Lo que sabe de mí Capítulo 44
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Capítulo 44

—Tráigalo todo —había dicho Pilar por teléfono—, y venga con tiempo.

Puse encima de su mesa las cuatro carpetas de anillas, el archivador de los cierres, la copia de la declaración con mis anotaciones y las catorce páginas del alcance con el anexo grapado.

Ella lo miró sin tocarlo.

—¿Qué quiere de mí hoy?

—Quiero desmentir esto. —Puse la mano encima de la declaración—. Y quiero hacerlo sin el expediente de mi hermana.

Pilar cogió la declaración y la leyó entera, sin decir una palabra, en once minutos. Yo la vi marcar tres veces el mismo párrafo.

—¿Qué es lo que hay que desmentir exactamente?

—Tres frases. Que seleccionaba, que diseñaba y que actuaba con autonomía.

—¿Y con qué?

Señalé el archivador.

—Acuses de recepción de ocho años. Cada vez que le entregaban en mano una sección, firmaba con su clave y con la hora. Ahí está probado que a ese hombre le daban los guiones hechos y le racionaban la última página.

—¿Esas son copias suyas?

—Sí.

—¿Traídas por él?

—Sí.

—¿Con inventario?

—No.

—Pues no valen nada. —Lo dejó donde estaba—. Y usted lo sabe, porque me lo ha dicho el primer día que se sentó ahí. Papeles que trae a una casa el que se beneficia de ellos.

—Sí.

—Entonces la respuesta a su pregunta es que lo único que desmiente esos cuatro folios es el corpus completo, con inventario, con huellas y con las secciones que a él no le daban. Y eso no lo tiene nadie y solo va a existir un día.

—El seis.

—El seis.

Se levantó y fue a la ventana, que es lo que hace cuando piensa.

—Vamos a hacerlo por partes —dijo—. Usted quiere entregar el archivo entero menos una pieza.

—Menos un expediente.

—Un expediente con su identidad, su referencia, su informe de campo y su entrada de matriz. Es decir, cuatro piezas en cuatro repositorios distintos, unidas por un identificador.

—Sí.

—Bien. —Se volvió—. Si eso se saca, el inventario que emita la perito no cuadra con la huella declarada de esos cuatro repositorios.

La perito no firma. Si la perito no firma, no hay manifiesto.

Y si no hay manifiesto, lo que usted entrega no es un corpus certificado: es una copia sin cadena, y estamos otra vez en el archivador que tiene ahí encima.

—¿Y si se saca después, con el manifiesto firmado?

—Entonces la defensa dirá, y con razón, que el corpus que se ha entregado a la autoridad no es el que se certificó.

Y a partir de ahí ya no discutimos si Mímesis diseñaba: discutimos si usted manipuló la prueba.

—Se sentó otra vez—. Y esa discusión la pierde usted en una tarde, porque el manifiesto lo va a firmar usted misma.

—O sea que es todo o nada.

—Es todo o nada, y no es una cuestión moral. Es que un inventario incompleto no es un inventario. —Cogió el bolígrafo—. Si quiere le doy la versión larga, pero no le va a servir de más.

—No hace falta.

—Bien. Entonces vamos a lo nuestro: lo que va a pasar el seis.

Sacó una hoja en blanco y la puso en horizontal.

—Escriba usted. Yo hablo.

—¿Qué escribo?

—Su declaración. La suya. La va a escribir aquí, ahora, delante de mí, y la va a firmar, y se queda en esta casa hasta el seis por la noche. —Destapó el bolígrafo y me lo dio—. Y va a empezar por lo que hizo usted, no por lo que hicieron ellos.

Escribí durante casi dos horas.

Empecé por el método. Seguí por los protocolos, uno a uno, con las fechas de redacción. Puse el consentimiento de verificación y puse la palabra «necesarios» y puse por qué la puse. Y después de todo eso, en el punto noveno, puse ÁMBAR y puse la fecha en que lo supe.

Pilar leyó por encima de mi hombro dos veces y no corrigió nada.

—Ahora lo otro —dijo cuando terminé—. El seis usted entra a las doce en un local de Fuencarral y no sale hasta que se firme el manifiesto. ¿Qué certifica?

—Arquitectura, correspondencia entre repositorios, inventario, reproducibilidad y que la matriz se corresponde con lo que la sociedad ha declarado al comprador.

—Lo último no.

—Lo último es lo mismo.

—Lo último es contenido. —No levantó la voz—. Que la matriz «se corresponda con lo declarado» exige leer la matriz. Vuelva a decírmelo sin eso.

—Arquitectura, correspondencia entre repositorios, inventario y reproducibilidad.

—Bien. Ahora dígame qué significa eso.

Me costó contestar.

—Que voy a firmar que una caja está completa sin haber mirado dentro.

—Exacto. —Se echó atrás—. Y va a firmarlo delante de un notario, con su nombre y sus dos apellidos, sobre once mil expedientes que usted no va a poder leer ni ese día ni ningún otro.

—Ya lo he pensado.

—Píenselo otra vez esta noche, porque el seis a las doce ya no sirve de nada pensarlo.

—Volvió a la libreta—. Y si allí dentro se le ocurre pedir que abran una pieza, la perito lo hace constar, no firma, y usted se queda sin el día.

—Cogió su libreta—. Cuando el manifiesto esté firmado, hay una ventana.

Desde que se emite hasta que se formaliza la venta, el corpus está precintado en ese local, bajo custodia del fedatario, y todavía no es de nadie. Eso es lo que vamos a usar.

—¿Cuánto dura?

—Depende de ellos. Horas.

—Bassols dijo que a veces se firma a la mañana siguiente.

—Entonces tendremos toda la noche y no la necesitaremos. —Escribió un número de teléfono en una tarjeta y me la dio—. Este es mi móvil. No el del despacho.

—¿Y qué digo?

—Nada. Me manda un mensaje con dos palabras y con la hora.

—¿Cuáles?

—Las que usted quiera, siempre que no signifiquen nada para nadie más.

Lo pensé un momento.

—«Manifiesto firmado».

—Vale. —Lo anotó—. En cuanto lo reciba, presento su declaración, con el inventario y con la dirección exacta del local, y pido preservación urgente y entrega. Y notifico en el mismo acto a la sociedad, al comprador, a la perito y al fedatario, para que nadie pueda decir después que no lo sabía.

—¿Y qué pasa entonces?

—Que ninguno de ellos va a querer ser el que rompa un precinto. —Cerró la libreta—. Eso es todo lo que necesitamos.

Recogí las carpetas.

—Y su hermana —dijo Pilar.

—Mañana.

—Mañana. Y le voy a decir una cosa que no es jurídica y que solo voy a decir una vez. —Se quitó las gafas—. Usted va a ir mañana a pedirle permiso. No se lo va a dar. Y usted lo va a hacer igual.

—Ya lo sé.

—Entonces no vaya a pedirle permiso. Vaya a decírselo.