Ciudad de Plata, mañana del 6 de noviembre
—Contacto: Doctor. Llamada urgente, postoperatorio —indico al asistente de voz.
Enseguida se abre una videollamada en la pantalla principal y aparece la cara inexpresiva de un androide médico:
Especifique los síntomas —anuncia.
Somnolencia, pesadillas intensas, alucinaciones sensitivas… —La duda en mi voz se hace demasiado clara.
El androide tarda unos segundos en responder:
El diagnóstico médico de alta hospitalaria no contempla posibles efectos secundarios o anomalías.
Antecedentes depresivos, tendencia autolesiva.
Las molestias son psicosomáticas. Un dron llegará a su geolocalización con medicación ansiolítica y antidepresiva.
Busque apoyo social para crear una red segura. ¿Necesita opciones?
Pienso en Marla, la única persona cercana y real en mi vida, el resto son contactos online , exactamente a lo que se refiere la máquina que me habla.
Compartir su malestar con otros suele aumentar la puntuación —añade el androide, seguramente tras consultar mi perfil y descubrir que estoy desempleada y que mi pareja ha abandonado el hogar.
Gracias. Tengo apoyo, sé con quién hablar.
A continuación recibirá una encuesta…
Corto la llamada, desactivo las actualizaciones automáticas de mi estado para que Marla no reciba ninguna alerta; desde que regresé a la ciudad, mi vida vuelve a estar expuesta al ojo público, a disposición de todos.
Me siento en el suelo, a la espera del dron con la medicación.