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Genevieve
Por fin, después de un extenso viernes, tiene tiempo a solas.
Sonriente, se echa en el sillón favorito de su pieza.
Su gata Lola, en cambio, prefiere acurrucarse debajo de su cama.
Aunque tiene su propia camita en la esquina de la habitación, la felina prefiere la frescura del piso.
Con el pijama ya puesto, prende la lámpara lateral, acomoda una almohada debajo de la nuca y comienza a leer:
Querida Holly:
Hoy Luca cumplió doce años. Le he enviado un regalo por paquetería: un sobre con una carta de cumpleaños, unos cómics de Batman y también una colección especial de la mayoría de las películas que se han hecho del personaje hasta ahora.
El Hombre Murciélago sigue siendo su superhéroe favorito, así que le ha encantado.
Luca solo puede leer libros que contengan imágenes.
Me ha llamado y me ha dado las gracias, y también me ha contado lo que le ha obsequiado su padre, Keanu: una cámara profesional.
Luca ha descubierto que le gusta la fotografía.
25 de abril de 2009
Querida Holly:
Hoy cumplí diez años. Como en casi cada uno de mis cumpleaños, Henry viajó desde Paia para quedarse en San Antonio unos días y celebrar conmigo.
A la reunión han asistido mis amigas del colegio —Jane, Mackenzie y Dakota—, mi querida tía Violet, mi prima Phoebe y el tío Joshua —la hermana menor de mi madre es una de mis personas favoritas, porque muy aparte de su papel como abogada al igual que su marido, también le encanta la repostería y además pinta cuadros al óleo que luego dona o vende a galerías pequeñas—.
También los abuelos George y Katie, los únicos que tengo y conozco, ya que el abuelo Alfred murió antes de que yo naciera, y la abuela Adelaide…
bueno, debe estar en algún sitio de Australia con aquel extranjero por el que decidió abandonar al abuelo y a sus propios hijos, cuando Henry tenía dos años y el tío Patrick cuatro.
Aunque podría decir que el hermano mayor de Henry y su única hija, Astrid, son casi unos desconocidos para mí, pues se fueron a vivir a México hace mucho tiempo.
En fin, la presencia que más espero es la de Henry.
Él es un padre genial, increíble. El mejor.
Aunque algo callado y tranquilo, es interesante y especial.
Me gusta Henry porque no me regaña muy a menudo y tampoco me dice que lo único que debería importarme son las buenas calificaciones, porque es especialmente reflexivo y le gustan las cosas que son aburridas para la mayoría —por ejemplo, es capaz de disfrutar de una tarde entera leyendo historias de misterio de Agatha Christie y suele tener como mejor plan el salir a dar una caminata por la playa—, porque siempre me cuenta sobre la sutil voz del corazón y la importancia de escucharla.
Henry me ha regalado una edición ilustrada en tapa dura de mi libro favorito —el que he releído incontables veces—: El principito , de Antoine de Saint-Exupéry.
Es una edición tan bonita que ni siquiera quiero desgastarla con más releídas, pero Henry insiste en que eso no debe importarme y que acaricie sin miedo cada una de sus páginas.
También me ha obsequiado un cuadernillo en el que podré escribir fantasías.
Me ha dicho que en sus hojas rayadas podría escribir mis primeros textos.
Le he dicho que yo leo y no escribo. Bueno, solo escribo este diario.
Aun así, Henry tan solo ha sonreído y ha dicho lo siguiente: «La soledad me ha enseñado a percibir lo que hay en el interior de las personas, antes de que incluso ellas mismas sepan de qué están hechas».
No he entendido del todo bien lo que dijo.
Justo después, Henry me dio el obsequio de Luca —él nunca está físicamente presente en mis cumpleaños, pero siempre encuentra la manera de sentirse cerca—: Un libro de poemas con una pequeña dedicatoria escrita con su propia letra: «Para la niña más inteligente del mundo que por obvios motivos adora las palabras difíciles y rimbombantes.
Por favor, haz que pasen rápido los días y llegue el verano cuanto antes.
Tengo una lista interminable de lo que haremos en los próximos meses y como ya sabes, las aventuras siempre son más divertidas cuando estás tú.
Solo no vayas a decírselo a Oliver y a los demás.
También estoy creando un álbum de fotografías. Te va a encantar».
27 de julio de 2009
Querida Holly:
Henry tenía razón. Me gusta mucho escribir.
Creo que de grande podría ser escritora.
Este verano he descubierto lo que él ya sabía, y me está apoyando en mi nueva e intensa pasión.
