CAPÍTULO 27 #3
¿Qué le pasa a Lia? ¿Estará confundiéndose con la primera vez que estuve en el Campamento White Yarrow?
¿O se refiere a cuando yo iba a danza de pequeña junto a otras niñas?
Me quedo esperando su respuesta, pero no me contesta.
Los minutos pasan y me estoy empezando a mosquear.
¿Se habrá ido otra vez? ¿Habrá vuelto a desaparecer?
«¿Lia?». Silencio. «¡¡¡L ia!!!».
«¡Te he dicho que no me grites, joder! ¡Qu e me dejas sorda!», contesta tras lo que me ha parecido una eternidad.
Suspiro aliviada.
«¿Qué te ha pasado? ¿Por qué no me contestabas? ¡Pensaba que te habías vuelto a largar!» .
«La cuestión no es qué me pasa a mí, sino a ti» .
«¿A qué te refieres?» .
Esto está empezando a convertirse en una conversación de besugos. Visualizo a Lia suspirando muy fuerte y tomando una gran bocanada de aire antes de reemprender la conversación con una dulzura inusual en su tono de voz.
«Cece, ¿qué es lo que recuerdas de tu futuro ?».
«¿Te refieres a la Cece adulta?» , pregunto.
« Exacto » .
«Pues que era…». Me cuesta encontrar las palabras. Malditos nervios. «Era…, bueno, yo trabajaba en algo, ¿no? Pero mi vida era muy aburrida. Eso es. Por eso decidí volver atrás», completo.
Sé que no estoy sonando muy convincente, pero, por mucho que lo intento soy incapaz de precisar más. Cuando trato de rescatar alguna escena de la vida de la Cece adulta, solo me encuentro con una niebla espesa que me impide ver más allá.
« No creo que “aburrido” sea el adjetivo correcto… Dime, ¿dónde vivías? », insiste Lia. «¿A qué te dedica bas? ¿Quiénes eran tus amigos? ¿Qué hacías en tu tiempo libre? ».
Me siento abrumada.
«Son demasiadas preguntas de golpe, ¡no es justo!» , me quejo.
«Bien, escoge una».
Cierro los ojos y aprieto los párpados con fuerza, como si así pudiera pensar con más claridad, pero por mucho que lo intento me encuentro con…
la nada. No es como si mis recuerdos estuvieran cerrados tras una puerta de la que no tengo la llave, sino que simplemente no existen.
No hay nada al otro lado. La única certeza que tengo sobre el futuro es que Devon será un cantante famoso casado con Violet, y mi último recuerdo antes de llegar al campamento es el ritual.
— ¡ Nada! —admito en voz alta, presa de la frustración. Se me quiebra la voz y me entran ganas de llorar.
«¿Crees que es grave, Lia?», pregunto, aunque de alguna manera ya intuyo la respuesta.
« Me gustaría decirte que no, pero estaría mintiendo», admite mi voz interior. « Al principio pensaba que sería un lapsus temporal, que al acercarse el final recuperarías tus recuerdos, pero ¿cuánto queda para regresar?».
« Apenas unos días », reconozco y las lágrimas, liberadas, me empiezan a rodar por las mejillas.
«¿Cómo voy a afrontar un futuro del que no recuerdo nada?
¿Qué va a ser de mí? ¡No quiero regresar, Lia!
Tenemos que encontrar a Renata, contárselo todo, seguro que ella puede ayudarnos.
¡Tenemos que quedarnos aquí! ¡Con Devon! ».
El pánico se apodera de lo que me queda de cordura y empiezo a temblar.
«Cece, creo que hasta tú sabes que esa posibilidad está lejos de nuestro alcance. No puedes contarle la verdad a la Renata de ahora, ella no es la misma que conociste de adulta, todavía no. Lo único que conseguiríamos sería empeorarlo todo. Solo veo una salida».
No me atrevo a preguntar a qué se refiere, pero un sabor tan amargo como el café se me instala en la boca del estómago y puja en sentido ascendente, provocándome náuseas.
