CAPÍTULO 7 #2
Unos minutos más tarde me arrepiento de mis propias palabras.
Mientras Kiara me guía a través de los caminos que llevan a las distintas instalaciones del campamento sin dejar de parlotear como una cotorra, me doy cuenta de que es una niña muy despierta para su edad y me recuerda un poco a cómo era yo de pequeña.
—Pues aquí estamos, cabaña veintidós —anuncia al cabo de un rato—. ¡Pásalo bien! Nos vemos en la cena.
Se vuelve, resuelta, haciéndome un gesto con la mano y lista para regresar por donde hemos venido.
—¡Ey, espera! ¿Vas a volver sola a tu cabaña?
—¡Pues claro! —se burla—. ¡Pan comido!
«Estupendo. Hasta una niña de nueve años se ríe de mí».
«Ja, ja, ja ¡Es majísima!», se burla la voz.
A veces me dan ganas de estrangularla.
Pero es difícil encontrar el cuello de alguien que no existe, así que entro a la cabaña para conocer a mis futuras amigas.
Saludo tímidamente, pero nadie me presta demasiada atención: cada una está a lo suyo.
La primera en la que me fijo es, por supuesto, Violet.
Parece estar muy ocupada mirándose en un espejo de mano mientras se retoca su famoso gloss , cuyo penetrante olor a coco llega hasta mí.
Es guapa a rabiar, eso no se lo puedo negar.
El largo cabello negro le cae lacio hasta casi la cintura, donde el top blanco fruncido de tirantes le deja el ombligo al aire.
Va a conjunto con una falda acampanada que le llega por debajo de las rodillas tostadas.
Su look es clavadito al que llevaba la actriz Sarah Michelle Gellar en la premier de Scooby Doo que tuvo lugar el pasado mes de junio.
El de 2002, claro. No sé cómo he recordado eso, solo que tengo la foto de la revista Seventeen grabada en la retina.
La actriz aparecía junto al coprotagonista de la película, Freddie Prince Jr. Un puñado de mariposas se me agolpan en el estómago: él fue uno de mis primeros flechazos.
«Céntrate, Cece. Violet es nuestra rival a batir. No lo olvides».
Por desgracia no lo olvido, no. ¡Venga, va! Alguien tiene que decir algo. ¿Cómo era esto? ¡Ah sí! Ya recuerdo.
—¡Madre mía! ¿Es que no van a dejarnos respirar ni un segundo? ¿No se supone que estamos de vacaciones? —exclamo, fingiendo indignación a la vez que analizo el papel con el programa de actividades para las próximas cuatro semanas que acaban de entregarnos en la asamblea.
—¿Primer año? Soy Violet Sanders —dice Violet, levantando la mirada y cerrando su espejito dorado—. Este es mi tercer año aquí y Kennedy lleva viniendo incluso más años que yo. —Señala a la chica de bucles dorados que está muy ocupada deshaciendo su equipaje.
Kennedy me mira con diversión. Después, explota una enorme burbuja de chicle que se le pega en la hendidura entre las paletas delanteras.
Mien tras se afana en despegárselo, me fijo en su conjunto: un top verde turquesa con transparencias rosadas en las mangas a juego con un cinturón, también rosa y lleno de tachuelas, que acompaña a sus vaqueros corsario de cintura baja llenos de rotos y descosidos.
Y no, no son viejos; el efecto está hecho a propósito y seguro que valen más de cien dólares.
—¡Eres la chica que ha llegado tarde! —exclama, divertida, aunque a mí no me hace ni pizca de gracia—.
¡Bienvenida al Campamento White Yarrow! No te preocupes, seguro que lo vas a pasar genial.
Respecto al programa: no es para tanto. También tenemos nuestros ratos libres, pero te aseguro que todas las actividades molan mogollón.
—Claro, solo tienes que elegir lo que más te guste en las casillas donde te dan opciones. ¿Ves? Es sencillo —añade Violet.
La conversación sigue más o menos el mismo curso que en mis recuerdos, con Minie presentándose después.
Sonrío ampliamente al verla: es tal y como la recordaba.
No suelo fijarme tanto en la ropa que lleva la gente, pero la moda de los 2000 me resulta fascinante vista en retrospectiva.
El estilo de Minnie es sencillo en comparación con el de mis otras compañeras: un peto vaquero sobre una camiseta de manga corta estampada con mariposas de los mismos colores que las pincitas que le adornan el corto pelo castaño, despejándole su rostro en forma de corazón donde unas diminutas gafas apenas destacan sobre sus enormes ojos azules.