Después de pasarme casi todas las noches de estas últimas semanas escribiendo relatos en mi cuadernillo —luego de terminar exhausta por las aventuras del día con Luca y los demás—, Henry me ha hecho un escritorio de madera para que pueda escribir sin que nadie me moleste en mi propia habitación durante lo que resta de este verano.
Ya te había dicho que es el mejor papá del mundo.
En cuanto a Luca, él es uno con su cámara.
Ha dejado un poco de lado su tabla de surf.
Me ha hecho muchas fotografías. Ya parece todo un profesional.
Además, tengo varias novedades que anunciarte:
Ya soy una mejor surfista gracias a las lecciones que he estado tomando desde los últimos dos veranos. Aún no soy tan buena como Luca, pero ya no necesito ayuda.
Kai y Anela, ambos ya con diecisiete años, se han hecho novios. Aunque para nadie ha sido una sorpresa, ya todos lo veían venir.
Todos dicen que a Cameron le gusta Sky. Yo aún tengo diez años, como Miley, y todos los demás tienen doce. Tal vez por eso aún me da risa y es incomprensible para mí, pero supongo que el rumor es cierto porque Cameron siempre quiere estar al lado de Sky. Lo digo en serio.
06 de agosto de 2009
Querida Holly:
Miley se ha quedado en Paia tres días. Llegó con su padre y su primo Havika de sorpresa.
Con Sky y Rachel la paso bien, pero con Miley me siento el doble de bien.
Ella es mi mejor amiga en Maui. Cada vez que nos vemos pasamos a ser uña y carne, como lo soy yo con Luca cuando ella no está, pero creo que a él no le hace tanta gracia.
Lo he visto en sus gestos esta mañana, aunque no he dicho nada.
Es ridículo que se ponga celoso por Miley. Ella no está siempre con nosotros.
Por el mediodía, lo bueno, ha borrado esa cara.
Y es que los Dunn nos invitaron a una pequeña excursión.
Fuimos todos en la camioneta de Kalam y llevamos ropa extra y bocadillos ligeros.
Tomamos la carretera camino a Hana y contemplamos desde la batea hermosos acantilados con el océano Pacífico como fondo y los incontables árboles de kukui que crecen cerca de las montañas.
Después de un corto trayecto, llegamos a Twin Falls, un lugar de naturaleza, cascadas y pozas, y así, luego de comprar bebidas en el quiosco de la entrada —todos pedimos batidos de piña— y cubrirnos de repelente, caminamos a lo largo de un sendero muy húmedo durante unos quince minutos hasta llegar a una de las cataratas donde nadamos durante un rato.
El agua estaba fría, pero casi ni lo sentía.
Pero bueno, aquí va lo interesante: en cierto momento, cuando todos disfrutaban, salí del agua y tomé asiento en la orilla junto a la hierba.
El sol nos miraba desde su punto más alto y había unas cuantas personas aparte de nosotros cuando me puse a observarlo todo: las bromas de Miley, las risas sordas de Havika que se perdían en el agua, el gesto relajado de Kalam, el reflejo brillante del agua y…
la cercanía de Luca, quien salió y se sentó a mi lado sin decir nada.
Él se volvió parte de mi burbuja y fue una sensación extraña. Sentí la necesidad de escribir algo. Ese pequeño rincón verde y azul tenía magia, y yo pude sentirla.
—Lizzy, creo que quisiera ser como tú.
Volteé hacia Luca y lo vi un poco serio.
—¿Qué dices?
Fruncí el ceño, confusa. Luca respiró hondo, pero no me miró.
—No eres como cualquier otra niña. Eres demasiado inteligente, pero sobre todo, sientes demasiado y ves las cosas como si fueran más extraordinarias de lo que son, como si tuvieran algo oculto que los demás no podemos ver —explicó con sencillez, como si fuera algo que ya hubiera reflexionado muchas veces—. Por eso me gustas.
Fueron palabras que no me esperaba. Me quedé congelada y no supe qué decir.
Sin embargo, pensé: «¿Te gusta eso de mí o yo te gusto como a Cameron le gusta Sky?
». Casi entré en pánico, porque no pude entenderlo.
Aún sigo sin hacerlo, pero después Luca actuó igual que siempre.
Tal vez ni siquiera dijo eso. Lo más probable es que haya escuchado mal.
25 de octubre de 2009
Querida Holly:
Ha pasado un largo tiempo. Lo lamento, pero tengo una excusa: estoy escribiendo mi primera historia.
Bueno, como tal, es un relato largo. Es sobre una niña de doce años que es bruja y tiene el gran propósito de salvar a su mejor amigo y al resto de los habitantes de una oscura maldad que se acerca al pequeño pueblo fantasma que me he inventado.
Podría contarte más, pero será hasta que la termine.