Lo que pudimos ser y otros dramas CAPÍTULO 20
58%

CAPÍTULO 20

Para cuando nos sentamos alrededor de la hoguera, ya me siento mejor. Las chicas han conseguido con sus charlas sin importancia que me olvide hasta de la madre de Renata.

—Atención, chicas. —Nicky, que está repartiendo nubes para asar, nos ha informado de que tiene noticias—. Mañana domingo, para celebrar vuestra primera quincena oficial en el campamento, os hemos preparado una noche muy especial.

Los grititos ahogados de pura emoción de mis compañeras me adelantan que algunas de ellas, las más veteranas, saben de qué está hablando.

—Mañana es nuestra Noche del miedo. Las campistas con experiencia sabéis que es todo un clásico en el Campamento White Yarrow, pero las novatas —añade, modulando la voz para darle un toque siniestro—, ya podéis empezar a temblar.

Minnie, a mi lado, se remueve nerviosa y le tiendo la mano buena para transmitirle calma. Ahora comprendo a lo que se refería Violet con lo de que iba a ser una hoguera de miedo .

—Mañana, cuando acabéis de cenar y recogerlo todo —continúa Nicky—, acudiréis a la linde del bosque, donde os reunís cuando toca Supervivencia.

La Noche del miedo es una yincana; una pista os llevará a otra.

El fin es resolver el misterio que os plantearemos.

Trabajaréis por equipos junto a los miembros de vuestra cabaña. No olvidéis traer linternas.

—Vamos a morir —gimotea Minnie por lo bajini.

—Tranquila, juntas lo superaremos. El miedo da menos miedo cuando es compartido —le contesto con un hilo de voz.

—Vale, y para caldear el ambiente, hoy contaremos historias de terror. ¿Quién quiere empezar? —nos anima Nicky.

«Por si no hubiera tenido bastante s sucesos paranormales ya hoy », me lamento.

« Esto se pone cada vez más interesante», corrobora Lia.

—¿Te animas, Cece? —me pregunta Violet, que está sentada a mi derecha.

Desde luego no será porque no tenga historias de terror que contar: la maldición de Zoltar el muñeco adivino, la bruja loca que lee el futuro en posos de té…

—No, gracias, no se me ocurre ninguna.

—Entonces empezaré yo —resuelve Kennedy al ver que nadie se decide—. Esta es la historia de cómo dos amigas acabaron intercambiando cuerpos en una extraña noche de luna llena.

«Muy apropiado…» .

La noche está siendo larga, pues me está costado conciliar el sueño. A solas en mi cama, las palabras de la bruja se repiten en bucle y la sensación de inquietud que se me ha quedado en el cuerpo tras las historietas de miedo tampoco ayuda.

«Lia, puede que me arrepienta de preguntarte esto, pero ¿tú qué opinas de todo lo que ha pasado?».

«¿Por fin te interesa mi opinión? Llevo días advirtiéndote, pero no has querido escuchar me ».

«¿A qué te refieres?», me hago la despistada.

«Cada día en el pasado te aleja más de tu otra vida. Estás más adolescente que nunca, olvidas cosas que has vivido como adulta… No sé. Es preocupante».

Aunque me cueste admitirlo, es posible que Lia tenga un poco de razón. En realidad, hasta yo misma me he dado cuenta de que he cambiado: a estas alturas veo a la Cece adulta a años luz. Ya apenas me identifico con ella y esa otra vida.

«Pero eso es bueno, ¿no?», tanteo. «Si me estoy alejando tanto de mi otra vida significa que vamos bien, porque hemos venido aquí para construir una nueva » .

«No lo sé, Cece», admite Lia. «Estoy tan confundida como tú, y esa bruja me ha puesto aún más nerviosa. A lo mejor deberíamos hacer algo al respecto».

«¡ Por supuesto que lo haremos! Recuperaremos a Devon, pero ahora en serio. No voy a dejarlo ir a pesar de lo que diga esa bruja loca. He arriesgado mucho con esto ».

«Quizá demasiado… Y esa loca es la madre de tu amiga Renata, te lo recuerdo. Si una principiante consiguió trasladarte aquí, ¿cómo no tomar en serio a una bruja experimentada?».

«Hasta los más sabios pueden equivocarse», insisto.

«Además, las predicciones son solo palabras que pueden interpretarse de mil maneras distintas.

A lo mejor estamos haciendo una montaña de un grano de arena.

Yo voto por seguir y ver qué ocurre. Tampoco es que podamos volver de todos modos, todavía nos queda más de una quincena en este tiempo».

«En eso tienes razón», reconoce Lia . « De acuerdo, dejémoslo por ahora, pero mide bien los pasos que darás a continuación».

«Tranquila, lo tengo todo controlado».

« Eso es lo que me preocupa viniendo de ti ».

Los talleres de atrapasueños del domingo por la mañana me pasan factura por culpa de las pocas horas de sueño. Estoy a punto de quedarme dormida sobre los ovillos de lana, que se me antojan blanditos y cómodos, cuando una emocionada Kiara acude a nuestra mesa.

—¡Cece! Tengo una sorpresita para ti —dice emocionada la pequeña, llevándose las manos a la espalda para ocultar lo que lleva en ellas.

—¡Anda! ¿Y qué es?

—Adivina —me reta.

