CAPÍTULO 17 #3
—Lo dice la que estudia guitarra en lugar de ballet, cuando se supone que es bailarina —me acusa.
«¡ Touch é !», exclama Lia. «Eso era justo lo que te iba a decir. Cece, no predicas con el ejemplo. Creo que de esta solo puedes salir siendo sincera » .
—Vale —suspiro. La verdad es aplastante—. A lo mejor tienes razón, pero tú no lo entiendes. Es complicado.
Kennedy sonríe satisfecha al escuchar las mismas palabras que ha usado ella hace un momento.
—¿Lo ves? No somos tan distintas como piensas. Las dos fingimos ser otra persona para encajar.
—Quizá, pero a diferencia de ti, yo no pisoteo al resto para conseguirlo —añado.
—Tienes razón, lo siento —admite Kennedy finalmente, y casi me dan ganas de pedirle que lo repita, no vaya a ser que lo haya oído mal—.
Te juro que no soy una persona cruel. Fue la única salida que encontré en ese momento.
Renata no me cae mal, parece maja y me gustaría seguir estando en el club, incluso llegar a ser su amiga. Si me deja… —añade con un hilo de voz.
—Pues vas a tener que demostrárselo. —Me cruzo de brazos—. Empieza por pedirle perdón. Aunque si yo fuera ella, no aceptaría tus disculpas tan fácilmente.
—¿Tan rencorosa eres?
«¡No lo sabes tú bien!» .
« Lia, si te estás refiriendo a Violet, está más que justificado que le guarde rencor. Ya la has visto. Está jodiendo nuestros planes, y mi vida, por cierto. ¡Tenemos que acabar con esa harpía como sea! Ahora más que nunca ».
«¿Estás segura de lo que dices?».
«¿Acaso no era ese nuestro propósito inicial?».
« Puede, pero cada día estoy menos segura de lo que estamos haciendo».
«Pero ¿ tú la has visto con Devon? La muy zo… ».
«¡¿ Qué has visto, Cece?! ¿O qué has creído ver?», me interrumpe Lia.
—¿Cece? —me llama Kennedy.
— ¡¿ Qué?! —contesto, enfadada. Aunque a estas alturas ya no sé si es con ella, con Lia, o con el mundo en general.
De pronto, soy más consciente que nunca de la advertencia de Lia sobre la Cece adolescente del pasado ganando terreno, pero, de nuevo, ahora no es el momento de pensar en ello. Kennedy espera mi respuesta con los ojos como platos ante mi combustión instantánea.
—Mira, arregla las cosas con Renata por el bien del grupo y punto —le espeto—. ¡Nos vemos en la biblioteca!
Y, sin darle opción a réplica, saco un conjunto al azar de mi cajonera, agarro el cepillo de dientes y mis pensamientos y yo nos marchamos camino de los baños.
Antes de salir de la cabaña, paso por delante de una anonada Minnie, que no ha vuelto a intervenir en la discusión.
Me mira como si no me reconociera, pero no tengo tiempo para sus juicios ahora mismo.
Debo ponerme en marcha de nuevo. Todavía estoy a tiempo de arreglar las cosas, y con ello me refiero a mi amiga la bruja.
Cuando más tarde, casi al anochecer, volvemos de Beakend tras la sesión del club de lectura, no puedo creer lo bien que ha ido todo. Renata ha aceptado las disculpas de Kennedy y no parece guardarle rencor; cosa que, si lo reflexiono, no me sorprende, porque esa chica es un trozo de pan.
«Todas deberíamos aprender de ella », sugiere Lia.
«¡Estupendo! Al final va a resultar que soy una mala persona después de todo . A la altura de Violet, ¿eso es lo que quieres decir? Quizá Kennedy tenga razón y no seamos tan distintas como pensaba».
«Yo no he dicho eso».
Sin embargo, el mal ya está hecho. Así que, después de otra cena incómoda en la que Minnie y yo apenas hablamos, cuando Savannah y Olivia se acercan para invitarme a una reunión nocturna clandestina en su cabaña, no me lo pienso y acepto. Minnie, por su parte, rehúsa la oferta.
—¿Estás segura de ir con ellas? —me pregunta cuando nos quedamos a solas—. Se rumorea que en esas reuniones hacen algo más que hablar de chicos, ya me entiendes. —Hace un gesto como si bebiera de una botella.
—¡No me importa! ¡Necesito despejarme! Llevo todo el puto día encerrada. Voy a volverme loca si no salgo.
—Pero si hoy hemos estado en el pueblo —razona.
—Estoy saturada, Minnie. ¿Qué es lo que no entiendes?
—Podemos hacer algo juntas, desahógate conmigo si quieres, pero no me grites como a Kennedy —dice. Y se da cuenta de que ha sido un golpe bajo porque se muerde el labio, arrepentida—. O si prefieres, podemos jugar a un juego de mesa en la zona común, también hay cartas.
—Minnie, necesito desconectar, ¿vale? ¡ Una estúpida partida de cartas no va a conseguirlo!
«¡ Mierda! Creo que me he pasado » .
— ¿ Así que ahora soy una estúpida? De acuerdo. ¡ Entonces vete con tus nuevas amigas! O, mejor aún, escápate un ratito con tu nuevo novio. Cualquier cosa antes que quedarte con la pringada de turno.
—Minnie, no pretendía…
Pero me deja con la palabra en la boca; agarra su bandeja con los restos de la cena, se levanta, me da la espalda y desaparece dentro del pabellón.
«¡Genial! Puede que es te sea el peor día de mi vida», lloriqueo.
« Mmm, te diría que la drama queen ha vuelto, pero me preocupa que esto se nos esté yendo de las manos un poquito».
Si hasta Lia ha perdido la esperanza, ¿qué me queda?