Robleda, mañana del 1 de noviembre de 2022
Recupero el aliento. Clara me acaricia la espalda.
Tranquila, respira, respira —susurra.
Los sonidos del bosque regresan. Escucho el viento entre las hojas, los trinos de los pájaros y mi propio corazón, desbocado.
Lo siento, no sabía que te pondrías así —dice mi amiga.
Alzo la vista hacia los troncos que siguen y siguen, devorados por las sombras. Un color se mueve veloz en la oscuridad, el violeta de una chaquetilla rasgada. ¿Es la niña? ¡Sigue viva!
Y me lanzo a la carrera con Clara gritando que me detenga.