Lo que sabe de mí Capítulo 24
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Capítulo 24

Cargué el móvil hasta la mitad, como me habían dicho, y a las siete y media de la tarde tenía el salón montado.

Los nueve cuadernos en fila. El catálogo abierto por la franja.

Las cuatro carpetas de anillas de Adrián.

Las dos cajas societarias apartadas contra la pared, porque no servían para nada.

La propuesta que le habían mandado a Julia, con su referencia interna arriba a la izquierda.

Y en medio de todo, un móvil azul con teclas y la pantalla del tamaño de un sello.

Adrián llegó a las ocho con una hoja doblada en el bolsillo.

—Me has pedido esto —dijo.

Era una hoja de conformidad de operativo. Un A4, impreso por una cara, con los campos fijos: número de operación, clave, fecha, hora de inicio, hora de fin, secciones aplicadas, secciones omitidas, incidencias, firma. Nada más. Ni una línea de contenido.

—¿Esto es lo que os devuelven?

—Esto es lo que me devuelven a mí cuando verificación cierra una noche. Para que yo sepa que consta.

—¿Y ya está?

—Ya está. Marcas, horas y una firma.

La dejé a mi derecha y me quedé mirándola un rato. Es la parte de mi propio sistema que menos había mirado nunca, porque es la parte administrativa, y la administrativa la miran los administrativos.

Luego di al play.

Se oye un bar. Se oyen vasos y una máquina, y una conversación de fondo que no es la de ellos, y durante los primeros minutos casi no se distingue nada porque el móvil estaba en un abrigo colgado en el respaldo de una silla.

Mi hermana se oye lejos y se oye contenta.

Lo dejé correr nueve minutos y lo paré.

—¿Quieres que salga? —dijo Adrián.

—No.

Lo volví a poner. Lo escuché entero, cuarenta y un minutos, con una libreta al lado y un bolígrafo, y no apunté ni una sola vez.

Al final él dice tres frases. Solo tres, en cuarenta y un minutos, porque el resto lo dice ella.

La tercera es la que me interesó.

La rebobiné cuatro veces con las teclas, que en esos móviles va de diez en diez segundos, y a la cuarta la escribí, palabra por palabra.

—Es una fórmula —dije.

—¿Cuál?

—«No decidas hoy. Mañana lo vemos juntos». —Levanté la vista—. Esa segunda parte. «Lo vemos juntos». No es «piénsalo». No es «yo te ayudo». Es un plural que da por hecho que mañana él estará ahí.

Cogí el cuaderno cinco. Tardé once minutos en encontrarlo, porque está en el índice bajo una entrada que puse mal.

Ofrecimiento de continuidad en primera persona del plural. Reduce la sensación de decisión unilateral. Comprobado en cuatro informes de dos claves distintas. Muy eficaz en objetivos con procedimiento judicial abierto.

Registrar como sección propia. Preguntar a C. si va en 4 o en 6.

—Está en mi letra —dije—. De hace nueve años y medio.

Adrián se quedó callado.

—Y en el catálogo hay tres claves en esa franja, y una tiene un periodo de siete años que termina hace siete.

—Puse el dedo en la columna—. Y la frase que le dijo a mi hermana la noche antes de firmar está clasificada en un cuaderno mío, con un número de eficacia al lado, comprobada en cuatro informes de dos claves distintas.

—O sea que funciona con gente distinta.

Levanté la cabeza.

Es lo que dijo Tomás en un desayuno hace once días. Es lo que dijo Bru en un restaurante hace nueve. Es lo que estaba escrito en un cuaderno de tela hace nueve años y medio por una mujer de veinticinco años que creía que estaba haciendo un índice.

Y entonces lo vi entero, por primera vez, y me tuve que sentar en el suelo.

Para probar que Mímesis diseña, hace falta enseñar el diseño. El diseño está en mis cuadernos y en la matriz, y en los dos sitios es abstracto: son fórmulas, eficacias, secciones. Una fórmula no es un delito. Un catálogo de conductas no le ha hecho nada a nadie.

