Lo que no veo en el bosque Ciudad de Plata, tarde del 6 de noviembre
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Ciudad de Plata, tarde del 6 de noviembre

En los sueños, Clara sigue dándome la mano para mostrarme el mundo desde lo alto. Lo que al principio me causaba temor ahora me llena de asombro.

Mentiría si dijera que no la espero. Me paso el rato tumbada, deseo que ella llegue, aunque se me hace difícil dormir.

Pese a la medicación no me siento cansada de esa manera, me duele todo el cuerpo y la intensidad de los retortijones aumenta; sin embargo, tengo la mente despierta, llena de preocupaciones e ideas inquietantes.

Me pregunto hasta qué punto es real lo que me muestra mi amiga, el verdor que avanza cubre ya algunas esferas y apaga las luces de las ciudades, cambia las voces por aullidos y llamadas, rugidos en la noche.

Recuerdo cómo la realidad de lo que hay afuera es muy distinta de lo que nos cuentan, la edulcoran y disfrazan para que creamos lo que nos dicen y cada vez me hago más preguntas…

¿De verdad existen esos viajes de ocio? ¿Quién saldría por placer ahí fuera?

Si lo pienso, no conozco a nadie que lo haya hecho, solo mensajes de desconocidos, perfiles de los que ahora dudo que no sean una campaña de marketing .

Nunca nos hablaron de las criaturas que acechan, de la escasa supervivencia fuera de las esferas, de todo lo que vi y me contó Clara. Tampoco nadie ha venido a preguntar por lo sucedido en Pico de Lobre. Me rescataron y ahí terminó la cosa.

Las noticias hablan de las lluvias, se ha activado el estado de alerta por inundaciones. Sin embargo, las salidas al exterior no se han minimizado a causa de las carreteras que deben haber quedado intransitables por las crecidas de los ríos.

Todo va bien, siempre a mejor.

Ya no sé qué creer y en los sueños el bosque roza Ciudad de Plata.