Lo que pudimos ser y otros dramas CAPÍTULO 19
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CAPÍTULO 19

Tic, tac. Tic, tac.

El aula donde damos las clases de repaso de los sábados por la mañana está tan silenciosa que el ruido de las manecillas del reloj analógico que hay en la pared amenaza con acabar con mi paciencia.

Su incesante tic tac me está taladrando el cerebro e, inconscientemente, aprieto tan fuerte el lápiz contra la hoja de papel de mi cuaderno que consigo partir la punta.

Estar escribiendo con la mano que no acostumbro tampoco me lo pone fácil, todo sea dicho.

—¿Qué haces? —murmura Minnie a mi lado.

—Me duele la cabeza, ¿vale? —replico en voz más alta de lo que debería.

—¿Algún problema, Cece? —me pregunta Dawson, digo… ¡Carson!

—Ninguno en absoluto —me apresuro a contestar. Minnie se revuelve incómoda a mi lado y Violet, en el pupitre de delante, se ríe con disimulo. Al menos la risa se le atraganta y acaba tosiendo sin parar.

«¡ Será bruja!».

A su lado, Kennedy le da unas palmaditas en la espalda y me mira con una expresión que no sé cómo interpretar. Al contario que Violet, que hoy lleva un par de capas extra de maquillaje, o que yo, que parece que me haya atropellado un camión, la rubia está tan fresca como de costumbre.

«No lo entiendo», pienso para mí.

« Se llama resaca».

«¡Buenos días a ti también, Lia!»

«Yo no sé si “buenos” es la palabra adecuada. ¿Qué? ¿Arrepentida?».

«¿Por qué debería estarlo?» , salto a la defensiva.

«Veamos. Déjame enumerar: te saltaste el toque de queda, introdujiste sustancias prohibidas que además consumiste, te emborra chaste, besaste a Devon y luego encima lo acusaste de estar enrollándose con Violet. Muy maduro todo».

«No introduje nada ; una de las chicas de la otra cabaña lo hizo.

Yo tan solo me limité a aceptar la bebida, aunque si hubiera sabido que los chupitos sentaban tan mal...

Pero bueno, al fin y al cabo, solo tengo dieciséis años , ¿no?

Es normal que cometa errores. Todavía me queda mucho tiempo para madurar».

«¡Y que lo digas! Últimamente no has dejado de dar pasos hacia atrás. Cada día eres más cría » .

Ya estamos otra vez con el temita. Paso. Además, acabo de recordar un detalle importante:

«¡Te equivocas, Lia! Algo habré hecho bien, sino c ó mo explicas que Devon me devolviera el beso, ¿eh?».

«Sí, para luego mandarte a la mierda con educación ».

«No. Técnicamente me dijo que ese no era el momento para hablar . ¡No es lo mismo! Además, luego reconoció que se preocupaba por mí. Otro punto a mi favor ».

«Está bien, doña Lista, ¿cuál es el siguiente paso que piensas dar?».

La verdad es que ni me lo había planteado.

Lo que no le he confesado a Lia es lo confusa que me siento; Devon no deja de mandarme mensajes contradictorios y ha quedado claro que mi archienemiga ha saltado a la acción.

Tampoco le he contado que desde hace varios días hay otro pensamiento oscuro que pide paso: la certeza de que el destino no deja de retorcerse en mi contra, siguiendo el curso marcado, aquel que me juré remediar.

« Me estoy agobiando, Lia. Solo de pensar en volver a esa horrible vida de solterona rollo Bridget Jones que lleva la Cece adulta, que jamás ha salido con ningún chico, me llevan los mil demonios » .

«¿Qué nunca qué?».

Pero la campana de fin de clase me libra de atender a Lia.

Minnie se apresura a recoger su material sin dirigirme la palabra, recordándome que tengo otra conversación pendiente y que esta no puede esperar.

Así que me levanto para aprovechar el cambio de clase, pero mis movimientos son torpes y, en mi intento por alcanzarla, choco contra Kennedy sin querer.

El sonido de un montón de lápices y otros utensilios cayendo en cascada al suelo hace que me lleve una mano a la cabeza, donde un fuerte pinchazo ha intentado perforarme el cráneo.

—¡Auch! —exclamo a la vez que Kennedy se lamenta y se agacha a recoger su estuche.

—Luego te alcanzo —le indica ella a Violet que, al contario que Minnie, sí estaba esperando a su amiga. La morena hace un gesto de asentimiento y nos deja solas.

—Lo siento —me disculpo intentando ayudarla a recoger algunos lápices con torpeza. ¡Maldito vendaje! Me sigo frotando la sien con la mano buena.

— ¿Resaca? —pregunta la rubia , sonriendo petulante cuando alza el rostro hacia mí.

—Aquí no —la chisto mirando de reojo a Carson.

Por suerte, el profesor no parece habernos escuchado, así que azuzo a Kennedy para que salga al exterior, sin darle tiempo a devolver el estuche a su mochila.

—¿Estás loca? Ayer prácticamente me amenazaste para que no armara escándalo al irme y que nadie se enterara, y ahora, por tu bocaza, casi la has cagado —le recrimino.

—Así que te acuerdas de todo —afirma, devolviendo el estuche a la mochila y cerrando la cremallera.

—¡Pues claro! Tampoco iba tan mal.

