Lo que sabe de mí Capítulo 12
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Capítulo 12

—¿Has comido? —dijo Julia.

—No.

—Pues come algo, que tienes una cara rara.

Nos metimos en la cafetería de la esquina, un sitio con máquina tragaperras y tres mesas al fondo donde no va nunca nadie a esa hora. Pidió un café con leche y una tostada para mí sin preguntarme qué quería, cosa que hace desde que yo tenía dieciséis años.

—¿Cómo está Hugo? —dije.

—Bien. En marzo tiene lo de las notas y va justo en dos. —Removió el café—. Le he quitado el móvil por las noches y llevamos tres semanas de guerra fría.

—¿Funciona?

—Duerme. Me odia y duerme. —Se encogió de hombros—. Lo firmaría otra vez.

Estuvimos así cuatro o cinco minutos. Ese es el ritmo que tenemos: preguntas cortas, respuestas de logística, y un silencio cómodo entre pregunta y pregunta.

Nos llamamos cada diez o quince días desde hace nueve años y llevamos nueve años sin hablar de lo que pasó hace nueve años.

No es un acuerdo. Nadie lo firmó. Simplemente hay un sitio en la conversación al que ninguna de las dos va, y las dos sabemos dónde está la puerta, y por eso podemos seguir siendo hermanas.

Luego sacó el sobre del bolso.

—Me ha llegado esto el lunes —dijo, y lo empujó por la mesa con dos dedos—. Y no he entendido la mitad, y la mitad que he entendido no me gusta.

—¿Quién te lo manda?

—Tu jefa.

—No es mi jefa.

—Ya. —Me miró—. Pero sabes de quién hablo sin que te diga el nombre.

Eran cuatro folios grapados y una carta de acompañamiento en papel bueno. Los leí despacio. Miré primero la fecha y luego el pie, que es lo que hago siempre antes que el contenido, porque una fecha y una firma dicen más que un texto.

—¿Me lo traduces? —dijo.

—Sí.

—Sin lo de abogada. Como si se lo contaras a alguien en un bar.

—Vale. —Puse el dedo en el primer bloque—. Esto es dinero. Una cantidad, de golpe, a la firma.

—Eso lo he entendido.

—Esto de aquí es otra cosa distinta y es más dinero: un fondo a nombre de Hugo, con disposición a los dieciocho, para estudios o para lo que quiera. Lo dota la sociedad y lo gestiona una entidad, no ellos.

—¿Cuánto?

Se lo dije.

Julia se quedó con la taza a medio camino. La volvió a dejar.

—Vale —dijo—. Sigue.

—Esto de aquí es lo que te piden a cambio. Firmas una conformidad retroactiva. Es un papel en el que dices que no tienes nada que reclamar por unos hechos ocurridos hace ocho años y cinco meses, y que si algún día alguien te pregunta, no vas a promover ninguna acción por tu cuenta.

—¿Puedo hacer eso? ¿Se puede firmar que no vas a denunciar algo?

—Se puede firmar casi cualquier cosa. Lo que hay que mirar es qué pasa después. —Pasé a la tercera página—. Y esto es lo importante, y es lo que no te ha gustado antes de entenderlo.

—Esa es la de la clave.

—Esa es la de la clave.

Es un párrafo de siete líneas, cortés, bien construido, sin una sola palabra fea. Dice que la sociedad se compromete a la destrucción de la clave de identificación asociada al expediente, de manera que este quede definitivamente disociado de los datos personales de la interesada.

Y luego, al final, en la misma frase y con la misma tipografía, dice cuándo.

—«Una vez formalizada la transmisión del activo» —leí en voz alta.

—¿Y eso qué es?

—Eso es que lo borran el día que se venda.

—Pero se va a vender.

—Se va a vender si yo firmo. —Dejé el folio sobre la mesa—. Y si no se vende, tú te has quedado con el dinero, con el fondo y con la conformidad firmada, y tu expediente sigue donde está, con tu nombre pegado.

Julia miró el papel un rato largo.

