Lo que se rompió en aquel verano 6Genevieve
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Genevieve

Es tiempo de descanso entre una y otra sesión de tenis y como su mejor amiga, Emily Nguyen, ha faltado a los entrenamientos por un resfriado, el mejor plan que se le ha ocurrido es sentarse en una pequeña mesa de madera del jardín principal. Ansiosa, abre el diario de felpa y comienza a leer:

Querida Holly:

El principito será para siempre mi libro favorito.

Henry dice que es apenas el primer libro que he leído y que con los años mi lista de favoritos crecerá como el Everest, pero sé que El principito se quedará para siempre en mi corazón.

Incluso cuando tenga veinte años, aún lo releeré con la misma ilusión.

Nunca me cansaré de agradecerle a Henry que me haya regalado este libro en mi último cumpleaños, pues ahora he descubierto algo tan divertido como ir a la playa, jugar baloncesto, andar en bicicleta o salir a patinar con Luca, Oliver y los otros amigos del pueblo, como Sky, Rachel, Dylan y Cameron.

De hecho, creo que ya estaba destinada a los libros porque desde que tengo uso de razón, amo las palabras, especialmente las rimbombantes.

Me encanta el lenguaje, jugar con las rimas.

Por eso es increíble saber que me estaba perdiendo de algo tan magnífico como ver películas en el interior de un libro. ¡Es una cosa de magia!

No sé por qué Luca dice que no lo es.

29 de junio de 2007

Querida Holly:

Luca miente, pero no lo acepta. ¿Por qué no es sincero conmigo?

Ya no dice que leer es aburrido, pero sé que aún lo piensa.

¡Hoy ni siquiera pudo avanzar una triste página de mi libro favorito!

Aunque tal vez sería diferente si se tratara de historietas de su superhéroe favorito: Batman, el Hombre Murciélago.

No entiendo por qué no dice la verdad, aunque creo que lo hace porque piensa que voy a enfadarme con él.

Y no, ni siquiera me molesta. Que haya descubierto que me gusta leer no significa que vaya a dejar de acompañarlo a descubrir cascadas.

Luca tiene a Oliver y a sus otros amigos del instituto, pero él y yo somos de una manera diferente.

Y bueno, eso tampoco significa que vaya a abandonar las clases de surf.

Luca lleva dos años aprendiendo a surfear. Yo apenas empecé este verano.

04 de julio de 2007

Querida Holly:

Hoy fue el Día de la Independencia. Fuimos a Lahaina para pasar las celebraciones con los amigos de Henry, Keanu y Benjamín: Elenek y Kalam Dunn. Todos tienen más o menos la misma edad y se conocen desde muy, muy jóvenes.

Como siempre, los adultos se encargaron de preparar las hamburguesas, los cócteles y los postres para los niños, mientras que nosotros nos ocupamos de las decoraciones en la casa de Elenek y de su esposa, Lilo; ellos tienen un solo hijo, Havika, un adolescente un poco loco de catorce años.

Kalam no tiene esposa, pero tiene una hija, Miley, quien tiene mi edad y es la mejor amiga que tengo aquí en Maui.

Sky y Rachel me caen bien, pero no son tan buenas como Miley.

Por eso es una lástima que Miley no viva en Paia y que debido a ello y a otras cuestiones de adultos apenas nos podamos ver un par de veces durante el verano.

En fin, después de la comida de la tarde, salimos a ver el espectáculo de fuegos artificiales que se celebra en la calle principal.

Allí terminamos comprando más botanas mientras las bandas de música tocaban en vivo y los restaurantes estaban llenos hasta decir basta.

Fue un día divertido con Miley, quien nunca se despegó de mi lado, pero Luca no se nos acercó en ningún momento.

Algo muy raro, porque aunque él no es tan cercano con ella como yo, se llevan bastante bien.

Además, sé de sobra que Theo y Eva nunca le han agradado por lo alzados y creídos que son.

Pero al parecer, hoy decidió olvidarlo y se pasó todo el tiempo con ellos y con Oliver.

De Oliver lo acepto; él es tan bueno como su papá Benjamín.

Oliver es el niño más amable y bondadoso que conozco.

Después de Luca y Miley, es con quien mejor me llevo en el pueblo. Pero bien, Luca no se acercó.

Aunque de algo estoy segura: no lo disfrutó para nada.

Se le notó en la cara. Y es que ¿cómo podría divertirse con unos niños tan poco divertidos como Theo y Eva?