« Tienes que olvidarte de Devon y dejar que el futuro siga su curso. Él debe recorrer su camino y tú el tuyo», sentencia Lia.
«¿ Qué? ¡No puedo hacer eso! » . Me resulta imposible parar de llorar. «Si lo dejo ir ahora, todo esto no habrá servido de nada».
«¿Tú crees? Yo creo que has aprendido mucho en este viaje, Cece.
Lo leo en tu corazón y veo todo lo que me he perdido en mi ausencia: has dejado de juzgar a la gente por sus apariencias o por el lugar del que proceden, has hecho amigas nuevas, has aprendido nuevos hobbies , te has divertido, has luchado por ti en lugar de permitir que dirijan tu vida…
También has hecho estupideces, sí, pero eso no te ha impedido crecer como persona. Ahora es momento de pasar página».
«Pero Devon…» , insisto.
«¡Olvídate de Devon por un segundo! Esto es mucho más importante, ¡hablamos de tu vida! Si él tiene que formar parte de ella, lo hará. No importa cuánto intentes forzarlo. ¿No lo ves?».
La verdad me cae sobre el pecho como una losa pesada: Lia tiene razón, la ha tenido siempre y yo he estado tan ciega…
Debo quitarme la venda, aunque eso haga que la herida vuelva a sangrar.
No hay otra salida: este siempre ha sido mi destino, el que tanto me he esforzado por eludir, en el que me negaba a creer.
Conocer a Devon, a las chicas, disfrutar del campamento y seguir adelante.
Llevaba días intentando autoconvencerme de que plantar esa semilla había sido lo correcto, ahora sé que no es cuestión de lo que ya he hecho, sino del camino que me queda por vivir.
«Supongo que tienes razón, pero duele, duele mucho» , acepto, apesadumbrada. Ya no me quedan lágrimas.
«Nadie te prometió que el camino a recorrer fuera a ser fácil, pero estoy convencida de que ha merecido la pena, aunque haya acabado convirtiéndose en un viaje de crecimiento personal más que en una misión de rescate » .
Por lo que parece, no soy la única que ha evolucionado aquí: Lia ha pasado de ser la voz de mi conciencia a prácticamente una guía espiritual. Si no estuviera tan triste, incluso sonreiría.
« Venga, centrémonos en hacer el bien », añade. «A lo mejor todavía podemos enmendar los errores y hacer que recuperes esos recuerdos. No nos rendiremos hasta el final ¿Entendido? ».
Asiento y, de repente, se me ilumina una bombilla en la cabeza.
«Un segundo… Tú sí los recuerdas, ¿ verdad, Lia? ¿Por qué no me lo cuentas? Cuéntame quién era la Cece adulta».
Lia suspira.
«Llevo intentándolo desde que empezaste a perder tus recuerdos futuros, de hecho, lo he vuelto a probar hace un rato, cuando no te contestaba, pero no lo he conseguido. Supongo que no funciona así, que debes ser tú la que llegue a ellos».
«Pero me recordaste las palabras de Devo n ».
«Las cuales te dijo en este tiempo, no en el otro», matiza.
Entiendo… Era una buena posibilidad, pero solo ha resultado ser otro callejón sin salida.
« Y por eso, toca actuar de nuevo. Volvamos a lo importante. ¿Dónde puede estar Kiara?».
Me limpio las últimas lágrimas de un manotazo y me estrujo la cabeza analizando cada una de las conversaciones que he tenido con la pequeña.
Puede que no recuerde nada de mi yo adulta, pero sí de mi yo adolescente, y cada momento vivido en este campamento se me ha quedado grabado a fuego.
Repaso cada gesto, cada comentario casual, y de repente…
«¡Las moras!», exclamo. En mi interior, Lia arruga la frente, no está entendiendo nada. «A Kiara le encantan las moras, ¿y sabes d ó nde crecen muchas? ¡En los alrededores del río! Las he visto en las dos ocasiones que he estado allí con Devon», le explico.
« Supongo que podemos empezar por ahí. ¡Bien hecho, Cece! ¿Crees que sabrás llegar?».
« Mmm, eso espero ».