CAPÍTULO 27 #2
—¡Vamos! Tenemos que hacer algo, ¡deprisa! —me insta, haciendo ademán de agarrarme por el brazo.
Yo lo esquivo.
—¿Qué estás haciendo? —murmuro entre dientes—. No puedes comportarte con esas confianzas. ¡Las chicas están justo ahí delante!
—¡Me importa una mierda! —exclama—. Cece, se trata de Kiara. Ha desaparecido.
—¿Que Kiara qué?
Devon respira hondo.
—Danielle, su Hermana Mayor jura que, después de que se ducharan, acompañó a todas las niñas de su grupo desde las instalaciones principales hasta aquí hace unos minutos, pero cuando ha hecho el recuento al llegar, Kiara no estaba entre ellas.
Sus compañeras de cabaña dicen que no saben nada de ella y la hemos buscado por todas partes desde entonces, pero de momento no ha habido suerte.
—El campamento estaba desierto cuando salí de allí, fui de las últimas… —pienso en voz alta—. A no ser que estuviera encerrada en su cabaña o en alguna otra.
—Lo hemos pensado, pero mis compañeros dicen que todas las instalaciones están cerradas con llave desde ayer. Las han abierto solo para que os duchaseis y las han cerrado después otra vez.
—Vaya… —Me siento un poco inútil sin saber qué hacer o qué decir para ayudar—. La última vez que la vi fue durante los juegos.
—No te preocupes. Avísame si se te ocurre algo —dice, intentando mantener la calma, y yo asiento con la cabeza—.
Y mejor no te muevas de aquí —añade. En eso momento se percata de que no estamos solos y se gira hacia mis compañeras, que han vuelto sobre sus pasos para ver qué est á ocurriendo—.
De hecho, no os mováis ninguna de aquí y ayudad con la cena —nos ordena antes de marcharse dando zancadas.
—Bueno, al menos ahora sabemos a qué se refería Nicky, pero ¿ quién es esa niña? —pregunta Kennedy.
Es obvio que, tanto ella como las otras chicas, han escuchado lo que Devon me ha contado.
—Va con nosotros a guitarra… O sea, Devon nos da clase a las dos… Bueno, a las tres. Theresa, la amiga de tu hermana, también está en el grupo —contesto a golpes, sin poder ocultar mi nerviosismo.
—Seguro que se habrá escondido en alguna parte y aparecerá pronto. Pasa todos los años con las pequeñas. Será mejor que nos demos prisa y vayamos a ayudar con la cena. Paso de ganarme otra bronca de Nicky —concluye Kennedy.
Sin darle la menor importancia, tira de Violet para continuar avanzando. Supongo que la experiencia es un grado, pero aun así…
—Cece, aunque suene insensible, Kennedy tiene razón.
No hay mucho que podamos hacer. No te preocupes, aparecerá seguro —me anima Minnie, que se ha quedado a mi lado y me pasa un brazo por los hombros—.
Yo desaparecí una vez en el colegio. Me había escondido en el armario de los materiales porque una niña estúpida se había metido conmigo.
En fin, la cosa es que cuando me cansé de estar a oscuras, salí tan campante y me llevé la bronca del siglo.
¡Al parecer se habían vuelto locos buscándome!
Es como si las palabras de Minnie flotaran delante de mis narices.
—¡Pues claro! ¡Eso es!
—¿El qué es? —pregunta, confundida.
— ¡ El bosque! Tengo que irme. Cúbreme las espaldas.
—¿El bosque? ¿A qué te refieres? —Me tira del brazo, preocupada y adivinando mis intenciones—. No pensarás ir… ¡ Espera! ¿estás de broma? Como vuelvas a desaparecer, a Nicky le dará un infarto. Y ya has escuchado a Devon. Además, ya es de noche.
—Eres muy lista, Minnie, seguro que se te ocurre alguna excusa para justificar mi ausencia. ¡Gracias!
La dejo con la palabra en la boca y me escabullo en dirección contraria. Debo darme prisa.
Sé que Minnie estará pensando que estoy actuando sin cabeza, pero es todo lo contrario.
Aunque el corazón me late a mil por hora, tengo la cabeza muy fría.
Es gracias a eso que me acuerdo de pasar por nuestra tienda de campaña y recoger mi mochila con todo lo necesario para una escapada por la naturaleza.
Una vez lista, salgo al bosque y me abro paso a través de los árboles, que cada vez son más espesos.
La algarabía de voces que provienen de las proximidades del lago pronto pierde volumen hasta desaparecer por completo y el silencio se cierne sobre mí.
Solo escucho el ruido que hacen mis zapatillas al pisar la hojarasca y una conversación que se reproduce en bucle en mi cabeza desde que Minnie me ha contado su historia:
—¿Sabes? El otro día yo también me enfadé con mis compañeras de cabaña; Clare y Diane me pintaron un bigote con boli mientras yo estaba durmiendo. ¿Te lo puedes creer? Son muy malas.
—¡Cielo, eso es bullying ! ¿Se lo contaste a tu Hermana Mayor?
—No. Me fui al bosque y luego ya se me pasó.
—¿Te fuiste al bosque tú sola? ¡Kiara, no debes hacer eso! Es un lugar peligroso y podrías haberte perdido.
—No te preocupes, estoy en el grupo avanzado de Supervivencia y soy la líder de las girl scouts de mi barrio. Solo fui a dar una vuelta y, cuando volví, las chicas me pidieron perdón. No pasa nada, mi mamá dice que todos cometemos errores. Ya las he perdonado.