Para probar que Mímesis hizo daño, hace falta enseñar el daño. El daño está en una mujer de Getafe que tiene un móvil azul en un cajón. Y una mujer llorando en un bar tampoco es un delito. Es una historia.

Lo que convierte una cosa en la otra es la cadena.

Es que la frase que él le dijo a ella esa noche esté clasificada en mi cuaderno con una eficacia medida; que esa clasificación esté en la matriz asociada a un número de sección; que ese número de sección esté en un guion firmado por dirección; que ese guion esté asignado a una clave; que esa clave tenga un informe de campo con fecha; y que ese informe esté unido a una ficha de objetivo con un nombre y un apellido.

Sin el nombre, es un manual.

Sin el manual, es una señora que se equivocó con un tío.

No hay ninguna manera de coger los eslabones de en medio y dejar fuera los dos extremos, porque los dos extremos son lo que hace que los de en medio signifiquen algo.

—No hay salida limpia —dije en voz alta.

Adrián estaba de pie, apoyado en el marco de la puerta del salón, y llevaba callado casi una hora.

—No —dijo.

—Tú ya lo sabías.

—Yo llevo seis años sabiendo que no se puede sacar de ahí nada que no lleve a alguien dentro. Por eso lo que yo quería era que desapareciera.

—Eso no lo arregla.

—No arregla nada. Solo lo termina.

Cogí la libreta y empecé a escribir. Le pedí la hoja de conformidad para copiar los campos y él me la pasó.

Y al copiarlos vi el número.

Arriba, en el campo de operación, va la referencia con el año delante. Y debajo, en un campo pequeño que se llama «sujeto» y que se rellena con un código y no con un nombre, había un número que empezaba por el año en curso.

En esa casa el campo «sujeto» se rellena con el número de expediente del objetivo. No con el de la operación. Con el del expediente.

Y el número de expediente solo existe si hay un expediente abierto.

Y si tiene el año en curso delante, es que se abrió este año.

Me quedé mirando aquella línea un rato largo.

No tengo la matriz. No tengo el repositorio uno ni el siete desde hace tres días, a las nueve treinta y cinco, y no voy a volver a tenerlos.

No he visto ninguna ficha. No he visto ninguna entrada.

Lo único que tengo es un número de siete cifras en un campo pequeño de una hoja administrativa que un hombre se ha sacado del bolsillo, y una regla de nomenclatura que escribí yo el segundo año.

Con eso no se prueba nada. Con eso ni siquiera se afirma nada.

Con eso lo único que se puede hacer es lo que hice: seguir escribiendo y dejar una columna vacía.

Hoja suelta, cuadriculada, escrita a bolígrafo azul. Letra pequeña, con tachones.

CADENA — 08-ÁMBAR (¿reconstruible?)

Extremos sí. Medio no.

Sin el medio: manual por un lado, historia por otro. Nada.

~~Pedir a~~ ~~Preguntar a N.~~ no.

Los dos extremos no valen nada por separado y no se pueden separar.

Conformidad LEV-0417 — campo «sujeto»: nº de 7 cifras, año en curso.

Regla nomenclatura (2.º año, la escribí yo): campo sujeto = nº expediente del objetivo.

⇒ expediente abierto este año. ⇒ ¿?

No verificado. No tengo matriz. No es un hecho.

qué dónde está ¿lo tengo? frase / fórmula cuad.

5, p. 22 — «continuidad en plural» sí eficacia medida cuad.

5, mismo margen (4 inf., 2 claves) sí nº de sección matriz no guion firmado rep.

4 no clave asignada catálogo → franja: 3 claves, ~~una es LEV~~ descartada parcial informe de campo rep.

5 no ficha objetivo + nombre rep. 1 / rep. 2 no daño J. — audio 41 min sí