque ahora más que nunca puedo notar todas las carencias que tenía mi relación con Blair—.

No me respondas nada, solo piensa en ello.

Entonces Callum nos anima a ser parte del debate y yo se lo agradezco en silencio.