Ellos siempre están más preocupados por no caerse de la patineta y ensuciarse la ropa que por disfrutar de los juegos, y sé que Oliver solo se junta con ellos porque a Theo también le gusta la música.

Theo sabe tocar el piano y Oliver, desde hace poco más de cinco meses está aprendiendo a tocar el instrumento que su abuelo Marcus le regaló en su último cumpleaños: el ukelele.

Y Eva es… Eva, la niña más bonita del país entero y quizá del universo.

¡Pero qué más da! Si Luca no quiere hablarme, entonces me quedaré con mis libros. En la biblioteca de Henry descubrí varios que son interesantes.

06 de julio de 2007

Querida Holly:

Tal vez no debería haber cedido, pero Luca y yo nos hemos reconciliado.

Tan pronto como me despedí de Miley y volví a jugar con Oliver y los demás —a excepción de Sky, que se lastimó un tobillo—, Luca no pudo resistirse y se unió a nosotros.

Ahora todo ha vuelto a ser normal entre los dos, y ni siquiera lo hemos hablado, pero sé que tenemos una conversación pendiente.

Espero que la tengamos antes de los quince años.

15 de julio de 2007

Querida Holly:

En nuestro grupo hay varios dúos: Dylan y Cameron, Sky y Rachel, Luca y Oliver, y Luca y yo. Pero hoy voy a hablarte sobre lo que creo que es cada uno, como si fueran personajes de un libro, ¿no te parece buena idea?

En general, a excepción de Oliver, todos amamos el surf y los tacos o hamburguesas de pescado.

En cambio, solo a Rachel y a Dylan les gusta el yoga.

El resto, incluida yo, prefiere hacer cualquier otra cosa antes que ir a una de esas aburridas sesiones.

Lo único diferente es que solo a mí me gusta la lectura.

Ellos no saben lo interesante que es descubrir mundos extraordinarios y pensar de una manera más amplia… Pero bien, comencemos.

Sky Souza: morena, con cabello oscuro y ojos almendrados, es tan risueña y adorable que siempre tiene palabras dulces y nunca la escucharás decir una grosería.

Es la más bajita del grupo, está obsesionada con el maquillaje y la moda, y también es la que menos se atreve a participar en aventuras peligrosas. Su sueño es ser actriz.

Rachel Jackson: de cabello rizado y rubio platinado, ojos azules y piel casi tan blanca como la mía, es atrevida y determinada, con tanta seguridad en sí misma que en ocasiones la envidio, sobre todo cuando muchas veces no digo lo que siento.

Es fiel amante del yoga, como su madre, y dice que a los dieciocho años se mudará a España, el país natal de su padre, para estudiar derecho en una prestigiosa universidad de Madrid.

Dylan Kāne: castaño ondulado, con piel olivácea y ojos marrones, es un chico un poco tímido, pero muy inteligente e ingenioso. Es bueno para las matemáticas y su sueño es convertirse en piloto aviador, por lo que en el futuro tiene pensado ingresar a una escuela de aviación.

Cameron Chung: blanco, con ojos miel y cabello liso y oscuro, es bromista, alegre y le gusta el arte visual. Su familia paterna tiene una galería de arte en Honolulu. Su sueño es tener su propia galería en la capital.

Oliver Fisher: moreno, con rulos castaños, cortos y con volumen, tiene los ojos marrones y es el más alto después de Luca.

Es el niño más amable, paciente y bondadoso de todos.

También es platicador y le gusta la tranquilidad.

Hace poco, por el ukelele que recibió en su último cumpleaños, descubrió que su pasión es la música, sobre todo la hawaiana.

En cuanto a Luca West… Creo que no puedo definirlo como tal.

No lo sé, siento que no puedo encasillarlo, pero lo voy a intentar.

Sin duda, Luca es el niño más bonito de Paia, y creo que él no es tan consciente de eso, pero lo es.

Sus ojos de un verde profundo, afectados por la heterocromía —algo que me explicó Henry—, se notan como los de un león a la distancia.

Son tan bonitos que podrían ser la envidia de cualquiera.

Su cabello es quebrado, de un rubio oscuro con algunas mechas más claras, y siempre lo lleva largo hasta la altura de los hombros.

Tiene la piel blanca pero tostada, con un tono bronceado que brilla bajo el sol.

Luca es… Luca, siempre con su habitual buen humor, despreocupado y sencillo, otras veces algo impulsivo.

Tiene una profunda sed de hacer de todo, cualquier cosa.

Me gusta mucho pasar tiempo con él porque siento que aunque somos diferentes, somos parecidos.

