Lo que se rompió en aquel verano 14Luca
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Luca

—¿Acaso no confías en mí? —Manu se deja caer en el sofá más ancho. Trata de disimularlo, pero noto que se siente herido.

Aunque siempre conserva una fachada animada y despreocupada —no es tan cauto e inaccesible como yo me he vuelto—, sé que debajo de ello se esconde el chico más sensible e inocente que conozco.

Aunque ya tiene veintidós años y está por concluir una licenciatura para luego entrar a la escuela de derecho, en el fondo sigue siendo el chiquillo de dieciséis años que perdió a sus padres de un día para otro.

El niño que no los acompañó y solo por eso se salvó.

Una decisión contraria habría significado la muerte.

—No, claro que no —se responde a sí mismo.

Nos encontramos en el vestíbulo del hotel.

Es lunes y está por anochecer. Nuestras jornadas están terminadas —la suya en las materias de verano que está tomando en la universidad y la mía en la agencia— y ahora tenemos tiempo libre.

Algo que me gusta de mi trabajo es que entro poco antes del mediodía y salgo antes del crepúsculo.

Mientras Manu espera un pedido de comida, yo estoy haciendo un poco de tiempo antes de encontrarme con Elijah y los demás —el grupo de amigos que frecuento y se formó en la época universitaria— en un bar de Waikiki.

Pero en realidad, me he detenido porque quería hablar con mi hermano.

Ahora que Blair ha terminado conmigo —cosa que no le he contado a nadie—, la idea de irme un tiempo ha tomado más fuerza.

Lo único que me preocupa es el presente de Manu.

—Sí, confío en ti, pero sigues siendo mi hermano menor —contesto mientras estoy de pie, apoyado en uno de los muros de piedra del interior.

Meto las manos en los bolsillos de los pantalones de mezclilla y me concentro en las pantallas brillantes que están pegadas a las paredes cerca del área de recepción y que muestran información detallada sobre el hotel—.

Aún estoy analizando si esto de verdad me es necesario.

Lo escucho resoplar.

—Yo te respondo: es necesario. Y para Kai y los demás será una bonita sorpresa, sobre todo para la pequeña Malea —replica Manu, antes de revolverse con una mano el cabello rubio, corto y más claro que el mío, para luego sacudir la cabeza y cruzarse de brazos—.

Aquí siempre tienes cara de culo, Luca. Podrás decir lo contrario y repetirlo mil veces, pero ambos sabemos que en Honolulu no está lo que quieres, así hayas decidido hacer tu vida aquí.

No eres feliz, y es evidente que tampoco eres tú mismo, pero ahí no puedo decir nada porque yo también estoy descubriendo esa parte.

Aún no sé cuál es mi lugar en el mundo y qué hacer para descubrirlo.

—Manu, no me hagas enfadar.

—Es la jodida verdad, y ya te dije que por mis asuntos no tienes por qué preocuparte.

En estos meses que llevo de terapia no he tenido ni un solo desliz.

Dije que iba a superarlo, y es lo que estoy haciendo.

No quiero esta mierda. —Esboza una sonrisa burlona.

Sus ojos marrones, idénticos a los de mamá, se entrecierran—.

Mira a Theo: es un tipo sofisticado y arrogante, pero es la mierda que es y no otra cosa —despotrica, señalando con las cejas hacia la entrada principal.

Luego vemos a Elikai y a nuestro primo entrar en el hotel y como siempre, el contraste entre ellos dos resalta como una pegatina: mientras el primero luce un estilo playero y bohemio, el segundo presume una vestimenta elegante con saco incluido de alta gama y gafas de sol que podrían costar un ojo de la cara—.

La verdad es que por eso lo envidio un poco, aunque no anhelo en absoluto ser como él.

Pero claro, es afortunado porque aún tiene a sus padres.

Elikai nos ve y alza la mano para saludarnos. Theo, como siempre, va ocupado y solo inclina la cabeza antes de seguir de largo. Yo fuerzo una sonrisa a medias.

—Ambos estamos de acuerdo en que todo sería muy diferente si ellos aún estuvieran aquí —afirmo, sin dejar entrever ninguna emoción en mi tono de voz—. Pero esto es lo que hay, Manu, y supongo que debemos avanzar con lo que nos queda.

—Creo que tú tienes más miedo que yo, ¿sabes?

Giro el rostro y frunzo el ceño.

—¿A qué te refieres?

Mi hermano se levanta del sofá con agilidad en cuanto Elikai lo llama a lo lejos. Pero antes de avanzar, me mira a los ojos y solo dice:

—Miedo de perder a los que amas.