CAPÍTULO 23 #3
—¿Quién va en cabeza? —se interesa Violet.
—De momento, la cabaña 21 —contesta Amber.
Kennedy pone cara de mala leche y Violet rechina los dientes. Es la cabaña de Savannah y Olivia.
—¡Venga, chicas! A mi señal: preparadas, listas, ¡ya!
Todas echamos a correr, aunque sería más adecuado decir que salimos dando saltitos como conejos.
Es ridículo, pero de alguna forma no deja de ser divertido.
Kennedy no tarda en adelantarme por la derecha y yo me pico e intento saltar más rápido.
Sin embargo, para sorpresa de todos, Violet nos adelanta a ambas y se cuela en la meta, veloz como un rayo.
Kennedy le pisa los talones y Minnie y yo llegamos después.
—¡Toma ya! —exclama Nicky, que nos está esperando al otro lado—. ¡Guau, Violet! Creo que has batido todos los récords. ¡Enhorabuena, chicas! Aun no me creo que ninguna se haya caído.
«Gracias, Nicky. Tú tan amable como siempre», pienso, aunque en realidad ni yo misma me creo que hayamos llegado a la meta intactas.
—¡Síii! —grita Violet emocionada, tirándose encima de nosotras y haciendo que las cuatro caigamos al suelo entre risas. No nos ha dado tiempo ni de quitarnos los sacos.
Me siento extrañamente feliz a pesar de estar siendo aplastada por mis tres compañeras y no puedo evitar pensar en cómo empezó todo; lo que hemos evolucionado en estas semanas juntas y lo diferente que está siendo respecto a mi primera vez aquí.
—Bueno, bueno, no os emocionéis tanto —nos corta Nicky, la aguafiestas—. Todavía os queda la última prueba.
Aquí estamos, dispuestas a recuperar el honor perdido, como dice Kennedy. Frente a nosotras se encuentran nuestras rivales: la cabaña 21, Savannah y sus compinches.
—De acuerdo chicas, escuchadme —digo—. Si hemos llegado hasta aquí, somos capaces de vencerlas, que no os intimiden sus miraditas; están tan cagadas de miedo como nosotras.
—Habla por ti, guapa —se queja Kennedy—. Yo no les tengo miedo.
— ¡Y yo menos! —apunta Violet.
—A lo mejor yo sí, un poco —reconoce Minnie.
Está bien, ¡a la mierda el discursito motivacional!
—¡Machaquémoslas! —jaleo.
—¡Síii! —responden mis compañeras, juntando las manos como hemos hecho en la cabaña antes de empezar.
Por el rabillo del ojo veo cómo Savannah pone cara de haberse comido un limón.
—Ya sabía yo que eráis unas ordinarias —nos acusa.
Kennedy y Violet están a punto de saltar sobre ella, pero Nicky las interrumpe a tiempo.
—¡A la cuerda!
«¿En serio? ¿Había oferta de cuerdas en el súper o qué?», pienso al ver en qué consiste la prueba final: el juego de la soga.
—El primer equipo en rebasar la línea marcada, pierde —explica Nicky—, ¿lleváis los guantes puestos? —Todas asentimos—. Perfecto, en vuestras marcas, listas… ¡Tirad!
El primer tirón me pilla por sorpresa y doy una zancada hacia delante. Por suerte, Kennedy, a mi espalda, contrarresta mi error y evita que pise la línea. Savannah, enfrente de mí, me mira con el mentón alzado. Es increíble lo fuerte que está para lo escuchimizada que es.
— ¡ Rendíos, pringadas! Solo hay lugar para una ganadora aquí —nos suelta la Rubia número uno.
—¡Oye! Querrás decir ganadoras —le recrimina Rubia número dos, a su espalda.
—Divide y vencerás —masculla Kennedy.
Violet lo pilla a la primera.
—¡Oye, Olivia! ¿Sabías que Savannah habla fatal de ti a tus espaldas? —grita, pegando otro fuerte tirón a la cuerda.
— ¡ No la escuches, Olivia! Está intentando enfrentarnos —contesta Savannah entre jadeos de esfuerzo. Su cara está tan roja que parece que se le vayan a incendiar las mejillas.
—Hazme caso, Olivia, ¡ ya has oído lo que ha dicho! —insiste Violet—. Solo te utiliza para convertirse en la abeja reina. Para ella tú eres una simple obrera a la que no dudará en aplastar si tiene ocasión. ¡Te tiene envidia!
Por un segundo, Olivia duda, afloja el agarre de la cuerda y mira indignada a su supuesta mejor amiga.
Kennedy aprovecha ese momento para pegar un fuerte tirón.
Violet, Minnie y yo acompañamos el movimiento perfectamente coordinadas y entonces, Savannah aterriza de rodillas delante de mí… cruzando la línea.
—¡Gana la cabaña 22! —anuncia Nicky.
—¡Tomaaa! ¡Eres la mejor, tía! —celebra Kennedy abrazando emocionada a Violet.
Minnie las vitorea entre risas. Y aunque quiero unirme a las celebraciones, primero le tiendo la mano a Savannah para ayudarla a levantarse.
—¿Estás bien?
Ella acepta mi mano, pero, una vez de pie, se da la vuelta airada y desaparece en lugar de agradecerme el gesto.
Olivia corre tras ella. Debería alegrarme de habérmelas sacado de encima, pero en realidad me dan lástima.
Se nota que solo están intentando llamar la atención.
Ahora es cuando Lia debería darme su conocido discursito sobre las hormonas adolescentes, pero mi cabeza sigue en silencio.
—¡Buen trabajo capitana! —Kennedy se acerca y choca los cinco conmigo—. Vamos a por nuestras medallas. ¡Es nuestro momento!
Mi compañera tiene razón. Este es nuestro momento y la ausencia de Lia no me lo va amargar.