Lo que no veo en el bosque Carretera de la montaña, mañana del 3 de noviembre
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Carretera de la montaña, mañana del 3 de noviembre

Grito, me desgañito, pero a ella le da igual, me abre por los puntos sellados de años, me revuelve las tripas sintéticas en busca de lo que prevalece, de lo que fui antes de que me cambiaran.

Quiero dejar de ser, desmayarme, borrar esta escena, pero no puedo, lo que me ha inyectado me obliga a permanecer consciente, a sentirlo todo. El dolor, ese hedor punzante que se mezcla con el de la sangre, el calor que asciende como dedos de vapor blanco en la fría mañana.

El horror asoma, los apéndices mórbidos que pensaba que eran sus fauces se abren, porque allí, al fondo, hay algo más: el rostro de una niña rubia en grito perpetuo. Abre su boca infantil y lo que hay dentro no es tal cosa, sino los dientes circulares, como de sierra, de una lamprea.

Cuando creo que me va a devorar, regurgita un moco anaranjado y apestoso, me llena el vientre de eso hasta que estoy ahíta y desbordo por los lados.

Ya no pido ayuda, no grito, solo lloro porque, si es una pesadilla, quiero despertar y no puedo, y si es real… No quiero que sea real, por favor, ¡despierta! ¡¡¡Despierta, Eloise!!!