Luca dice que no es sensible como yo, pero lo dudo.

Él es sensible por cómo hace sentir a los demás; en especial, por cómo me hace sentir a mí.

Y ahora estoy yo. Creo que solo basta con decir que siento todo con mucha intensidad, pero me cuesta mucho expresarlo y prefiero quedarme callada. Creo que por eso me gustan los libros, porque te hacen sentir por dentro y yo paso mucho tiempo ahí.

22 de julio de 2007

Querida Holly:

Hace dos días casi ocurre una tragedia: a Luca casi se lo lleva el mar.

Luca, Oliver, Kai, Anela, Manu y yo fuimos a la playa de Hookipa en compañía de Keanu, Henry y Benjamín.

Fue una tarde soleada con viento, perfecta para ver a los surfistas y a las tortugas marinas tiradas en la arena.

Todos nos fuimos en la batea de la pickup roja de Henry.

El camino estuvo lleno de risas y del canto de Oliver, quien en los últimos días terminó de componer su primera canción con el ukelele.

Fue tan buena que recibió los aplausos de casi todos, porque faltaron los míos.

Oliver tiene bonita voz y mucho talento, pero nunca se lo digo cuando Luca está cerca porque a veces él puede llegar a obsesionarse tanto con lo que a otros se les da bien, que también empezaría a cantar y a tocar el ukelele hasta recibir la misma admiración. Pero bueno, allí estábamos todos.

Era un miércoles sin mucha gente. El olor de la barbacoa llenaba todo el pabellón.

Keanu y Henry platicaban entretenidos mientras tomaban cerveza.

Kai y Anela se servían comida entre risas, mientras Oliver me contaba con su voz rasposa algo interesante sobre el ukelele y, más a lo lejos, cerca de las rocas negras y el inicio de las olas, se encontraban Benjamín, Manu y Luca, quienes aún seguían observando a las tortugas Honu.

El grito de Manu nos alertó. Durante un instante, nadie supo qué estaba ocurriendo, hasta que vimos cómo un surfista apareció entre las furiosas olas y cargaba entre sus brazos un cuerpo más pequeño.

Creo que corrí demasiado rápido y no paré hasta llegar a su lado.

Un segundo después, todos rodeaban la escena del hombre que acababa de derrumbarse junto con Luca sobre la arena blanca, mientras él tosía y sacaba agua a borbotones por la boca.

Fue un pequeño caos que terminó por calmarse cuando se recuperó y nos miró a todos con desconcierto.

Ya para el final de la tarde, sus padres le quitaron la bicicleta como castigo.

Por Manu me enteré de que será por una semana entera.

Me imagino su dolor. Luca, además de montar olas con su tabla de surf, adora andar en bicicleta y recorrer los alrededores, así como mirar de lejos a los surfistas casi como una obsesión.

Ahora no sé qué vaya a ocurrir y tengo un poco de miedo.

¿Le prohibirán sus padres meterse al mar y lo harán abandonar sus clases durante los próximos meses?

Eso sería catastrófico porque Luca y el mar son uno mismo. Es como yo y las letras.

—¿Por qué sigues tan enfadada? —preguntó Luca, indignado cuando salíamos de casa esta mañana. Nuestras casas, construidas frente a frente, están separadas solo por unos veinte metros—. Ni siquiera Kai reaccionó tan mal como tú. Pero de él sí lo esperaba. No de ti.

Luca intentó mostrarse molesto, pero yo lo ignoré y fui sincera:

—Es que he tenido pesadillas.

Él cruzó la calle y se detuvo a tres metros de mí. Noté sus ojos rojos, su ánimo alicaído y las grandes ojeras como manchas moradas. Lo más probable es que no haya dormido bien desde el miércoles, y ya es viernes.

—¿Pesadillas?

—Sí.

—¿Sobre qué?

A lo lejos, escuché a Henry llamarme. La ventana de la cocina da hacia el jardín delantero, así que lo vimos asomarse para llamarme con un gesto de la mano. También saludó a Luca, pero él apenas volteó en su dirección antes de volver a mirarme.

—Sobre… tu muerte, Luca —contesté en un susurro—. ¿Qué habría pasado si te hubieras ahogado? Jamás iba a volver a verte, y entonces habría odiado los veranos para siempre. Por favor, nunca vuelvas a hacer algo tan estúpido. Prométemelo.

Él se quedó en silencio. Luego simplemente dijo:

—Te lo prometo, Lizzy.