Lo que nos siguió a casa 9. Luz y Fer #2
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9. Luz y Fer #2

12.14.2021 (04:46) – TWNVSTGTR: Alguien me ha estado husmeando en la basura. Los oí en mi jardín anoche. Creo que es hora de invertir en unas cámaras .

04.02.2022 (12:39) – TWNVSTGTR: SÉ que estás leyendo esto. Un consejo: no sigas a otra persona en el mismo coche durante dos semanas seguidas. TE ESTOY VIENDO .

05.10.2022 (03:50) – TWNVSTGTR: ¡JA! ¡QUE TE JODAN! Ya es hora de ver a dónde está transmitiendo ese pequeño bastardo .

Se adjuntaba una foto con flash de un router destrozado en una habitación completamente a oscuras. En primer plano, una mano de uñas sucias sujetaba un componente electrónico sin identificar.

Empecé a preguntarme si esa persona no sería realmente un psicópata, como parecían pensar los demás usuarios.

Si seguía persiguiendo a los fantasmas de aquel día, ¿acaso iba a acabar yo también así, revolviendo cosas en la oscuridad, arrancando cables de las paredes en busca de micrófonos ficticios?

Me imaginé a Tanita encontrándome encogido en un rincón de mi oficina, rodeado de aparatos destripados y frascos con mi propia orina.

Entonces lo vi.

23/08/2022 (18:21): TWNVSTGTR: ¡BINGO! Esto explica la interferencia demoníaca a la que me he enfrentado. Por fin he descubierto qué son los colgantes. El sello de Lucifer. Nunca había estado tan cerca. Pero ellas tampoco .

Adjuntaba un video ampliado y granuloso del colgante negro que llevaba una de las gemelas extraído de una cámara de seguridad próxima a una explosión de gas en Chicago. Había hecho todo lo que había podido por recomponer los píxeles borrosos y extraer un símbolo: dos triángulos invertidos.

Saqué mi cuaderno y busqué el boceto del símbolo que había visto ese día en el cuello de las mujeres. Coincidían. Twinvestigator había descubierto lo que era.

Seguí buscando más publicaciones sobre el símbolo, pero no encontré nada. Su última publicación había sido hacía más de un año.

18/10/2022 (23:09): TWNVSTGTR: Después de toda mi búsqueda, me doy por vencido.

El rastro se ha enfriado. No se ha visto a las gemelas en casi dos años.

No puedo seguir con esto. Sea lo que sea lo que estaba buscando, o ha desaparecido o nunca existió.

Quizás teníais razón. Quizás no soy más que otro «psicópata» .

Tras haber encontrado por fin una prueba de lo que había visto, una mínima posibilidad de explicar lo que había pasado, me negué a dejarlo escapar. Si el tipo estaba delirando, entonces supongo que yo también. No podía darse por vencido; no se lo permitiría.

No lo pude evitar. Hice clic en el botón de respuesta.

17/01/2024 (05:26) —TÚ: No estás loco. Yo las vi. El Javits Center. Estaban allí .

Traté de mantenerme despierto, una parte de mí tenía la esperanza de que él estuviera atento al hilo, que siguiera tan secretamente obsesionado como yo, pero poco después, con la luz de la mañana ya entrando por la ventana y la resaca haciendo su efecto, me quedé dormido en el sofá.

Solo pasaron unas horas antes de que el estridente sonido de mi teléfono me despertara sobresaltado. Despegué la cara del cuero del sofá y traté de limpiarme los ojos secos, y luego miré la pantalla rota. Tanita.

Contesté la llamada, ansioso por decirle que quizás no estaba loco o que, al menos, estaba involucrado en una especie de interesante delirio colectivo. Debió de notar la resaca en mi voz.

—Dios mío, Aurelio. Por fin contestas y suenas fatal.

—Lo sé. ¿Qué hora es?

—Las cuatro, más o menos. Escucha. Solo quería saber que estabas vivo. Estaba preocupada. Hasta el propio Quin sigue llamándome solo para preguntarme si estás bien.

—Estoy bien. Estoy bien, creo.

—¿Crees? ¿Necesitas que te lleve algo? Técnicamente, sigo siendo tu asistente.

—Estoy bien, de verdad.

—¿Necesitas comida? ¿Ropa limpia?

Al parecer, ya pensaba que me había vuelto completamente loco. Me reí por lo bajo.

—No pasa nada, en serio. Escucha, he descubierto algo. Sobre lo que vi. La mujer. Las mujeres.

—¿Ah, sí? —respondió aumentando el tono de preocupación en su voz.

Empecé a contarle lo del hilo. Lo de Twinvestigator. Al principio, pareció fingir interés. Me la imaginé pensando cómo pedir cita para una revisión médica entre sus «ajá» y sus «uh-huh», pero al rato pareció seguirme la corriente.

—En fin, odio tener que reconocer que pareces bastante normal, a pesar de lo que estás diciendo.

—Gracias. Mira, quiero decir, sea cual sea el caso, se podría hacer una buena película sobre mi caída en la locura.

—Mmm… no estaría mal: la historia de dos desconocidos que desarrollan exactamente la misma extraña fijación por algo. ¿Te respondió?

—No lo sé. Aún no he mirado.

Acerqué el portátil y pulsé las teclas un par de veces para activarlo. La pantalla se iluminó, aún en el hilo. Se me aceleró el corazón.

—Mierda.

—¿Respondió?

Miré las respuestas. La primera era de otra persona, otro usuario anónimo. Se las leí a Tanita.