—¿Eso es legal?

—Es impecable —dije—. Está escrito por alguien muy bueno. No te está engañando en ninguna línea. Te está enseñando el premio y poniéndolo del otro lado de una puerta que abro yo.

—O sea que me lo mandan a mí para presionarte a ti.

—No exactamente. Te lo mandan a ti porque tú también sirves.

—Y esto lo dije despacio, porque llevaba diez minutos ordenándolo—.

Si tú firmas, y firman otras, cada caso se queda solo.

Uno aquí, otro allí, gente que ya ha cobrado y que no quiere hablar.

Y entonces esto deja de parecer una cosa y empieza a parecer diez cosas pequeñas.

—Y diez cosas pequeñas no son nada.

—Diez cosas pequeñas son diez líos privados de diez señoras.

Julia estuvo un rato callada. Fuera había empezado a entrar gente y la máquina tragaperras se puso a hacer su música sola, como hacen cuando llevan mucho tiempo quietas.

—¿Sabes lo peor de esto? —dijo al final, y se puso a doblar la esquina de la servilleta—. Que es el papel más amable que me ha mandado nadie en mi vida.

—Julia.

—No, si no me estoy quejando. Digo que está bien hecho. —Alisó la servilleta y la volvió a doblar—. Aquella vez también estaba todo muy bien hecho. Nadie me gritó nunca. Nadie me obligó a nada. Firmé yo, con mi bolígrafo, en una mesa como esta.

Yo tenía tres cosas que decir y no dije ninguna, porque las tres empezaban por «yo».

—Lo peor no fue perderlo —dijo—. Lo peor es que aquel hombre era amable.

Y ahí llegamos a la puerta, y las dos la vimos, y ninguna de las dos entró.

Julia cogió el sobre, lo alineó con el borde de la mesa y lo metió en el bolso despacio, con el cuidado que se pone en guardar una cosa que vale dinero.

—Tengo que contestar antes de fin de mes —dijo.

—No firmes todavía.

—¿Por qué?

—Porque el mes que viene sabré cosas que hoy no sé.

Se puso el abrigo. Ya de pie, con el bolso cruzado, se quedó mirándome un segundo de más.

—Mara.

—Dime.

—Cuando sepas esas cosas, ¿me las vas a contar?

MÍMESIS, S.L.

PROPUESTA DE ACUERDO TRANSACCIONAL

Ref. interna 08-ÁMBAR / conformidad retroactiva. Documento no vinculante hasta su firma.

Estimada señora:

Nos dirigimos a usted en relación con determinados hechos acaecidos hace ocho años y cinco meses, respecto de los cuales esta sociedad desea alcanzar una solución definitiva y satisfactoria para ambas partes, sin reconocimiento de responsabilidad alguna.

Primera. Compensación. La sociedad abonará a la interesada, en un solo pago y dentro de los treinta días siguientes a la firma, la cantidad que se indica en el anexo I.

Segunda. Dotación en favor de tercero. La sociedad constituirá y dotará un fondo a nombre del menor identificado en el anexo II, con disposición íntegra a partir de su mayoría de edad y sin condicionamiento de destino. La gestión corresponderá a una entidad independiente designada de común acuerdo.

Tercera. Conformidad. La interesada manifiesta que nada tiene que reclamar por los hechos referidos y se compromete a no promover, por sí o a través de tercero, acción o reclamación alguna derivada de los mismos.

Cuarta. Tratamiento documental. La sociedad se compromete a la destrucción de la clave de identificación asociada al expediente, de manera que este quede definitivamente disociado de los datos personales de la interesada, una vez formalizada la transmisión del activo a que se refiere el proceso societario en curso .

Quinta. Confidencialidad. Las partes se obligan a no divulgar el contenido del presente acuerdo. Esta obligación no alcanza a los requerimientos de autoridad competente.

Quedamos a su entera disposición para cuantas aclaraciones precise, y le rogamos que, si lo considera oportuno, someta este documento al asesoramiento profesional de su elección.

Atentamente.