Lo que no se ve Capítulo III
84%

Capítulo III

III

Hoy me cuesta concentrarme. Me siento mal en todas partes. Lo único que me ayuda a dejar de pensar es pintar durante horas. Volcar todo el dolor en un lienzo me ayuda a vaciarme, es sanador.

Mi primer impulso es escribir a Clara. Empecé terapia con ella cuando la ansiedad se volvió insoportable.

Trabajamos mis inseguridades, como si el problema fuera solo mío.

Yo misma lo creía, pero ahora entiendo que su forma de encarar la terapia reforzaba esa idea y me hundió aún más en una relación que me estaba destrozando.

Clara también trataba a Yago, tenía una visión panorámica de nuestra relación.

Y, aun así, nunca puso nombre a lo que estaba pasando.

Nunca habló de abuso ni de límites traspasados.

Solo se centró en mí y me dejó sola frente a algo que me devoraba.

Eso reforzó la idea de que la responsabilidad era mía.

Justo lo que yo ya hacía: culparme. Y esa idea fue la que me empujó, sin freno, hacia el maltrato.

Siempre pensé que, si yo sanaba, la relación mejoraría.

Me creí aquella idea —tan seductora como peligrosa— de que todo es un reflejo, de que atraes lo que eres y, en definitiva, de que lo malo que te ocurre es porque algo estás haciendo mal.

Pero ahora lo veo con nitidez: esa creencia me dejó completamente indefensa frente al abuso.

Porque, en lugar de ver dónde estaba metida, me volqué en mí, en mejorar, en sanar.

En lugar de salir corriendo, me esforcé por entender.

Me culpé, me ajusté, me borré, pero la responsabilidad ajena no se sana con tu propio sacrificio.

La filosofía new age , en la que una vez creí a pies juntillas, no es una verdad absoluta, y Yago la usó una y mil veces para manipularme.

Lo cierto es que nunca nada dependió de mí.

El problema nunca fui yo, como me hicieron creer; el problema fue la mentira en la que me hizo vivir.

Y la causa de mi sufrimiento no fue mi herida, sino la que él me provocó.

¿Cómo no iba a sentirme insegura y ansiosa al lado de alguien así? ¿Cómo puede ser que ella, siendo terapeuta, no lo viera?

Decido grabar un audio para Clara y contárselo todo. Necesito que lo sepa. Le hablo con la voz entrecortada, todavía en shock por lo que he descubierto, esperando que su reacción me aporte luz o contención.

Su respuesta llega horas después.

Gracias por compartir, Catalina. Espero que estés bien

«Bien» no es la palabra, pero al menos he podido tener claridad sobre lo que de verdad estaba pasando

Ahora es momento de ponerte completamente en tu lugar y enfocarte en ti. Cada uno crea su karma, el Universo se encargará

Sus palabras me destruyen un poco más. «Gracias por compartir. El karma se encargará». Me quedo mirando la pantalla, incapaz de responder.

Y entonces, de golpe, lo veo todo.

Recuerdo la sesión en la que le conté lo del silencio y ella me preguntó por mi parte de responsabilidad en el asunto.

Recuerdo cuando le dije que me sentía pequeña después de sus comentarios y ella me habló de mi niña interior, de cómo yo «atraía» esa dinámica.

Recuerdo cuando lloré en el sofá azul diciéndole que no entendía por qué me sentía tan ansiosa a su lado, y ella me dijo que trabajáramos mi herida de abandono.

Siempre yo. Siempre mi herida, mi patrón, mi parte.

Clara trató a Yago durante meses en paralelo. Gozaba de una perspectiva que yo no tenía, y nunca, ni una sola vez, dijo «esto que describes es una conducta abusiva». Nunca nombró lo que estaba pasando. Solo me devolvió la responsabilidad, sesión tras sesión, hasta que la asumí como propia.

No sé si Clara no lo vio o no quiso verlo. En cualquier caso, el resultado fue el mismo: me dejó sola frente a algo que me devoraba, convencida de que el problema era mío. Ahora también me siento estafada por ella.

Vuelve la sensación de que algo no encaja, algo no está bien. Y, esta vez, no soy yo.