« Para nada…».

—Por cierto, ¿por qué a ti no te afecta el alcohol ni un poquito? —añado—. Bebiste tanto o más que yo.

—Cece, Cece, Cece… —Kennedy suena como Violet, luego se ríe y me pasa un brazo por encima de los hombros—. Te queda mucho por aprender.

—¿A qué te refieres? —pregunto confusa.

—Llevo varios años jugando al Verdad o trago . Es sencillo. Cuando te toca beber, te mojas los labios y disimulas. Ya sabes, cabeza atrás, una risita tonta, un comentario que distraiga al resto…

—Pero eso se nota. O sea, tu vaso seguirá lleno…

—Por eso siempre llevo mi propio vaso. ¿No te diste cuenta?

—Sí, pero pensaba que era por higiene o por manía, yo qué sé.

—¡Era opaco, tía! Además, ¿recuerdas cuando te acompañé fuera? Aprovech é para volcarlo enterito en la tierra. De esta forma, volví a tenerlo vacío para cuando tocó que me lo llenaran otra vez.

—¡Vaya! —exclamo asombrada—. ¡Eres toda una profesional!

—La práctica hace a la experta.

«Y que lo digas…».

—¿Por qué me cuentas todo esto? —pregunto de repente. Todavía no sé de qué va Kennedy y toda esta complicidad se me está haciendo rara.

—Porque te respeto, tía. Eres una buena chica. No te dejes engatusar, la vida está llena de trucos de magia.

La rubia me guiña un ojo, se despide con un gesto, y sale corriendo para alcanzar a Violet, que ya está lejísimos de nosotras.

«¿Crees que todo eso iba con segundas, Lia?».

«Juraría que sí», me confirma mi voz interior.

¿Habré estado viendo espejismos todo el rato?

A lo mejor Devon fue sincero cuando me dijo que me estaba montando películas, incluso puede que lo haya malinterpretado todo y Violet no haya movido ficha en realidad.

Quizá incluso todavía esté a tiempo de redirigir las aguas a su cauce.

Mañana cumpliré dos semanas exactas en el campamento, la mitad de mi tiempo en este pasado, así que si no quiero volver al mismo lugar donde inicié este viaje, debo redoblar los esfuerzos.

Sí, eso es lo que tengo que hacer, ese es el siguiente paso.

Debe quedar alguna otra oportunidad por ahí afuera, me niego a aceptar que esto sea el fin. Todavía no.

No consigo localizar a Minnie en el comedor, así que acabo comiendo con Kennedy y Violet.

Savannah y Olivia se nos unen al cabo de un rato, pero, por suerte, todas (o casi todas) tienen tanta resaca como yo, así que no hay risitas tontas ni temas de conversación incómodos; el silencio y la desgana son nuestros compañeros de mesa.

La verdad es que lo agradezco, así puedo permitirme trazar un nuevo plan de acción.

—¿Alguien va ir al pueblo esta tarde? —propone Kennedy en los postres.

—Olivia y yo pasamos —contesta Savannah por las dos—. Necesitamos una siesta.

—Yo tampoco me apunto, Kennedy. Tengo otros planes —asegura Violet.

Savannah se despierta de golpe.

—¡¡¡Uyyy!!! Cuenta, cuenta, ¿ tienen que ver con…?

—Son cosas personales —la corta Violet y Savannah arruga su naricita, ofendida. No dice nada más , pero si las miradas matasen…

—¿Qué vas a hacer tú, Kennedy? —pregunto, intentando aliviar la tensión reinante.

—Pues la verdad es que a mí tampoco me apetece ir hoy al pueblo, creo que me pasaré por la cabaña de mi hermana. Tiene que… contarme algo.

Otra que se hace la misteriosa. La cosa pinta rara.

Cuando Rubia Uno y Rubia Dos se retiran y mis compañeras no tardan en hacer lo mismo, cada una en una dirección diferente, yo me quedo meditando las opciones.

Hace unas horas me hubiera apuntado al plan de la siesta, pero ahora, tras haberme comido el plato que me ha servido Kennedy (espinacas salteadas, huevo duro, salmón y aguacate), junto al plátano y unas galletas de jengibre, me siento bastante renovada.

—Y no te olvides de beber mucha agua a lo largo de todo el día —ha añadido Kennedy al ponerme la bandeja en la mano.

La verdad es que estaba un poco reticente cuando me ha asegurado que la alimentación sana era clave para recuperarse de una resaca, pero vistos los resultados, le doy la razón. Ahora tengo la energía suficiente como para empezar a moverme.

Por un lado, me gustaría seguir a Violet, ver qué se trae entre manos, o incluso a Kennedy, para asegurarme qué tiene entre las suyas y si de verdad va a visitar a su hermana, pero también necesito encontrar a Devon; tengo que aclarar lo de anoche.

Para conseguirlo creo que iré al pueblo a ver si allí consigo encontrar a mi skater boy. Y después… todo lo demás vendrá rodado. A no ser que, al encontrarme con él, dé también con mi archienemiga y desmonte así sus excusas baratas.

«¡Estás paranoica!», me acusa Lia.

«Puede, pero solo hay una manera de averiguarlo».

Lleno mi botella de agua hasta el tope y, tras beber un sorbo largo, pongo rumbo a Beakend.