17/01/2024 (07:48) Anónimo a ti: Borra. Rápido .

17/01/2024 (08:30) TWNVSTGTR a ti: ¿Estabas allí cuando ocurrió?

17/01/2024 (08:31) Anónimo a ti: No respondas .

—¿Quién te dice que no hables con él? —preguntó Tanita.

—No lo sé. Es otro usuario anónimo como yo. Puede que estén bromeando, pero… —Me detuve—. Espera. Creo que están escribiendo.

—¿Quién?

—Anónimo está escribiendo…

Los dos esperamos. Tanita se quedó en silencio, absorta en la historia que se desarrollaba por teléfono. La publicación apareció de repente.

17/01/2024 (16:24) Anónimo a ti: Cuelga .

Se me revolvió el estómago y se me heló la sangre. Cerré de golpe el portátil, casi lanzándolo lejos de mí.

—¿Qué? ¿Qué dijo? —preguntó Tanita, expectante.

Se me pegó la lengua al paladar.

—Dijo… Dijo… «Cuelga».

La línea telefónica crepitó mientras ambos seguíamos en un silencio atónito. Yo estaba paralizado, sin saber si debía obedecer o desobedecer aquella orden de quien fuera que me estaba escuchando.

Dos posibles realidades cobraron sentido en ese momento: o bien Twinvestigator y yo estábamos completamente locos, nada de esto era real y alguien, inexplicablemente, había decidido entrar en un hilo de hace más de un año para fastidiarme y publicar «Cuelga» por si acaso yo estaba al teléfono y mirando el hilo en ese momento, o existía la posibilidad de que estuviéramos cuerdos —lo que hizo que sintiera que la cena de la noche anterior, calentada en el microondas, me subía por la garganta—, que realmente me estuvieran acosando unas fuerzas misteriosas y que esas fuerzas ahora se hubieran vuelto contra mí. Nunca había deseado tanto estar loco.

—Aurelio —dijo Tanita rompiendo el silencio—, no me estás tomando el pelo, ¿verdad?

—Veámonos en la biblioteca —dije y colgué.

Corrí al baño y vomité en el inodoro. Luego me lavé y me afeité.

Cada vez que el agua me salpicaba la cara, trataba de mantener los ojos abiertos, temeroso de cerrarlos ni un momento.

Necesitaba estar rodeado de gente. Por primera vez en mucho tiempo, sentí la necesidad de estar entre la multitud, de refugiarme en el rebaño.

Caminé a paso ligero hacia la biblioteca y solo me detuve para comprar un bollo y un café con el que llenar el estómago atacado por los retortijones. Miré sobre el hombro, escaneando constantemente a quienes me rodeaban en busca de caras conocidas.

Esperé a Tanita durante una hora. Pensé en llamarla, pero no podía volver a usar mi teléfono. Esperé otra hora sentado, completamente quieto, observando a los usuarios de la biblioteca antes de decidirme a usar el mostrador de consulta.

Escribí: Sello de Lucifer y pulsé «Intro».

La pantalla se llenó de las lecturas recomendadas por el sistema bibliotecario: La Divina Comedia , de Dante; Lucifer , de Van den Vondel; El paraíso perdido , de Milton; Apocalipsis , de San Juan; Contra Marción , de Tertuliano; La ciudad de Dios , de Agustín de Hipona.

Les eché un vistazo rápido e hice clic en los artículos sobre el origen del nombre «Lucifer», su representación en El paraíso perdido como una posible figura prometeica que otorga libre albedrío a la humanidad, y el sello de Lucifer como símbolo de la dualidad del hombre para hacer el bien y el mal.

El mismo nombre de Lucifer, el gobernante de todo lo que estaba destinado a ser oscuro, traducido del latín significaba «portador de luz».

En algún lugar en el fondo de mi mente, bajo el pánico abrumador, había una pizca de vergüenza católica mexicana por lo poco que sabía sobre el diablo.

Mi frenética investigación se vio interrumpida por una notificación del sistema que apareció en la pantalla:

Llevas una hora conectado. Si ves a otros usuarios esperando, por favor, considera dejarles su turno.

Muy tenso, miré a mi alrededor, vi la biblioteca casi vacía y descarté el mensaje, pero ya habían pasado tres horas y Tanita no había dado señales de vida.

No tenía más remedio que intentar llamarla.

Cuando alcancé mi teléfono, un hombre se sentó a mi lado en los ordenadores.

Cerré las pestañas de mi investigación con naturalidad, mientras él abría un documento de texto en blanco.

Saqué mi teléfono, dudando con el pulgar sobre el contacto de Tanita, cuando el hombre carraspeó ruidosamente.

Al mirar, vi en su pantalla, en letras lo bastante grandes como para que yo pudiera leerlas: No deberías haber dicho por teléfono a dónde ibas. Vendrán a por ti .

Siguió mirando fijamente a su pantalla, escribiendo: No podemos hablar aquí. 538 Johnson #6 en Brooklyn. No vayas primero a casa. No dejes que te sigan .

Antes de que me diera tiempo a abrir un documento en mi pantalla para responder, él cerró el suyo y se marchó.

Me quedé allí sentado, con el pulgar aún sobre el número de Tanita, sopesando mis opciones.

Fuera quien fuera el hombre, ya había demostrado que decía la verdad.

Era evidente que alguien me estaba escuchando.

No iría a casa, pero me preocupaba Tanita. Su apartamento estaba a solo unas paradas antes de Johnson Street, así que me dirigí allí primero.