Es ella la que me invita a apuntarme a Tiro con arco cuando me concentro en el programa. Mi elección va a ser un poco diferente de la original esta vez. Tomo el bolígrafo rosa que me tiende una de las chicas y marco mis nuevas opciones:
Escojo Tenis en lugar de Lacrosse (recuerdo que no se me daba especialmente bien), pero mantengo Remo, Dibujo y pintura y y Yoga (lo voy a necesitar para mi estabilidad mental) y, por supuesto, no puedo cambiar Tiro con arco ni Equitación (pues así tendré más oportunidades de compartir mi tiempo con Devon).
Hablando del skater boy , he aquí el cambio más importante: nada de Ballet.
Voy a tomar clases de guitarra pues, si no recuerdo mal, él es el instructor.
«¿Y no afectará eso a tu futuro estudio de danza?», pregunta la voz.
«No creo. Ya era una bailarina experimentada (que no especialmente buena), antes de llegar aquí. Con lo aprendido en los años pasados tendrá que bastar».
«¿Y qué hay de Cora y Micah?».
Renata me aseguró que la regresión no afectaba a las personas.
Bueno, en realidad no fue exactamente así.
Dijo que quien fuera a nacer, nacería igual y lo mismo con la muerte.
Pero que su nacimiento esté asegurado no significa que los vaya a conocer, ¿no?
A estas alturas ellos ya deben estar por el mundo…
¡Bueno! No pasa nada. Es una elección diminuta y seguro que mi experiencia será más que suficiente para que me haga con el estudio de danza en el futuro.
«Pero lo hiciste por desgana, porque casándote con Maddox te convertiste en una ama de casa aburrida. Si triunfamos y no te casas con él, entonces…» .
«Eso no es del todo así. A mí me gusta … me gustará bailar. Se acabó, estoy decidida. Solo aquellos que arriesgan ir demasiado lejos pueden encontrar lo lejos que pueden llegar».
«¿Eso no era de…?» .
«De T.S. Eliot, sí. ¡Vaya! Sí que era buena estudiante».
En fin, tomaré esas clases de guitarra porque necesito todo el tiempo que me pueda permitir con Devon si de verdad quiero que compartamos un futuro común.
Y, ahora que lo pienso, él también estará en Supervivencia y naturaleza.
Aunque era el monitor de un grupo avanzado y yo, una total inexperta en el tema, acabé en uno distinto.
Voy a tener que esforzarme mucho para entrar en el grupo de Devon.
—¡Listo! Creo que lo tengo —exclamo, contenta con mi nuevo horario, que finalmente queda así:
Campamento White Yarrow (verano 2002)
Satisfecha con mi nueva elección, me guardo la hoja para entregársela a Nicky durante la cena, y paseo la mirada por el interior de la cabaña, absorbiendo cada detalle que mi memoria había olvidado.
Hay un par de literas, una enfrente de la otra.
Violet y yo compartiremos una; ella ya ha empezado a colocar un saco de dormir fucsia que atenta a la vista.
Kennedy y Minnie compartirán la otra; sangre nueva con sangre vieja, como es tradición, pues para la segunda también es su primer año aquí.
A ambos lados de cada litera hay varios escritorios que casi se funden con el resto de la estancia, pues son de la misma madera con la que parece estar hecho absolutamente todo en este campamento.
Hay uno para cada una de nosotras, y están pegados a la pared, donde han fijado una serie de estantes para que podamos colocar nuestras cosas.
De hecho, Minnie está llenando el suyo de fotos familiares.
En la pared del fondo hay cuatro cómodas idénticas con cinco cajones.
Cada una tiene atornillada una plaquita de plástico transparente en cuyo interior aparecen nuestros nombres escritos en una pulcra caligrafía sobre un cartoncito con el logo del campamento: un escudo rollo escuela elitista que refleja las actividades principales, coronado por las iniciales del campamento, una W y una Y, situadas justo debajo de una milenrama, o aquilea blanca, la flor que da nombre al mismo.
En el lado contrario, la puerta de entrada está franqueada por un perchero (a la izquierda) y un armario de doble puerta (a la derecha).
Violet, que ya ha terminado de hacer su cama, me sigue con la mirada y, de repente, echa a correr hacia el armario y se abre de brazos como si quisiera protegerlo.