La pobre Kiara me confesó que sufría acoso por parte de sus compañeras y yo no hice nada al respecto. Le quité importancia porque ella misma también lo había hecho. Por eso y porque, aunque Kiara actuaba raro, yo estaba demasiado ocupada con Devon e ignorando sus intentos de contarme algo.
«Joder, ¡cómo he podido ser tan estúpida!», me reprendo a mí misma . Y otras palabras acuden a mi cabeza.
«¡Dios mío! ¿Te estás escuchando, Cece? Te has convertido en una niñata. No todo en la vida se reduce al rollete de turno. ¡Esto no es una puta película de Disney Channel! ¡Despierta de una vez y afronta el problema!».
Tampoco hice caso a Lia y, lo peor es que la desterré de mi interior en cuanto tuve ocasión. ¿Me habré convertido de verdad en una adolescente despreocupada?
«¡No! Aún no es tarde para rectificar. Encontraré a Kiara y la traer é de vuelta.
Aunque… quizá lo más prudente sería avisar a Devon, al fin y al cabo, le he prometido que lo haría si se me ocurría algo.
Pero si él ha sido la causa de mis despistes…
no puedo permitirme el lujo de perder el tiempo.
No cuando la vida de una niña puede estar en peligro » .
Debo hacerlo yo sola. Pero ¿por dónde empiezo?
La cabeza me hierve como un puchero al fuego. Estoy casi convencida de que Kiara habrá venido a refugiarse aquí, al bosque, pero apenas conozco una pequeña extensión de toda su inmensidad, así que empiezo por llamarla a voces.
No hay respuesta.
Era de esperar. Si Kiara busca pasar desapercibida, no va a responder y si está escondida, seguramente no se haya quedado cerca de ningún camino.
Y si le ha pasado algo… No. No quiero ni pensarlo.
Así que, guiada por puro instinto, me interno cada vez más entre la maleza, abandonando las sendas conocidas.
No tardo en arrepentirme cuando, unos minutos más tarde, ni siquiera soy capaz de ver d ó nde piso.
Minnie tenía razón: es no che cerrada y, cuanto más me adentro en la espesura, peor es la visibilidad.
«¿Es que no os enseñaron a preparar una mochila básica? Es una de las primeras lecciones de supervivencia. Debería hablar con Paul al respecto».
¡La mochila! Me había olvidado por completo de ella. Internamente, agradezco esas palabras de Devon que llegan en el mejor momento posible. Algo bueno se me ha pegado de él.
«¿Devon? ¿Aún estamos con esas? He sido yo la que ha extraído el recuerdo. Estabas tan ofuscada que no has sabido empezar por lo evidente. ¿Qué tal si sacas la linterna? ».
El corazón se me acelera. ¡ No puede ser!
«¿Li a? », la llamo. «¿Eres tú de verdad? No, no es posible. Te fuiste. Yo te eché. ¡ Dios, me estoy volviendo loca! ».
«No, bonita, ya estabas loca antes de venir aquí, que conste en acta. Yo no he tenido nada que ver con esa tara que te viene de serie ».
«¡¡ Ahhh!! ¡Has vuelto, has vuelto! ¡Lia, has vuelto! ¡ Te he echado tanto de menos…! Lo siento mucho, ¿ me perdonas? ¡No te vuelvas a ir por favor, te necesito! He sido una tonta, pero es que…».
«¡Para, por Dios! Y deja de gritar que aquí adentro tu voz resuena como un altavoz . Aunque no te voy a negar que un poco tonta sí que estás… Pero, al grano, no he salido de mi letargo para discutir contigo. ¿Tienes la linterna o no? ¿Llevas la brújula?».
Me encantaría interrogar a Lia sobre qué es lo que ha conseguido despertarla de su hibernación y por qué ha sido tan profunda que no ha habido forma de llegar a ella durante días, pero la urgencia en su voz me recuerda que esa conversación deberá esperar. Ahora tenemos otras prioridades.
«Sí, y sí», contesto tras rebuscar entre mis pertenencias y dar con ambas cosas.
«¿Q ué hacemos ahora? ¿Vamos hacia el norte o hacia el sur?
¿Crees que estará más cerca del campamento o del lago?
Cuando tomamos el camino hacia allí torcemos a la derecha en dirección descendente, ¿no?
¿Eso será el nordeste? ¿Vamos en dirección opuesta entonces? ».
«¡Para el carro, Willy Fog!», me ordena Lia. «¿Por qué no usas la lógica en lugar de dar palos de ciego? Tiene que haber algo que se nos está escapando, alguna pista que pueda guiarnos… ¿ Ad ónde iría una cría de nueve años ? ».
« Ojalá fuera Willy Fog, así tendría ochenta días en lugar de tan solo un mes y…».
«¡ Céntrate, Cece! Una niña sigue desaparecida. Piensa en las alumnas de danza, ¿qué hacen cuando están tristes o enfadadas? Ser bailarina debe ser muy frustrante ».
«¿ Las alumnas de danza? » . No entiendo qué pintan ellas en esta conversación
«¿No te acuerdas?», se asombra.
« Creo que la que no te acuerdas de nada eres tú. Eso de haber desaparecido tantos días debe haberte afectado », apunto. «No voy a clases de danza, ¡sino a guitarra! Y Kiara tampoco».