CAPÍTULO 28 #3
Camino hacia la zona de los urinarios portátiles, que llevan instalados junto al lago todo el verano, pero no veo a Violet por ninguna parte.
Estoy a punto de comprobar el último de ellos cuando escucho un sollozo y cambio de dirección.
Sigo el sonido y no tardo en comprobar que Minnie tenía razón: es Violet, agazapada en el suelo y llorando a lágrima viva. Dudo un segundo antes de acercarme.
—¡Oye! ¿Estás bien? —pregunto, agachándome a su lado. La morena alza la mirada, sorprendida. Su rostro mojado está lleno de chorretones de rímel negro.
—¿Acaso te importa? —Sus palabras me duelen más de lo que podría haber imaginado días atrás porque lo cierto es que sí. Me importa.
—Claro que sí, somos amigas, ¿no? —digo, y Violet esboza una tímida sonrisa ladeada que no le llega a iluminar los ojos, todavía cubiertos de lágrimas.
—Sí, supongo que sí —reconoce—. ¿Sabes qué? Aunque te cueste creerlo, al principio no me caías nada bien.
« Mmm, ¿por qué será que no me cuesta nada creerlo? ».
—Bueno, quizá no empezamos con buen pie, pero supongo que todo cambió a raíz del circuito multiaventura. ¡Estuviste genial! —opino—. Aunque tus formas fueran… cuestionables.
— ¡Tú sí que estuviste bien! Actuaste como la líder que necesitábamos. Pero ¿ el circuito? ¡Joder! Y yo que estaba pensando en el día en qué te emborrachaste.
—¡Eso fue hace mil! —me sorprendo—. ¿Te empecé a caer bien ya entonces?
—Pues claro, eres muy graciosa cuando bebes, ¿lo sabías?
«¿Graciosa? No sé yo si ese es el adjetivo adecuado…».
— ¡Vaya! En fin… ¿estás bien? —repito ahora que parece que el ambiente se ha relajado.
Violet se lo piensa durante un minuto, pero al final suspira y empieza a hablar:
—¿Te acuerdas de lo que te dije el otro día de que no me apetecía volver a casa?
—pregunta, y yo asiento—. Pues bien, era por mi padre, lleva meses muy irritable.
Mi familia no quería contarme nada, pero hace poco me enteré de que estamos en un aprieto.
No sé si sabes que mi padre es dueño de una importante discográfica.
—Niego con la cabeza, aunque eso explica lo de su iPod—.
Pues resulta que no ha apostado por el caballo ganador en los últimos años y hemos acabado en números rojos.
El jueves, cuando nos dieron media mañana libre, bajé al pueblo a llamar a casa y mi madre se fue de la lengua.
—¡Ostras! Eso suena fatal —admito.
—¿Fatal? ¡Es la puta ruina! —Violet se tira del cabello, nerviosa—.
Si no encuentra un talento de inmediato, y no hablo de uno cualquiera sino de uno que dé el bombazo, estamos jodidos y…
¡No puedo ir a un instituto público, Cece!
—exclama, zarandeándome por los hombros—.
Una amiga mía me ha dicho que allí hay ratas.
¿Te imaginas? ¡Me muero! Por no hablar de que, si no tenemos dinero, podríamos perder nuestra casa y entonces…
Violet sigue delirando. Supongo que estos días he llegado a ver el lado más amable de mi amiga, pero todavía le queda mucho por aprender. Además, lo que me preocupa ahora mismo es que no quiero que la ruina de esa familia pesé en mi conciencia.
«¿Crees que esto es culpa mía?», pregunto.
« Creo que no te sigo», admite Lia.
«¡Piénsalo, Li a! ¡Es por Devon! Devon conoció a Violet; él resultó ser el talento que su padre andaba buscando y eso los llevaría a salir juntos.
Su relación fue el desencadenante de todo: él salv ó a la familia de Violet cuando impulsaron su carrera.
Si Violet y Devon no están juntos porque ahora yo me he adelantado, él no se hará famoso y la familia de Violet se arruinará ¡ y todo será por mi culpa! ».
«¡ Uf! Tiene su lógica… ».
«Tenías razón, Li a, ¡lo he estado jodiendo todo! Al intentar arreglar mi futuro he condenado no solo el de otras dos personas, sino el de millones en cascada, como un puto efecto dominó».
«Respira, Cece, aú n estás a tiempo de conseguir darle la vuelta a todo. ¿Recuerdas lo que hablamos hace un rato? Todavía podemos enmendar nuestro error».
«¿Nuestro? Tú no tienes nada que ver . De hecho, intentaste impedírmelo y yo no te escuché. Es culpa mía, sola y exclusivamente mía».
Creo que me está dando otro ataque de ansiedad, pero menos mal que Violet está tan ofuscada con su problema que no se da cuenta.
Por suerte, Lia no me falla.
«¡Recuerda respirar! Aire entra, aire sale», me indica.
Hago lo que me dice y poco a poco mis pulsaciones se van ralentizando.
«Estamos juntas en esto ¿recuerdas? », me anima.
«Al principio yo también te alenté a ir detrás de Devon y en contra de Violet.
Pero no podemos perder el tiempo buscando culpables ahora; no cuando podríamos emplear ese mismo tiempo en encontrar soluciones.
Piensa, Cece, piensa c ó mo lo hiciste con Kiara, seguro que sabes lo que tienes que hacer».
Levanto la vista al frente, desde nuestra perspectiva no acabo de atisbar a Devon y su guitarra entre las hogueras, pero la imagen permanece en mi retina.
«Sí, sé perfectamente lo que tengo que hacer» , afirmo.