Viniendo de ella puedo esperarme cualquier cosa, pero me pongo nerviosa cuando un pensamiento alocado me acude a la cabeza: ¿podría ser un mensaje de Devon? No he vuelto a verlo desde mi numerito del viernes por la noche y eso me inquieta.

— ¡Suéltalo ya!

Kiara, divertida, deposita un objeto ligero sobre mi mano buena. Al bajar la mirada distingo una pulsera de hilo tejida con los colores más llamativos del universo. Estoy segura de que a Felicity, la directora, le encantaría.

—Oh, es una pulsera muy bonita, ¿la has hecho tú?

—Sí, es nuestra manualidad de hoy: una pulsera de la amistad.

El corazón se me derrite un poquito. Podría haber escogido a cualquiera de sus amigas y, sin embargo, la ha hecho para mí.

Es un gesto precioso, pero me preocupa que, si me la ha dado a mí, sea porque sigue teniendo problemas con sus compañeras de cabaña.

Espero que no la estén dejando de lado, o peor, haciéndole bullying de nuevo.

—Muchas gracias, Kiara, es una monada. ¿Has hecho más para tus amiguitas? —indago.

—Sí, he hecho otra para Scarlett.

Respiro un poco más aliviada. No sé por qué me he alterado tanto por una tontería. Estoy de los nervios por todo lo que ha pasado en las últimas horas. Pero como no quiero preocupar a mis compañeras, debo disimular.

—Muchas gracias, Kiara. Has escogido unos colores muy… bonitos.

—¡Sí! Es para que si te pasa algo en la Noche del miedo puedan identificar tu cadáver. La monitora me ha dicho que ese hilo amarillo brilla en la oscuridad.

— ¡¿Perdona?! —exclama Minnie a mi lado, que ha escuchado toda nuestra conversación. Parece que se le van a salir los ojos de las órbitas.

— ¡ Oye, Kiara! No se gastan bromas así.

—Ya me lo agradecerás —contesta, sacándonos la lengua a ambas y echando a correr.

—¡Bienvenidas, bienaventuradas! —nos desea Trisha, siseando bajo una dentadura de vampiro postiza.

Cae la noche cuando por fin nos toca empezar la aventura a las de quince y dieciséis.

Como estaba previsto, nos hemos reunidos en la linde del bosque para la famosa Noche del miedo y la hija de la directora está muy metida en su papel.

Con la capa negra ondeando bajo la brisa nocturna, nos da las primeras instrucciones.

—Ha ocurrido un crimen esta noche y el culpable se oculta entre decenas de sospechosos que han huido al bosque para evitar ser detenidos.

En vuestras manos está encontrarlo y traerlo de vuelta para llevarlo ante la justicia.

Prestad atención a las pistas, la primera de ellas está ya en vuestra posesión. Analizadla bien.

Miro el pedacito de papel arrugado que hace un momento nos han repartido: «Cuando el sonido de un rugido rompa la noche, huye en dirección contraria y te toparás con la siguiente pista». ¡ Vaya juego de palabras sin sentido!

—Dejaos guiar por vuestra intuición —continúa Trista— y atended a mis secuaces, a quienes iréis encontrando a lo largo del recorrido.

Ellos os guiarán hacia la victoria… o hacia el infortunio, si no los tratáis con el respeto que merecen.

¡Adelante, valientes! Que empiece el primer grupo: cabaña 21, por favor, proceded.

Savannah y sus compañeras se abren paso hacia el bosque mientras el resto esperamos nuestro turno. A mi lado, Minnie tiembla como una hoja.

—Tranquila, sus secuaces son el resto de monitores y Hermanas Mayo res disfrazadas —aclara Kennedy.

—Además, Trisha se refiere a que no intentemos desenmascararlos, literalmente, porque entonces romperíamos la gracia del juego —añade Violet.

—Pero ¿ no se supone que debemos hacer justo eso? ¿Encontrar al culpable? —intervengo.

— ¿Sabes lo que significa « literalmente » ? ¡Me refiero al disfraz, tonta!

—¡Oye! No te pases, Violet, yo no te insultado.

—¡Parad las dos! Debemos permanecer unidas. —Kennedy me quita el papelito de la mano para estudiarlo juntas—. Hay que seguir el sendero principal, lo dice en las instrucciones. No debemos desviarnos de él.

—¿Y qué pasará cuando haya una bifurcación? —pregunto.

—Entonces tomaremos el camino contrario del que provenga el rugido, como especifica la pista —resuelve como si fuera obvio.

«¡ Fácil decirlo! Ahora falta ver qué es eso del rugido ».

—No habrá leones en el bosque, ¿verdad? —pregunta Minnie, como haciéndose eco de mis pensamientos.

Violet bufa, pero nadie responde.

Seguimos esperando en silencio hasta que Trisha nos indica que es nuestro turno. Encendemos las linternas y nos metemos en el bosque sin mediar palabra, sintiendo c ó mo, a pesar de lo valientes que se creen algunas, no soy la única que está aguantando la respiración.

No tardo en contagiarme del miedo que da nombre a la actividad; el bosque es siniestro a estas horas de la noche.

Los árboles se ciernen sobre nosotras, proyectando sombras fantasmagóricas que se acentúan por culpa del brillo de nuestras linternas.

Y el silencio que nos envuelve provoca que el más mínimo ruido, como el chasquido de alguna ramita que se interpone en el camino, dispare mis pulsaciones hasta el punto de que me duelan los oídos.