Lo que no veo en el bosque Ciudad de Plata, noche del 5 de noviembre
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Ciudad de Plata, noche del 5 de noviembre

Marla ya no estaba cuando desperté. No sé si volverá porque tengo la sensación de despedida clavada bien adentro. Me han desconectado de toda la maquinaria y la doctora ha ordenado darme el alta a primera hora.

Ahora que me funciona el cuerpo doy vueltas por la pequeña habitación como un animal enjaulado. Una cama y cuatro paredes blancas. Nada de ventanas, ni siquiera un baño. Si necesito algo estoy obligada a llamar a un auxiliar y prefiero evitarlos.

He soñado de nuevo con Clara, me daba la mano y flotábamos en la inmensidad del espacio negro y sin estrellas, denso como el betún.

Desde allí arriba mirábamos hacia aquí y veía cómo la Tierra era cada vez más verde.

Las tormentas se arremolinaban en las zonas donde las luces se condensan, en los puntos en que las ciudades ciegan la noche, y un verdor terrible corría como el fuego en una cortina.

Mi amiga sonreía y su mano cálida sujetaba la mía.

Siento un vuelco en las tripas, una náusea que trepa, pero no pido ayuda, ya comeré algo cuando esté en casa.